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“La diversidad religiosa, étnica y cultural es un recurso, no un obstáculo”

Rafael Miner·5 de marzo de 2021·Tiempo de lectura: 5 minutos

El Papa Francisco ya está en suelo iraquí. “Vengo como penitente que pide perdón al Cielo y a los hermanos por tantas destrucciones y crueldad. Vengo como peregrino de paz, en nombre de Cristo, Príncipe de la Paz”, diría al poco de llegar ante las autoridades del país.

Su avión aterrizó en el aeropuerto internacional de Bagdad a las 14.00 h. (hora de Irak), con lo que daba comienzo así a su 33 viaje apostólico internacional. En Bagdad, una larga alfombra roja y unas trompetas al fondo con El himno a la alegría, saludaban al Santo Padre. Una canción en sintonía con el lema del viaje: “Todos vosotros sois hermanos” (Mt 23,8). 

El primer ministro del país, Mustafá Al-Kadhimi, a los pies de la escalerilla del avión de Alitalia. recibió al Papa, y juntos se trasladaron a la sala VIP del aeropuerto donde tuvo lugar un encuentro privado y la foto oficial. El Papa regaló al primer ministro un tríptico, una medalla del viaje en plata y una edición especial de su Encíclica Fratelli tutti.

En el vuelo, el Papa había recordado con afecto a la mexicana Valentina Alazraki, decana de los vuelos con el Santo Padre, que no está en este viaje, y cuyo testigo ha recogido esta vez el norteamericano Philip Pulella. Antes de salir, Francisco pasó unos momentos con una docena de refugiados iraquíes, acogidos por la comunidad de Sant’Egidio y la cooperativa Auxilium, acompañados por el Limosnero Apostólico, cardenal Konrad Krajewski.

Fueron cuatro horas y media de vuelo, en los que se sobrevoló Grecia, Chipre, Palestina, Israel, Jordania y por último, parte de Iraq, hasta su llegada al aeropuerto de Bagdad. Como es tradición, el Pontífice envió telegramas a las autoridades de cada uno de los países sobrevolados. A bordo del avión, una imagen muy especial acompañó al Santo Padre durante el viaje: la Virgen de Loreto. “Este es un viaje emblemático”, dijo Francisco a los periodistas.“También es un deber para con una tierra atormentada por muchos años. Gracias por acompañarme”.

El presidente iraquí

Tras su llegada a Bagdad, el Papa Francisco se dirigió al Palacio Presidencial, donde tuvo lugar la ceremonia oficial de bienvenida. El presidente de la República de Irak, Barham Ahmed Salih Qassim, recordó que “nuestro mundo vive hoy desafortunadamente un tiempo de contraposiciones y en Oriente estamos perdiendo la aptitud al pluralismo”. “Este camino incita al terrorismo y a cometer atrocidades con pretextos que nada tienen que ver con el mensaje divino y esto es lo que amenaza nuestro futuroEs indispensable combatir las ideologías extremistas y arrancar las raíces del terrorismo”, añadía el presidente de la República, según cope.es

Derecho y protección a las comunidades religiosas

En su discurso a las autoridades, sociedad civil y cuerpo diplomático, el primero en suelo iraquí, el Papa aludió al proceso de reconstrucción del país, en un sentido moral de modo especial. 

“Sólo si logramos mirarnos entre nosotros, con nuestras diferencias, como miembros de la misma familia humana, podremos comenzar un proceso efectivo de reconstrucción y dejar a las generaciones futuras un mundo mejor, más justo y más humano”, manifestó el Papa. “A este respecto, la diversidad religiosa, cultural y étnica que ha caracterizado a la sociedad iraquí por milenios, es un recurso valioso para aprovechar, no un obstáculo a eliminar”, subrayó.

“Hoy, Irak está llamado a mostrar a todos, especialmente en Oriente Medio, que las diferencias, más que dar lugar a conflictos, deben cooperar armónicamente en la vida civil”, prosiguió el Papa en esta línea. “La coexistencia fraterna necesita del diálogo paciente y sincero, salvaguardado por la justicia y el respeto del derecho. No es una tarea fácil: requiere esfuerzo y compromiso por parte de todos para superar rivalidades y contraposiciones, y dialogar a partir de la identidad más profunda que tenemos, la de hijos del único Dios y Creador”.

En base a este principio, “la Santa Sede, en Irak como en todas partes, no se cansa de acudir a las Autoridades competentes para que concedan a todas las comunidades religiosas reconocimiento, respeto, derechos y protección. Aprecio los esfuerzos que ya se han realizado en esta dirección y uno mi voz a la de los hombres y mujeres de buena voluntad para que avancen en beneficio del país”.

El Papa rechazó el terrorismo, basado en ideas fundamentalistas, y recordó a la perseguida minoría yazidí. “En las últimas décadas, Irak ha sufrido los desastres de las guerras, el flagelo del terrorismo y conflictos sectarios basados a menudo en un fundamentalismo que no puede aceptar la pacífica convivencia de varios grupos étnicos y religiosos, de ideas y culturas diversas. Todo esto ha traído muerte, destrucción, ruinas todavía visibles, y no sólo a nivel material: los daños son aún más profundos si se piensa en las heridas del corazón de muchas personas y comunidades, que necesitarán años para sanar”. 

“Y aquí”, añadió, “entre tantos que han sufrido, no puedo dejar de recordar a los yazidíes, víctimas inocentes de una barbarie insensata y deshumana, perseguidos y asesinados a causa de sus creencias religiosas, cuya propia identidad y supervivencia se han puesto en peligro”.

“San Juan Pablo II ofreció oraciones y sufrimientos”

Hubo un momento de su discurso en el que el Papa pareció abrir más su corazón, y concretó varios llamamientos. En un momento dado, reveló: “¡Cuánto hemos rezado en estos años por la paz en Irak! San Juan Pablo II no escatimó iniciativas, y sobre todo ofreció oraciones y sufrimientos por esto. Y Dios escucha, escucha siempre. Depende de nosotros que lo escuchemos a Él y caminemos por sus sendas”.

La numeración de las expresiones que se citan a continuación no se encuentra en el discurso del PapaFrancisco, pero puede servir de orientación. Son pautas para trabajar por la paz, según sus palabras en el Palacio Presidencial iraquí: 

Primero. “Que callen las armas, que se evite su proliferación, aquí y en todas partes”.

Segundo. “Que cesen los intereses particulares, esos intereses externos que son indiferentes a la población local”.

Tercero. “Que se dé voz a los constructores, a los artesanos de la paz, a los pequeños, a los pobres, a la gente sencilla, que quiere vivir, trabajar y rezar en paz”.

Cuarto. “No más violencia, extremismos, facciones, intolerancias; que se dé espacio a todos los ciudadanos que quieren construir juntos este país, desde el diálogo, desde la discusión franca y sincera, constructiva; a quienes se comprometen por la reconciliación y están dispuestos a dejar de lado, por el bien común, los propios intereses”.

Quinto. “En estos años, Irak ha tratado de poner las bases para una sociedad democrática. A este respecto, es indispensable asegurar la participación de todos los grupos políticos, sociales y religiosos, y garantizar los derechos fundamentales de todos los ciudadanos. Que ninguno sea considerado ciudadano de segunda clase. Aliento los pasos que se han dado hasta el momento en este proceso y espero que consoliden la serenidad y la concordia”.

“Unidad fraterna”

En sus primeros discursos en Irak, el Papa Francisco ha empleado el término “unidad fraterna” en varias ocasiones. Así se expresó ante las autoridades, representantes de la sociedad civil y cuerpo diplomático, al recordar a los más vulnerables, y a quienes han sido víctimas de la persecución y del terrorismo. Son ideas que muy probablemente ampliará el Papa en el acto de Mosul el domingo.

“Una sociedad que lleva la impronta de la unidad fraterna es una sociedad cuyos miembros viven entre ellos solidariamente. ‘La solidaridad nos ayuda a ver al otro […] como nuestro prójimo, compañero de camino’. Es una virtud que nos lleva a realizar gestos concretos de cuidado y de servicio, con particular atención a los más vulnerables y necesitados. Pienso en quienes, a causa de la violencia, de la persecución y del terrorismo han perdido familiares y seres queridos, casa y bienes esenciales”.

“De una crisis se sale mejores o peores”

“Pero también pienso”, señaló Francisco, “en toda la gente que lucha cada día buscando seguridad y medios para seguir adelante, mientras que aumenta la desocupación y la pobreza. El ‘sabernos responsables de la fragilidad de los demás’ (Carta enc. Fratelli tutti, 115) debería inspirar todo esfuerzo por crear oportunidades concretas tanto en el ámbito económico y en el ámbito de la educación, como también en el cuidado de la creación, nuestra casa común”.

Y su concreción fue ésta: “Después de una crisis no basta reconstruir, es necesario hacerlo bien, de modo que todos puedan tener una vida digna. De una crisis no se sale iguales que antes: se sale mejores o peores. Como responsables políticos y diplomáticos, ustedes están llamados a promover este espíritu de solidaridad fraterna. Es necesario combatir la plaga de la corrupción, los abusos de poder y la ilegalidad, pero no es suficiente. Se necesita al mismo tiempo edificar la justicia, que crezca la honestidad y la transparencia”.

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