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El arzobispo de Zaragoza, el cardenal You Heung-sik y el prelado del Opus Dei conmemoran los 100 años de sacerdocio de san Josemaría

Para celebrar el centenario de la ordenación sacerdotal de san Josemaría se han organizado unas jornadas sobre el sacerdocio en Zaragoza.

Javier García Herrería·27 de marzo de 2025·Tiempo de lectura: 5 minutos
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De izquierda a derecha: el historiador González Gullón, el arzobispo de Zaragoza, el prefecto del Dicasterio del Clero y el prelado del Opus Dei

El 28 de marzo de 2025, se cumplen 100 años de la ordenación sacerdotal de san Josemaría Escrivá. Fue seminarista de la diócesis de Zaragoza durante cinco años y luego sacerdote diocesano en los primeros años de su ministerio.

Para celebrar este aniversario la Biblioteca Sacerdotal Alacet, la Fundación CARF y Omnes han organizado en la ciudad del Ebro unas jornadas conmemorativas, que han sido inaugurados por el arzobispo de Zaragoza, mons. Carlos Escribano.

Contexto histórico

A continuación el historiador José Luis González Gullón ha repasado los principales acontecimientos biográficos de san Josemaría en el descubrimiento de su vocación y sus años de seminario. En su intervención ha mostrado muchas imágenes de san Josemaría pertenecientes al archivo fotográfico de la Prelatura y que todavía no han visto la luz, entre ellas una muy simpática del retrato de primera comunión de san Josemaría o una fotografía de sus padres.

Entre los detalles menos conocidos de la vida del fundador del Opus Dei que ha compartido, ha hecho referencia al momento en el que san Josemaría se planteó, por primera vez, la voluntad de Dios después de ver las huellas de unos pies descalzos en la nieve en Logroño, pertenecientes a unos carmelitas descalzos. Es sabido que, a raíz de aquel suceso, comenzó a tener dirección espiritual con un padre carmelita, quien, a los pocos meses, le planteó la vocación a ese instituto religioso. San Josemaría lo meditó seriamente, hasta el punto de que llegó a pensar que si entraba en la orden, su nombre sería “Amador de Jesús Sacramentado”.

Conferencia del cardenal You Heung-sik

Por su parte el prefecto de la Congregación del Clero, el cardenal You Heung-sik, ha pronunciado una conferencia sobre la santidad y misión de los sacerdotes. Ha comenzado pidiendo oraciones por el Santo Padre y ha compartido con los asistentes que había informado al secretario del Pontífice de su participación en el acto y transmitió la bendición del Papa. 

En una ponencia marcada por el buen humor y la espontaneidad, el cardenal You Heung-sik ha reflexionado sobre la santidad y la misión de los sacerdotes desde la enseñanza de la Iglesia y en el ejemplo del fundador del Opus Dei, destacando la inseparable relación entre la vocación sacerdotal y la entrega total a Dios y al prójimo.

También ha resaltado que el sacerdocio no es solo una función, sino una identificación con Cristo, Sumo Sacerdote, quien se ofreció plenamente para la salvación del mundo. Siguiendo este modelo, los sacerdotes están llamados a vivir en santidad a través de su misión pastoral, sirviendo a la comunidad con humildad y entrega. Citando a san Josemaría, recordó que “el sacerdote es siempre otro Cristo” y que su vida debe estar conformada al misterio de la cruz.

El cardenal concluyó su intervención con un llamado a los sacerdotes a renovar su compromiso con Dios y con los fieles, recordando que la Eucaristía es el centro de su misión. Siguiendo el ejemplo de san Josemaría, quien celebró su primera Misa en la Basílica del Pilar, se enfatizó que la santidad y la misión deben ir siempre de la mano, reflejando el amor misericordioso de Dios y la alegría del Evangelio en el servicio sacerdotal.

Intervención de Fernando Ocáriz

En la última conferencia de la mañana, Fernando Ocáriz abordó el tema de la Eucaristía y el sacerdocio, destacando algunas enseñanzas de san Josemaría, quien afirmaba que la Misa es el «centro y raíz» de la vida cristiana. Desde esta perspectiva, explicó cómo el sacerdote, al celebrar los sacramentos, en especial la Eucaristía, actúa como mediador de los dones divinos. Ocáriz profundizó en la importancia del papel sacerdotal en esta celebración, subrayando la necesidad de oficiar la Misa con serenidad y recogimiento.

El prelado del Opus Dei ha coincidido con el cardenal You Heung-sik al subrayar dos aspectos especialmente relevantes de la vida sacerdotal. Por un lado, la particularidad de la vocación sacerdotal consiste en la identificación con Cristo, que le permite actuar en su nombre y continuar su misión. Por otro, la vida sacerdotal debe estar guiada por la caridad pastoral y un profundo espíritu de servicio, fundamentales que en su compromiso con las ovejas que pastorean.

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De izquierda a derecha: el vicario de Zaragoza, Esteban Aranaz, Jorge Salas y Antonio Cobo.

En China, la Alpujarra y Estocolmo

Si alguien pensaba que una mesa redonda sobre sacerdotes iba a ser solemne y seria, se equivocó de lleno. “El corazón universal del sacerdote: de Oriente a Occidente pasando por el mundo rural” fue un encuentro lleno de carcajadas, historias sorprendentes y una profunda visión de la vocación sacerdotal en los lugares más diversos del planeta.

Los protagonistas de esta conversación fueron tres sacerdotes del Opus Dei con vidas tan distintas como inspiradoras: Esteban Aranaz, misionero en China y originario de la diócesis de Tarazona; Jorge de Salas, sacerdote numerario en Suecia y vicario judicial en Estocolmo; y Antonio Cobo, sacerdote diocesano que vive su misión en la Alpujarra almeriense.

Esteban Aranaz contó cómo su aventura en China comenzó con una simple conversación en su parroquia aragonesa: “Hablé con un chino pagano y, tras ese momento, mi corazón deseó ir a misionar en China”. Así de sencillo y así de impactante. Con humor y gratitud, recordó cómo su diócesis le permitió marcharse a Taiwán y China como misionero. También agradeció el apoyo del Opus Dei, destacando el espíritu de san Josemaría de cuidar a todos los sacerdotes, sean o no de la Obra.

Jorge de Salas llegó a Suecia en 1985, cuando –según él mismo bromea– todavía tenía pelo. El obispo de Estocolmo había pedido un canonista, y allí fue él, dispuesto a servir en un país frío e bastante individualista. Hoy es un sacerdote que trata de acompañar a los 160 sacerdotes del país, siendo uno más entre ellos. “Aquí el trabajo es diferente, pero la esencia del sacerdocio es la misma: estar para los demás”, explicó.

Antonio Cobo se encontró con un destino inesperado cuando pidió un año sabático a su obispo y este lo envió a siete pueblos en la Alpujarra. “Me lo vendió como algo muy tranquilo”, dijo entre risas. Este año tiene solo dos niños de primera comunión y su labor en el mundo rural no da para formar grupos parroquiales de ningún tipo, es la llamada “España vaciada”. Asegura que nunca ha sido más feliz como sacerdote porque “puede tratar a la gente de uno en uno, y eso es un regalo”, confesó. También agradeció a la Fundación CARF por haberle ayudado a financiar sus estudios sacerdotales.

Más allá de las risas y las anécdotas, la mesa redonda dejó un mensaje claro: el corazón del sacerdote no entiende de fronteras. Ya sea en una megaciudad china, en los fríos paisajes suecos o en un rincón remoto de la Alpujarra, la vocación sacerdotal es universal y está al servicio de todos. Y, además, se puede vivir con sentido del humor.

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