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Francisco exhorta en el santuario de Ta’ Pinu a «redescubrir lo esencial: Jesús»

El Santo Padre exhortó ayer en el santuario mariano de Ta’ Pinu, en la isla maltesa de Gozo, a renovar nuestra fe dejándonos guiar por la Virgen María y volviendo a la esencia del cristianismo: “El amor de Dios que nos hace evangelizar al mundo con alegría; y la acogida del prójimo”, “la relación con Jesús y el anuncio de su Evangelio”.

Rafael Miner·3 de abril de 2022·Tiempo de lectura: 4 minutos
papa santuario malta
Foto: El Papa Francisco dirige el encuentro de oración en el Santuario Nacional de Ta' Pinu en Gozo, Malta, el 2 de abril de 2022. ©2022 CNS.

En la tarde de ayer, primera jornada del viaje apostólico del Papa a Malta, tuvo lugar un emotivo encuentro de oración con miles de personas en el santuario mariano de Ta’ Pinu, en la isla de Gozo, lugar de gran piedad para los malteses, visitado por san Juan Pablo II y luego por Benedicto XVI. Lo recordó el Santo Padre cuando comentó: “Aquí también llegó como peregrino san Juan Pablo II, del que hoy recordamos el aniversario de su muerte”.

Siguiendo los pasos de sus predecesores, Francisco visitó la capilla del santuario y rezó las tres Avemarías ante la imagen de la Virgen, entregándole como obsequio una rosa de oro, regalo de los Papas para expresar reverencia a la Madre de Dios, informó Vatican news. 

Tras escuchar el testimonio de fe de varias personas, el Papa pronunció su homilía en torno al pasaje del Evangelio según san Mateo que relata el momento en el que la Virgen María y el discípulo Juan acompañan a Jesús en la cruz en medio de un panorama desolador en el que parece que “todo acabó para siempre”.

Con Jesús en la cruz

“La Madre que ha dado a luz al Hijo de Dios está afligida por su muerte, mientras las tinieblas cubren el mundo. El discípulo amado, que había dejado todo para seguirlo, ahora está inmóvil a los pies del Maestro crucificado. Parece que todo está perdido”, señaló el Papa, al subrayar el hondo significado de las palabras de Jesús: “¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?”.

“Esta es también nuestra oración en los momentos de la vida marcados por el sufrimiento»,señaló el Santo Padre recordando que se trata de la misma oración que “cada día sube a Dios” desde el corazón de la humanidad. El Pontífice destacó en ese momento que la hora de Jesús —que en el Evangelio de san Juan es la hora de la muerte en la cruz— no representa la conclusión de la historia, sino que señala el comienzo de una vida nueva”.

“Junto a la cruz, en efecto, contemplamos el amor misericordioso de Cristo, que extiende hacia nosotros sus brazos abiertos de par en par y, a través de su muerte, nos abre a la alegría de la vida eterna”. Por ello, el Papa invitó a los fieles a meditar juntos desde el santuario de Ta’ Pinu sobre “el nuevo inicio que brota de la hora de Jesús”, y que “cada uno puede trasladar a su propia historia, observando los momentos personales de dolor en los que han aparecido la fe y la esperanza, a pesar de que pareciera que todo estaba perdido”.

“Volver a los orígenes”

Francisco animó de este modo a intentar comprender la invitación que nos propone la hora de Jesús: “Esa hora de la salvación para nosotros, nos dice que para renovar nuestra fe y la misión de la comunidad, estamos llamados a volver a ese inicio, a la Iglesia naciente que vemos en María y Juan al pie de la cruz”.

¿Y qué significa volver al inicio? ¿Qué significa volver a los orígenes? Para el Santo Padre, lo esencial de la fe es la relación con Jesús: “Se trata de redescubrir lo esencial de la fe”, es decir, “volver a la Iglesia de los orígenes no significa mirar hacia atrás para copiar el modelo eclesial de la primera comunidad cristiana, sino más bien, recuperar el espíritu de la primera comunidad cristiana, volver al corazón y redescubrir el centro de la fe: la relación con Jesús y el anuncio de su Evangelio al mundo entero”.

“El encuentro personal con Cristo”

A continuación, el Papa señaló que “la vida de la Iglesia no es solamente una historia pasada que hay que recordar”, sino “un gran futuro que hay que construir”, siendo “dóciles a los proyectos de Dios”.

“No nos puede bastar una fe hecha de costumbres transmitidas, de celebraciones solemnes, de hermosas reuniones populares y de momentos fuertes y emocionantes; necesitamos una fe que se funda y se renueva en el encuentro personal con Cristo, en la escucha cotidiana de su Palabra, en la participación activa en la vida de la Iglesia, en el espíritu de la piedad popular”, añadió el Santo Padre.

Francisco es consciente de “la crisis de la fe, la apatía de la práctica creyente sobre todo en la pospandemia y la indiferencia de tantos jóvenes respecto a la presencia de Dios”. “No son cuestiones que debamos ‘endulzar’, pensando que al fin y al cabo un cierto espíritu religioso todavía resiste”. “Es necesario vigilar para que las prácticas religiosas no se reduzcan a la repetición de un repertorio del pasado, sino que expresen una fe viva, abierta, que difunda la alegría del Evangelio”.

En este sentido, el Papa Francisco agradeció a los malteses el “proceso de renovación iniciado, a través del Sínodo”. “Esta es la hora para volver a ese comienzo, al pie de la cruz, mirando a la primera comunidad cristiana. Para ser una Iglesia a la que le importa la amistad con Jesús y el anuncio de su Evangelio, no la búsqueda de espacios y atenciones; una Iglesia que pone en el centro el testimonio, y no ciertas prácticas religiosas; una Iglesia que desea ir al encuentro de todos con la lámpara encendida del Evangelio y no ser un círculo cerrado”.

“Malta y Gozo: sois dos hermosas comunidades, precisamente como dos eran María y Juan. Que las palabras de Jesús en la cruz sean entonces vuestra estrella polar, para acogerse mutuamente, crear familiaridad y trabajar en comunión. ¡Adelante, siempre juntos!”, alentó el Papa.

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