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Fidel Sebastián: “El autor de ‘Camino’ es un clásico español, y además popular”

El libro “Camino” es la cuarta obra más traducida de la lengua castellana, según el Instituto Cervantes. Fue publicado en 1934 por san Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei, y estos días se presenta una nueva edición crítica, a cargo del filólogo Fidel Sebastián, quien declara a Omnes que “Camino es un clásico español, y, además, un clásico popular, cuyos dichos son repetidos, como vimos en siglos pasados con Quevedo o santa Teresa de Jesús”.

Francisco Otamendi·16 de septiembre de 2023·Tiempo de lectura: 4 minutos

Fidel Sebastián

Por iniciativa del Instituto Histórico San Josemaría Escrivá (ISJE), la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (PUSC) ha presentado en Roma la nueva edición crítica del libro Camino, de san Josemaría Escrivá, cuyo autor es el filólogo Fidel Sebastián Mediavilla, especialista en el siglo de Oro español, y que ha sido editado por el Centro para la Edición de Clásicos Españoles, que dirige el académico Francisco Rico.

En la presentación han participado, además del autor de esta edición, el historiador Luis Cano, y los profesores Vicente Bosch y Rafael Jiménez. Camino es fruto de la labor sacerdotal que san Josemaría Escrivá inició en 1925, y se publicó por primera vez en 1934 en Cuenca (España), con el título de Consideraciones espirituales.

El Instituto Cervantes señaló recientemente en el Mapa Mundial de la Traducción que Camino es la cuarta obra más traducida de la literatura castellana, y san Josemaría Escrivá, el decimoquinto autor más traducido a lenguas distintas del castellano. En la entrevista con Omnes, preguntamos en primer lugar al filólogo Fidel Sebastián por su trabajo como editor. 

¿En qué ha consistido de modo especial su tarea de editor de este conocido libro de san Josemaría Escrivá?

–Se trata de una edición crítica, con lo que eso conlleva: hacer una colación de variantes que han ido surgiendo (voluntaria o involuntariamente) en el curso de las ediciones publicadas desde 1939, para fijar el texto con las lecturas más justificadas, según se recoge en el aparato crítico que publicamos como una sección aparte. 

Después de fijar el texto, se hacía preciso anotar cada uno de los puntos de que se compone el libro. A veces se trata de una palabra cuyo sentido o intención precisa una aclaración a fin de mostrar la coincidencia con los modos de escribir que usaban los escritores de su entorno cronológico y cultural. A veces es preciso esclarecer la situación o la identidad de los personajes que intervenían en las anécdotas o sucesos que allí relata el autor. 

En una palabra, había que facilitar al lector, mediante una anotación suficiente, los detalles escondidos, los porqués de una sentencia, o la fuente literaria que había dejado huella en la memoria del escritor.

Ud. es filólogo, especialista en el Siglo de Oro español, ¿puede considerarse al autor de Camino entre los escritores clásicos españoles del siglo XX?

–Sin ninguna duda, considero que el autor de Camino es un clásico español; por tanto, un autor consagrado por la fidelidad de un público que le ha leído y, sobre todo, releído con gusto durante noventa años; un autor que puede afrontar con esperanza el juicio de la crítica literaria en adelante. Escrivá es, además, un clásico popular, cuyos dichos son repetidos lo mismo por la costurera que por el profesor: “Como decía san Josemaría…”, dicen, aunque luego lo citen (suele suceder) “aproximadamente”, sin la gracia castiza del autor. Esto mismo lo hemos visto en siglos pasados con Quevedo o con santa Teresa de Jesús.

En el aparato crítico de esta edición, recoge las variantes que se han producido en anteriores ediciones. ¿Puede explicarlo un poco? 

–Cuando murió el autor (1975), se habían publicado 28 ediciones de Camino en español. Circunstancias históricas y culturales que habían cambiado con el paso de los años, aconsejaban modificar algunos puntos evitando alusiones que pudieran sonar ofensivas para algún grupo de personas, sorteando el lenguaje bélico de las cartas de sus jóvenes corresponsales, o adaptando el texto de algunas partes del rezo de la misa que habían cambiado tras el Concilio Vaticano II. 

Otras variantes, de puntuación mayormente, pero no solo, sino de una palabra por otra, se habían introducido de manera inopinada, pero de forma y por causas bien conocidas por los tratados de crítica textual ya en las copias manuscritas. De éstas, he topado con una harto interesante, que había pasado inadvertida desde la 3ª edición (1945), y que no revelo aquí para permitir que el lector de esta edición disfrute descubriéndola en el punto 998, penúltimo de la obra, y de la  que se informa en la nota correspondiente y remisión al aparato crítico.

La anotación de los 999 puntos de Camino ha debido de ser una tarea de alcance, que ayuda a contextualizar cada punto. ¿Es así?

–El lector habitual de Camino, que lo ha utilizado frecuentemente para hacer oración, podrá disfrutar conociendo los entresijos de una anécdota, el autor de una carta que se cita, las circunstancias en que se escribía tal o tal otro punto. A otros le gustará comprobar la conexión del espíritu que transmite san Josemaría con lo mejor de la tradición patrística y de los místicos castellanos. A los filólogos, en particular, la oportunidad del léxico y estilo de escribir. 

Sus giros, se puede decir, son los giros que usa un Galdós o el autor de La Regenta. No se quiere decir que los hubiera leído a todos ellos con asiduidad, si bien fue siempre un ávido y constante lector y catador de los mejores clásicos. Lo que se quiere decir, y señalar, es que, para hablar de las cosas más altas, no usaba un lenguaje eclesiástico, por así decir, sino laical, adecuado a su mensaje espiritual que consistía, principalmente, en instar a los hombres a buscar la santidad a través de lo ordinario convirtiendo el trabajo y las demás ocupaciones diarias en sacrificio agradable a Dios.

Finalmente, ¿en qué se ha fijado más en la Introducción?

–En la introducción he seguido el mismo esquema que he aplicado a los estudios complementarios a la edición del Libro de la vida de santa Teresa o a la Introducción del símbolo de la fe de fray Luis de Granada para la colección Biblioteca Clásica de la Real Academia Española. Esto es, un estudio, a partir de cuanto se ha escrito hasta ahora acerca de la vida del autor, así como de sus escritos. 

En cuanto a Camino en particular, la novedad de su mensaje, su estilo y fuentes, la historia de la confección del texto, y un capítulo especialmente grato para mí (pues me he dedicado durante años a esa materia), la ortografía y puntuación en Camino, donde se reservan al lector insospechadas manifestaciones del carácter innovador, dentro de la tradición, del escritor, del hombre, y del fundador.

El autorFrancisco Otamendi

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