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Fátima prepara el centenario de las apariciones con oración, penitencia y conversión

La Iglesia en Portugal se prepara para celebrar, dentro de un año, las apariciones de la Virgen en Fátima. ¿Qué significa el mensaje de Fátima para el cristiano de hoy?

Ricardo Cardoso·13 de mayo de 2016·Tiempo de lectura: 5 minutos

La sucesión de los tiempos nos acerca al centenario de las apariciones de la Santísima Virgen María en Fátima. Preparar la celebración de un centenario no es tarea fácil, pero más difícil es conocer, entender, acreditar y vivir los acontecimientos determinantes que hacen de Fátima el altar del mundo, como decía san Juan Pablo II. El centenario se reviste de un significado más profundo, pues no se trata de celebrar el tiempo pasado o la historicidad, sino de redescubrir los designios que la eternidad de Dios desea para la temporalidad del hombre.

La experiencia de Fátima

Estamos acostumbrados a mirar a Fátima partiendo de realidades fraccionadas, parciales o estancas. Para unos se acentuarán las dimensiones histórica y sociológica, reconociendo la pluralidad y la numerosa proveniencia de miles de personas que, en el último siglo, llegan frecuentemente a Fátima. Para otros, la sociología se especializa en datos de asistencia a Misas, confesiones, peregrinaciones y otras actividades con cariz religioso. En el ámbito de la fe, hay quien mira sin dar crédito a este “fenómeno religioso”; otros se distancian al no aceptar las múltiples formas de manifestaciones de piedad popular o de la sencillez con que muchos peregrinos saben manifestar su amor más sincero y natural a la Santísima Virgen. Otro grupo, no menos reducido, resume la experiencia de Fátima a la práctica de piadosos actos y de una religiosidad masificada, pero olvidándose de que Fátima no está fuera del dinamismo teológico y, por consiguiente, del plan salvífico de Dios para la humanidad y para la vida concreta de cada hombre y mujer de todos los tiempos.

Concretando lo que se está diciendo, se torna claro y evidente que el centenario de las apariciones de la Virgen en Fátima tiene que ser analizado de un punto de vista amplio, total y transversal. O sea, en rigor hay que clarificar que las apariciones de Fátima son una verdadera y profunda lección de Teología, donde el encuentro de Dios con el hombre sigue siendo una necesidad de manifestación de su Amor y de su Misericordia, creando condiciones para que el hombre acoja la salvación ya operada en Cristo. Siendo así, las apariciones de Fátima son una garantía y una invitación a vivir más plenamente el don de la fe en circunstancias concretas, en dinamismos concretos y en vidas concretas.

El contexto histórico

Las llamadas “apariciones privadas” no pueden ser comprendidas simplemente como respuestas a los problemas humanos. Es necesario entenderlas como apelación de Dios en el decurso de los tiempos para que la radicalidad del Evangelio y el anuncio de la Buena Nueva no se queden ahogados por las circunstancias en que están inseridas. Así se puede entender el planteamiento del contexto histórico de las apariciones de Fátima. 

Los pastorcitos nacen en el inicio del siglo XX, durante los últimos años de la monarquía portuguesa. La república se implanta agresivamente en Portugal por una élite revolucionaria, armada y anticlerical que pretende cambiar el tejido socio-cultural de la nación portuguesa. Las primeras leyes republicanas desamortizan todos los bienes de la Iglesia, se persigue al clero, se extinguen las órdenes y hermandades religiosas que habían sobrevivido al liberalismo y se prohíben los actos públicos religiosos. Por otro lado, Europa se había convertido en un campo de batalla; el mundo se peleaba en la primera guerra mundial y la Rusia de los zares daba lugar a la revolución bolchevique.

Delante de lo que la Virgen identifica como “los males del mundo”, el mensaje de Fátima llega como respuesta de Dios a los riesgos que amenazaban con colapsar la Humanidad. Al mismo tiempo, es importante detenernos en algunas de las características de los receptores del mensaje (los tres niños): pertenecían a familias pobres, y eran inocentes, verdaderos y piadosos. Ante las apariciones revelarán asombro, confianza, curiosidad, alguna ignorancia cultural y, en el momento en que las autoridades republicanas los llevan presos y los amenazan, permanecen fieles a la verdad de la que eran testigos.

¿Qué es Fátima?

Sería más fácil decir lo que Fátima ya no es desde el 13 de mayo de 1917. En esa fecha dejó de ser un pueblo aislado de todo el mundo y habitado por gente buena y sencilla. Con las apariciones de la Santísima Virgen todo cambió: Fátima se quedó como referencia en la mirada de creyentes y no creyentes.

Fátima es uno de los mejores lugares de encuentro de la gente y de la gente con Dios. Anteriormente se decía que el mensaje de Fátima era una lección de profunda Teología del encuentro de Dios con el hombre y, en consecuencia, el santuario de Fátima manifiesta ese encuentro con la pluralidad de personas y de sensibilidades que allí llegan. Así, el santuario de Fátima se convirtió en un Atrium donde se mueven las miles de personas impulsadas por las más distintas motivaciones o intenciones. 

El santuario de Fátima no solo se experimenta en la variedad social, espacial, arquitectónica y cultural. También es un verdadero pulmón de espiritualidad. Allí se mezclan católicos de todas las naciones, pruebas de amor de todos los géneros posibles, sensibilidades de todo el tipo con el principio y el fin de sus miradas en la Virgen María. Aunque no sea muy conocido el mensaje de Fátima, que mucho nos clarificaría la razón, hay que entender bien que los miles de peregrinos que llegan a Fátima son llevados por el corazón, en un encuentro de corazón a Corazón. La certeza de la presencia de la Madre de Dios en ese lugar es lo que la gente busca, con la certeza de que allí todo es distinto porque todo es testigo de la presencia de la Virgen.

Partiendo de la consideración de que Fátima es un lugar de especial encuentro con nuestra Madre, es posible testificar el designio del Amor de Dios que no desiste de, por todas las maneras, volver nuestros corazones a Su Amor. Contactando con el mensaje de Nuestra Señora en Fátima, sobre todo con las Memorias de sor Lucía, nos detenemos en la dialéctica del cielo y de la tierra, del mundo de Dios y del mundo de los hombres, de un dialogo y de una revelación, de la certeza y de la duda. La lejanía en la que se encontraba la Humanidad se resuelve por la cercanía de Dios que envía a los ángeles a preparar los encuentros de la Virgen con los pastorcitos, y suplanta la dureza de los adultos por la docilidad de los niños a la voz de la Virgen.

Punto de partida y de llegada

En nuestro tiempo, en que todo vuelve a estar sumergido en una lejanía de los hombres respecto a Dios, el mensaje de Fátima puede ser víctima de distintas interpretaciones. Por eso, más que mirar interpretaciones, hay que asumir la actitud y el dinamismo del Amor.

Para resumir el mensaje de Nuestra Señora en Fátima nos bastan tres palabras: oración, penitencia y conversión. Allí, la Virgen nos invita a una vida de intimidad con el Señor y vivida totalmente en Él; nos mueve a hacer actos de penitencia que manifiesten nuestro amor por Él en reparación de los pecados de los hombres; y nos invita a cambiar, a experimentar una continua conversión donde el Amor sea nuestra única certeza.

Por todo esto, el centenario de las apariciones de la Virgen en Fátima nos lleva a querer que nuestras vidas sean vividas en la total confianza en Dios y en el Inmaculado Corazón de la Virgen. El Corazón de la Madre se convierte, entonces, en punto de partida y en punto de llegada de nuestros corazones, donde la Virgen nos da la garantía de que “Mi Corazón será tu refugio” (aparición de junio) para que no nos falte la certeza revelada en la aparición de julio: ¡Por fin, Mi Inmaculado Corazón triunfará!”.

El autor

Ricardo Cardoso

Vila Viçosa (Evora, Portugal)

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