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Explicando la fe a refugiados afganos

A través de una catequesis iniciada hace ya cuatro años, promovida personalmente por el autor de este artículo, muchos refugiados afganos en Salzburgo están conociendo la fe y acercándose a ella. Conocemos algunas de sus historias. 

Dieter Grubner·3 de agosto de 2021·Tiempo de lectura: 5 minutos
refugiados afganos en Salzburgo

Cuando el Papa Francisco proclamó en 2016 un Año de la Misericordia, un amigo y yo empezamos a jugar todos los domingos al fútbol con refugiados, y a enseñarles a hablar alemán. En diciembre de 2016 participé en una velada para refugiados que organizaba una organización llamada “Elías 21”, un grupo interconfesional que había comenzado en Alemania a dar a conocer el Evangelio y el cristianismo a los refugiados. Lo que hacían era proyectar una película sobre Jesucristo, y ofrecerse a todos los que estuvieran interesados en aprender más sobre el cristianismo. Así hicimos nosotros, y pude conocer a varios refugiados musulmanes, para los que inicié a principios de 2017 una catequesis en el centro de formación Juvavum, de Salzburgo.

Abbas participó desde el principio. Había huido de Irán, pero es originario de Afganistán y pertenece a la etnia hazara, que desde hace tiempo es maltratada y perseguida en Afganistán. 

Aunque su alemán no era todavía muy bueno, participaba en la catequesis con gran interés y con mucha regularidad. A menudo promovía conversaciones con otros refugiados en el centro de asilo, por lo que bastantes veces fue objeto de burla. Sin embargo, siguió viniendo regularmente a la catequesis, y una vez trajo a un amigo que también quería hacerse cristiano.

Para ayudarle no sólo a entender el cristianismo, sino también a vivirlo, mantuve con él algunas conversaciones personales. Aceptaba de buen grado los consejos para su vida cristiana y se esforzaba seriamente por ponerlos en práctica. Por ejemplo, siempre saluda al Señor en el sagrario de la capilla antes de participar en la catequesis, y empezó a hablar regularmente con un sacerdote.

Después de un año de catequesis, habíamos estudiado los contenidos esenciales del Catecismo de la Iglesia Católica. Para hacerme una idea del interés que tendría en continuar del curso, pregunté a Abbas si estaría interesado en seguir profundizando y, en caso afirmativo, si prefería que hiciéramos ese curso de profundización semanalmente o sólo cada dos semanas. Reconozco que para mí el ritmo semanal era bastante exigente, y mi idea era plantearle que desde entonces el curso fuera sólo cada dos semanas. Pero como Abbas expresó con verdadero interés el deseo de que el curso se impartiera semanalmente, decidí continuarlo con esa frecuencia; fue una decisión acertada, ya que los refugiados necesitan desesperadamente la formación.

Como había sido bautizado en el verano de 2016 en una iglesia libre evangélica y tenía ganas de hacerse católico, le preparé para la Confirmación, que tuvo lugar en mayo de 2018, junto con su incorporación a la Iglesia católica.

Durante una de nuestras conversaciones personales, le había explicado que era importante esforzarse por alcanzar una buena formación, por amor a Jesús y para ser un buen profesional más adelante. Él se mostró completamente de acuerdo, y sacó sus consecuencias. Como en Irán sólo había acudido a la escuela durante cuatro o cinco años, comenzó un curso de finalización de la escuela obligatoria, que completó con éxito después de un año y medio. Después de eso, comenzó una formación en la HTL, las iniciales en alemán de la escuela técnica superior. Estos estudios le fascinaban. Ya ha terminado con éxito dos cursos escolares y está ansioso por terminar esta carrera.

Hace aproximadamente medio año, se presentó otro emigrante de Afganistán, llamado Nawied, que quería hacerse cristiano. Como por falta de tiempo no me era posible dar otro curso de catequesis, pedí a Abbas, que ahora usa su nombre de bautismo Esteban, que le diera él la catequesis, con los materiales que yo había usado en la suya. Lo hizo con mucha alegría. En una conversación personal con Nawied, éste señaló que Esteban era un gran conocedor de la fe católica. Después de seis años, por fin se va a celebrar la segunda instancia del juicio que ha de decidir si se el concede asilo en Austria, como ha solicitado. Yo rezo para que se le conceda el asilo.

En Pentecostés de 2018, una conocida mía de la comunidad Loreto (una comunidad carismática) se dirigió a mí para informarme de que un refugiado llamada Bismillah había sido “tocado por el Espíritu Santo”, como ella decía, y quería participar en nuestra catequesis. Lo traduje para mí mismo como “está interesado en la fe católica”, y le invité al curso. Pronto me di cuenta de que mi amiga carismática tenía razón: Bismillah es un verdadero “bólido”. Desde el principio, siguió la catequesis con gran interés. Cuando al principio de la reunión refrescábamos el contenido de la última catequesis, solía ser el que más sabía durante la repetición. Todavía más: habló con muchos amigos de su casa de refugiados sobre la fe que acababa de encontrar, de manera que dos de sus ellos se unieron a la catequesis en los meses siguientes. Y aunque todavía era poco el tiempo que llevaba preparándose, en el verano de 2018 participó en una “academia de verano” que organicé con el objetivo de profundizar en la fe católica.

Pronto pude preguntarle con buena conciencia si quería bautizarse, a lo que respondió con un “sí” decidido. A principios de agosto fue aceptado en el catecumenado en la parroquia de San Blas. En la Pascua de 2019 recibió el Bautismo con el nombre de Daniel. Asimismo, fue confirmado y recibió el sacramento de la Eucaristía en la Primera Comunión. La misa del domingo, la oración diaria, la confesión y la conversación con el sacerdote se han convertido desde entonces en elemento regular de su vida (cristiana).

Cuando le ofrecí un curso semanal para profundizar en la fe, aceptó con gusto el ofrecimiento, y sigue viniendo semanalmente a Juvavum.

Hace aproximadamente un año le pedí que, con ayuda de mis materiales, explicara lo esencial de la fe católica a otro afgano llamado Asef, que hablaba muy mal el alemán y, por lo tanto no entendía bien el contenido de la catequesis. Así lo ha hecho, con gusto y de forma fiable. Más aún: cuando se enteró de que otro afgano llamado Nabi, al que ya conocía antes, también necesitaba este apoyo, se ofreció a ayudarle. También lo hizo de forma muy responsable, y su amigo está muy satisfecho.

Daniel Bismillah ha encontrado un lugar firme en el corazón de su padrino, que es un médico (casado, y con cuatro hijas). Éste lo invitó a su casa el día de Navidad de 2019. Daniel Bismillah tuvo la oportunidad de asistir a la Santa Misa junto a la familia de su padrino, y de celebrar luego la Navidad en casa de ellos al estilo clásico austriaco, con un árbol de Navidad y las costumbres tradicionales. Al día siguiente Daniel Bismillah me envió el siguiente WhatsApp: “Querido Dieter, ayer celebré la Navidad con Andreas y su familia. Fue el día más bonito de mi vida. ¡Gracias por encontrarme un padrino como Andreas! Muy cordialmente, Daniel”. El padrino continuó invitando con frecuencia a Daniel Bismillah a su casa de fin de semana, junto al Mondsee. También fuimos juntos a una excursión en bicicleta.

Poco antes de las Navidades de 2020, tras más de cinco años de espera para obtener el asilo en Austria, por fin tuvo lugar su procedimiento definitivo de asilo, lo que en la jerga de los refugiados se llama “la entrevista”. Su padrino y yo acudimos como testigos. El juez quedó tan impresionado por Daniel Bismillah, que ese mismo día le concedió asilo en nombre de la República de Austria.

Daniel Bismillah es muy decidido. En Afganistán trabajó de agricultor para su tío, hasta que huyó cuando tenía unos 17 años. En Austria, primero aprendió alemán, luego asistió al curso de finalización de la escuela obligatoria y posteriormente completó tres cursos en la escuela nocturna de la HTL. En diciembre de 2020 obtuvo el asilo, y a mediados de febrero de 2021 -en pleno confinamiento por la pandemia de coronavirus- puedo encontrar trabajo en una tienda de electricidad gracias a los conocimientos obtenidos en esa escuela.

Tanto Stefan como Daniel pertenecen al grupo de afganos con cuya ayuda me gustaría fundar una “comunidad farsi” en Salzburgo, para apoyar los esfuerzos de los refugiados convertidos por vivir una vida cristiana a través de una comunidad en la que se sientan cómodos y puedan servir como estímulo apostólico a sus compañeros.

El autor

Dieter Grubner

Salzburgo

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