Iniciativas

Oratorios: amistad, música y fe

Meditar sobre la vida de los santos siempre ha sido una riqueza para los cristianos. Su testimonio alienta siempre a mirar hacia arriba, poniendo todo el acento en la obra que Dios va haciendo, a su ritmo, en nosotros. De la mano de dos jóvenes sacerdotes burgaleses y con este convencimiento en el corazón nacen los oratorios.

Carlos Azcona·10 de marzo de 2021·Tiempo de lectura: 5 minutos

En nuestro tiempo de estudios en Roma, cautivados por la belleza de la música, acudíamos muchas veces a los oratorios organizados en la Parroquia de San Felipe Neri (Chiesa Nuova). La figura de un santo, la meditación sobre una virtud cristiana o una reflexión sobre el tiempo litúrgico correspondiente servían para hilar un encuentro de oración, en el que siempre estaba presente, de una u otra forma, la música en directo. 

Algunas veces era un organista, otras veces un coro, otras veces una pequeña orquesta de cámara. Los corazones de los asistentes latían al unísono y se percibía una atmósfera sublime, cuasi-divina, que favorecía mucho el encuentro personal con el Señor.

Una vez de vuelta a Burgos, nos planteamos que algo así había que hacer en nuestra propia diócesis. Veíamos la importancia de utilizar un cauce similar al que nosotros habíamos conocido en Roma, pensando también en aprovechar la ocasión para invitar a participar del encuentro a tantas personas que rara vez suelen pisar una iglesia.

Los prolegómenos: una beatificación

Entretenidos en estos pensamientos, tuvo lugar en nuestra diócesis un acontecimiento de singular relevancia: la beatificación del sacerdote burgalés Valentín Palencia y de cuatro jóvenes que dieron la vida con él (Donato Rodríguez, Emilio Huidobro, Germán García y Zacarías Cuesta). Con aquella ocasión (23 de abril de 2016), para la ceremonia que se desarrolló en la catedral de Burgos, se organizó una orquesta, integrada por músicos de distintas procedencias, que pusieron su música al servicio de la liturgia. También intervinieron varios coros. 

El listón estaba muy alto, ya que dos de los nuevos beatos (Donato y Emilio) eran músicos y sacaron adelante, entre otras iniciativas, la banda de música del patronato de San José, que regía D. Valentín Palencia.

El resultado fue más que satisfactorio. Y, además de dedicar interminables horas a los ensayos, se trabaron lazos de amistad, que aún perviven, entre muchos de los músicos. Tuve la dicha de participar como violinista en aquella pequeña gran orquesta y, así, cuando D. Enrique y yo nos planteamos el proyecto de los oratorios, surgió de modo espontáneo el pensar en algunos de aquellos compañeros músicos para proponérselo. También es normal que, siendo D. Enrique el vicario de la parroquia de San Cosme y San Damián, en la ciudad de Burgos, fuese ese el marco escogido para la puesta en escena de nuestra idea. Se lo planteamos al párroco, D. Máximo Barbero, quien acogió con ilusión la iniciativa y enseguida nos pusimos manos a la obra.

Primer oratorio: beato Valentín Palencia

El primer oratorio, como es natural, decidimos dedicárselo al propio beato Valentín Palencia. Siempre hemos considerado que su patrocinio desde el cielo ha sido crucial para el devenir de este proyecto. En el Seminario de Burgos, donde nos formamos D. Enrique y yo, coincidimos con D. Luis Renedo, hoy también sacerdote y, desde siempre, un enamorado de la figura de D. Valentín. Así las cosas, le pedimos que redactase él un texto, que nos sirviera de base para el oratorio.

Una vez que tuvimos el texto en nuestras manos, y siempre en diálogo con los músicos, fuimos adaptándolo para ver qué piezas del repertorio que estábamos ensayando por nuestra parte, se adecuaban mejor a un momento u otro del texto. Y, también de forma muy natural, las piezas musicales iban encajando en el texto. ¡Todo parecía orquestado desde arriba! Ya solo faltaba encontrar un orador para leer el texto, que lo aportó la parroquia de San Cosme y San Damián, y una fecha para realizar la convocatoria. Estábamos cerca del Adviento y, así, en las vísperas del primer domingo, decidimos ponerlo por obra: había nacido el primer oratorio.

Segundo oratorio: san Josemaría Escrivá

Como queríamos que estos oratorios tuviesen un vínculo especial con Burgos, un año más tarde nos sentamos a pensar qué otra figura relevante –que la Iglesia cuente entre sus altares– podía servirnos de inspiración. Rápidamente nos dimos cuenta de que podíamos dedicar el segundo oratorio a san Josemaría Escrivá. Vivió en Burgos durante algo más de un año, y en una época tan importante de su vida y del Opus Dei, que de hecho se conoce así: la época de Burgos.

De nuestros tiempos romanos, tanto D. Enrique como yo guardábamos amistad con D. Javier López, coautor de un conocido libro (en tres volúmenes) sobre la espiritualidad de san Josemaría. Indudablemente, él era el más indicado para escribir el texto de nuestro nuevo proyecto, como gustosamente hizo. El grupo de instrumentistas se recompuso también en sus miembros y el resultado, de nuevo, fue más que satisfactorio. Al igual que el año anterior, también este oratorio se presentó en la víspera del primer domingo de Adviento.

Un oratorio muy especial: a Jesucristo, Buen Pastor

Al año siguiente, cambiamos de escenario. La parroquia del Buen Pastor en la que yo sirvo como vicario, en Miranda de Ebro, celebraba por aquel entonces sus cincuenta años de existencia. Dentro del nutrido programa de actos que se elaboró para tal efeméride estaba un oratorio dedicado, precisamente, al Buen Pastor.

Se preparó un guion que, acompañado de una proyección de imágenes, fue conduciendo a los presentes a lo largo de la historia de la parroquia. Todo enmarcado en un prolongado rato de oración, con música en directo, que hizo las delicias de cuantos pudieron acudir.

Un oratorio para un milenario: Santo Domingo de la Calzada

Otro inolvidable oratorio fue el que preparamos para el milenario de santo Domingo de la Calzada. En su maravillosa catedral tuvo lugar uno de los proyectos más ambiciosos de cuantos hemos desarrollado. Era la primera vez que salíamos de nuestra provincia (y, exceptuando la aventura mirandesa, siempre habíamos hecho los oratorios en la ciudad de Burgos).

El nivel de exigencia era bastante alto, ya que durante todo el tiempo que duraron las celebraciones del milenario, cada semana acudía al menos una agrupación musical para honrar la figura del santo. Nosotros, como correspondía a nuestra trayectoria, teníamos claro el formato de lo que queríamos ofrecer: un oratorio sobre la vida de Santo Domingo.

El texto, en este caso, corrió a cargo del entonces vicario parroquial del lugar, D. Jesús Merino, también buen amigo nuestro. Y el resultado no pudo ser otro que el deseado: el Señor estuvo grande con nosotros y conseguimos dar lo mejor de cada uno. Por primera vez, además de música instrumental, contamos también con música vocal. El grupo de instrumentistas se reconfiguró de nuevo, dando comienzo a una nueva aventura, que bautizaron como Music@e.

Amistad, música y fe

Y es que, en toda esta historia, se entrelazan la amistad, la música y la fe. Y cada una tiene su propio devenir. La amistad, porque fue la que dio inicio a todo y la que mantiene todo en pie. La música, porque sirve de amalgama entre todos los participantes y nos ayuda a trascender la esfera de lo meramente sensible para elevarnos a Dios. Y la fe, porque en definitiva es lo que se trata de transmitir, a través del testimonio de la vida de los santos.

En mente hay ya nuevos proyectos, puesto que Burgos es una tierra fecunda en santos. A buen seguro que ellos mismos, desde el cielo, irán marcándonos la hoja de ruta para seguir llegando a tantas almas a través de la narración de sus vidas y la compañía de una buena música, forjando siempre nuevas amistades. 

El autor

Carlos Azcona

Vicario parroquial, parroquia del Buen Pastor, Miranda de Ebro.

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