Iniciativas

Camino de Santiago universitario: con la brújula del abandono

Sesenta jóvenes universitarios peregrinamos este verano a Santiago de Compostela. Abandonados a la Providencia y guiados por la Virgen, vivimos una experiencia de encuentro con Cristo y con el otro.

Jorge F. García-Samartín·4 de octubre de 2021·Tiempo de lectura: 3 minutos
camino santiago

Dijo Benedicto XVI cuando visitó Santiago en el año 2010, que peregrinar «no consiste sólo en salir de sí mismo hacia el más Grande, sino también en caminar juntos». Esta doble vertiente de las peregrinaciones –dejarse mirar por Dios para mirar al otro con Sus ojos–, en el núcleo de la doctrina evangélica (sirva de ejemplo el conocido episodio de Mt 22, 34-40 o las palabras de Jn 13, 34 y 1 Jn 4, 20); y es también lo que marcó el Camino de Santiago que Pastoral Universitaria de Madrid organizó este verano.

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Casi sesenta jóvenes universitarios –la mayoría estudiantes, algunos ya graduados- acompañados por D. Enrique Rueda y D. Hilario Mendo, capellanes respectivos de Industriales UPM y Derecho UCM, partimos de Mougás (Pontevedra) el 20 de julio y alcanzamos la ciudad del Apóstol seis días después. Pero todo había empezado dos días antes. El domingo 18 salimos de Madrid y nos pusimos rumbo a Fátima. De camino, pudimos disfrutar antes de una misa y un coloquio con las carmelitas de Ciudad Rodrigo, que impregnaron de su sencillez y espíritu de oración el grupo.

Para Diego, de Industriales, esta fue «la mejor manera de empezar» ya que «nuestra Madre, que es muy buena, nos acompañó durante toda la peregrinación». El silencio y la paz propios del santuario mariano crearon un clima propicio para que, pusiéramos nuestras intenciones en manos de la Virgen: «familias, amigos, preocupaciones y proyectos, en definitiva, todo», como dijeron Mimi, de Medicina. y María, de Farmacia.

Se lo entregamos todo y Ella, por su parte, nos enseñó a pronunciar su fiat, un «sí» total a la voluntad de Dios, a lo que Él quisiera que pasara esos días. Y pasaron cosas. Porque cuando se confía en el Señor, cuando al caminar «la única brújula es el abandono», que diría Santa Teresa de Lisieux, Cristo realiza obras grandes.

Galicia –desde el mar de los primeros días a las parras de las últimas etapas– fue testigo de cómo el grupo respiraba alegría limpia. Cualquiera que se nos acercase, o que nos adelantara, podía vislumbrar la ayuda al cargar que iban recibiendo los lesionados o las profundas conversaciones que estaban dándose entre personas desconocidas días atrás.

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Luis, uno de los organizadores, relata ilusionado como saliendo de Redondela, durante la media hora de silencio que iniciaba todas las jornadas, vio varias señoras que se santiguaron al cruzarse con nosotros. Itzi, de Medicina, cuenta que «en el Camino he conocido a muchas personas maravillosas, pero sobre todo he profundizado en mi amistad con Dios. Ha sido una experiencia inolvidable que me ha dejado huella».

Bastaba ver los ratos de oración después de las misas para entender testimonios como éste, palabras como las de Ignacio, estudiante de Ingeniería de Organización, –«hemos visto cómo el amor de Dios no tiene límites», dice– e incluso, conversiones como la de Paloma, de último curso de Medicina: «Para mí este Camino ha sido una luz en cada paso, y un despertar en el corazón que me ha servido para conocer a Dios y empezar a amarle… sencillamente».

Con el corazón lleno del Señor y con la desnudez de superficialidades que dan seis días de marcha y cansancio, pudimos poner en práctica el «mirad como se aman» de los primeros cristianos. Salir al encuentro de las necesidades del otro, a las «periferias», que rumbo a Santiago no son más que un compañero deseoso de hablar.

Descubrimos «que lo mejor del Camino siempre se encuentra cuando miras a tu lado», como dice María Zavala, ingeniera industrial y deseamos, como lo hace su compañera Ana Molina, que «nuestros límites autoimpuestos y nuestros miedos no nos impidan vivir la vida». Para, al volver, «poder contagiar esa felicidad sobrenatural de la cual», en palabras de Ana Vendrell, también de la ETSII, «sólo gozamos en el absoluto abandono». Gritarle al mundo «que la vida a veces cansa, a veces hiere, a veces duele… Que no es perfecta, pero que, a pesar de todo, la vida es bella».

El autor

Jorge F. García-Samartín

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