Cultura

Manuel Garrido: “Cada colega es una persona, no una amenaza”

Entrevista a Manuel Garrido, Premio Bravo! de Comunicación Institucional 2024 y responsable, durante años, de la Oficina de Información del Opus Dei y el santuario de Torreciudad.

Maria José Atienza·30 de enero de 2024·Tiempo de lectura: 4 minutos

Se llama Manuel Garrido González pero para los profesionales de la comunicación en España es Manolo.

Este periodista ovetense de casi 68 años, ha dedicado su vida profesional a la comunicación institucional en ámbitos de la Iglesia católica, especialmente en el santuario de Torreciudad y en la Oficina de Comunicación de la Prelatura del Opus Dei. Ahora compagina labores de consultoría con una decidida lucha contra una enfermedad, que afronta con “la confianza que da estar en las mejores manos: en las de Dios, en las de los médicos y en las de tantos amigos y colegas, que me ayudan con su cariño y cercanía”.

El 29 de enero de 2024, Manuel Garrido recogía el Premio Bravo! de Comunicación Institucional. Junto a él, nombres como Ana Iris Simón, el director de cine Santos Blanco, o los creadores de la campaña de la ACdP #QueNoTeLaCuelen en favor de la familia y la maternidad recibieron este reconocimiento, otorgado por la Conferencia Episcopal Española.

Ese día, muchos colegas quisieron acompañar a Manuel Garrido en la entrega de un premio que el brindó a todos los profesionales de la comunicación

⁠¿Cómo ha recibido el premio Bravo!? ¿Qué supone un reconocimiento así tras años de trabajo y servicio?

–Con sorpresa, no me lo esperaba. En cualquier caso, bienvenido este empujón de ánimo que viene de los compañeros en las tareas informativas, a los que se lo brindo. Y es un lujo recibirlo junto a unos premiados extraordinarios, de gran nivel, como Ana Iris Simón, a la que sigo semanalmente. Ella se refería hace poco a la importancia de mirar hacia delante sin perder de vista lo de atrás, para valorar tantas cosas buenas, bellas y verdaderas. Y tener una mirada limpia para saber apreciarlas y contarlas. Me lo apunté, me parece un buen consejo.

Ha vivido de lleno el cambio en los paradigmas de comunicación y en la Iglesia. ¿Cómo se afrontan unos problemas profesionales cuando también afectan a la propia fe?

–La fe te lleva a la oración para ver con Dios las cosas que tienes entre manos, a intentar trabajar con alegría y esperanza. No es pasividad ni dejadez, o tododaigual, sino exigencia de calidad sin perfeccionismo, de procurar hacer las cosas bien, a pesar de los errores.

La fe te da una perspectiva que te ayuda en el agobio de lo inmediato, te quita protagonismo e importancia y te ayuda a ver las cosas en su medida justa. Es más que una aliada en el día a día. Y a la vez reconforta ver tantas conductas positivas que construyen y son mayoritarias. Son las que tenemos que contar y compartir, que harán más amable el rostro de la Iglesia.

¿Con qué momentos comunicativos se queda de su carrera?

–Podría decir que he disfrutado con cada pieza que he preparado, esperando con ilusión verla publicada o emitida en el medio que fuera. Dicho esto, me quedaría con la beatificación y canonización de san Josemaría, que viví en Roma con mis paisanos de Barbastro y que fue seguida por numerosos medios informativos. Y destacaría también, como un momentazo, la comunicación de Torreciudad y el Alto Aragón durante 21 años gozosos en los que pude comprobar el gran don que es el santuario para la Iglesia, la diócesis y el territorio. Y que hemos de seguir cuidando entre todos.

⁠Para usted, ¿cuáles han de ser las claves de la comunicación en una institución de la Iglesia?

–Veo dos claves. Cercanía y afecto personal por los profesionales y ofrecer a los medios información útil. Los que estamos en el ámbito de la comunicación de las instituciones debemos ser intermediarios entre nuestra institución y los medios. Por tanto, conocer a fondo tu casa y los medios. Y después contacto frecuente con los medios para ofrecerles información que les resulte útil.

En un mundo cada vez más “digital, ¿se ha perdido el contacto personal en el terreno profesional?

–Pienso que el periodismo se lleva dentro y se vive las 24 horas, aunque entiendo que esto ya no es así y me alegro, porque ahora se está conciliando más con otras obligaciones. Pero voy a que si sigues de cerca el trabajo de un colega y le hablas, es fácil compartir otras cosas. Es cariño, no marketing ni coaching. Cada colega es una persona, no una amenaza o instrumento, decía san Juan Pablo II, que pensaba en los periodistas como personas y trataba de establecer un contacto personal con ellos. Es la cercanía sincera, sobrenatural y alegre, tal cual acabamos de ver en el Papa Francisco y su audiencia del 22 de enero con los periodistas acreditados en el Vaticano.

En su vida, ¿tiene algún referente de la comunicación?

–Joaquín Navarro-Valls. Tuve la suerte de tratarle y seguirle. Hace poco leí sus notas personales en “Mis años con Juan Pablo II”, en Espasa. Me resultó muy útil y lo recomiendo para cualquier comunicador, porque fue un gran portavoz de un gran papa.

De Navarro recuerdo bien su conferencia del 18 de noviembre de 2013 en la Fundación Rafael del Pino sobre Juan Pablo II y el sufrimiento humano, muy sugerente. Y tengo a mano unas palabras de 2011 que me han ayudado mucho: “todo se puede comunicar y mucho se debe comunicar; también el dolor, la enfermedad e incluso las dudas. Lo único que no es comunicable es la mentira, ni siquiera para quedar bien y mejorar la imagen”. Todo un reto.

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