Cultura

Rod Dreher: «Si los cristianos no estamos dispuestos a sufrir, desapareceremos»

El redactor jefe de la revista The American Conservative habla de su visión en temas como la dictadura soft, la resistencia de los mártires o la batalla cultural.

Guillermo Altarriba·16 de mayo de 2022·Tiempo de lectura: 4 minutos
rod dreher

Traducción del artículo al alemán

Traducción del artículo al inglés

Rod Dreher no deja indiferente. En sus dos libros –La opción benedictina y Vivir sin mentiras, ambos publicados en España por Ediciones Encuentro-, el periodista y escritor estadounidense advierte del peligro del totalitarismo woke y del colapso de la civilización cristiana. En la entrevista que concedió a El Efecto Avestruz -una iniciativa de la Asociación Católica de Propagandistas-, el redactor jefe de la revista The American Conservative aborda temas como la dictadura soft, la resistencia de los mártires o la batalla cultural.

En Vivir sin mentiras destaca que nuestro tiempo se parece a los momentos previos a la Unión Soviética. ¿No es algo exagerado?

– Eso me parecía a mí también hace seis o siete años, cuando tuve la idea de escribir este libro. Entré en contacto entonces con personas que habían emigrado a los Estados Unidos desde la Unión Soviética, escapando del comunismo, y ellos decían que las cosas que estaban viendo en Occidente les recordaba a aquello que habían dejado atrás. Me parecía exagerado, pero cuanto más hablaba con ellos, más me convencía de que estaban viendo cosas que a mí se me escapaban.

¿Qué estaban viendo?

– El nacimiento de un sistema en el que no puedes discrepar de la ideología woke dominante. Lo veo en mi país, y también en España, de alguna manera: si no estás de acuerdo con la ideología de género o con la teoría crítica de la raza, puedes ser cancelado. Puedes perder tu trabajo, tus amigos o tu estatus. No hay discusión posible, debes aceptar esta ideología para ser parte de la sociedad… y eso es totalitario. De ahí el vínculo con el comunismo soviético.

¿No considera que haya libertad de expresión?

– Sobre el papel, sí, lo garantiza nuestra Constitución… pero en la práctica se va extendiendo una mentalidad totalitaria sobre todos los aspectos de la vida norteamericana; todo se vuelve ideológico. No es solo un control desde el Estado: las grandes corporaciones se han vuelto woke y están liderando buena parte del proceso, pero también los medios de comunicación, las universidades, los deportes… incluso el ejército.

En su libro señala que no se trata de un totalitarismo «duro», sino «blando», soft. ¿Eso lo hace más difícil de resistir?

– Sí, así es. En el pasado, el totalitarismo comunista era como el descrito por George Orwell en 1984, pero el de hoy se parece más a Aldous Huxley y Un mundo feliz. Entregamos nuestras libertades a cambio de confort, de entretenimiento y de la seguridad de que no tendremos que afrontar nada que nos incomode. James Poulos lo llama el «estado policial rosa», un totalitarismo terapéutico en el que odiamos la idea de libertad porque implica hacernos responsables de nuestros actos, así que nos rendimos a las autoridades.

En la novela de Huxley que cita se describe el sistema como un «cristianismo sin lágrimas».

– Así es, y este es el desafío que tenemos delante. Muchas personas, especialmente la gente joven, están tan aterrorizadas ante la perspectiva de la incomodidad que están dispuestas a aceptar lo que sea con tal de que se les garantice que el mundo será un espacio seguro… pero esa no es la realidad.

En este contexto, ¿los cristianos estamos llamados a dar la batalla cultural?

– Estados Unidos lleva inmerso en una batalla cultural desde que nací, y creo que se está extendiendo por Occidente. No es una guerra que me entusiasme, pero es una que ha venido a nosotros y que -como cristianos- no podemos ignorar. Queremos la paz, pero la izquierda woke se ha vuelto tan intolerante y militante que debemos alzarnos para defender nuestras creencias, insistir en que se respeten.

Señala que esta ideología tiene algo de religioso, ¿en qué sentido?

– En el de que el movimiento woke es un sustituto de la religión para gente que no cree en Dios. Ocurría con el movimiento bolchevique durante la Revolución Rusa, que convirtió unas creencias políticas en una pseudoreligión para llenar el agujero en forma de Dios que tiene el alma. Ocurrió entonces y está pasando también ahora: aquellos que se adhieren a esta ideología creen que obtienen un sentido vital, un objetivo y una sensación de solidaridad. Y hay otro elemento.

¿Cuál?

– Que no se puede discutir con ellos. En un entorno político normal, puedes tener una disputa, una discusión radical sobre los principios… pero no con los woke. Insisten en sus creencias dogmáticamente; lo son tanto como el Gran Inquisidor de la Inquisición española o la policía religiosa en Arabia Saudí.

Hablemos ahora de propuestas de acción. Escribió La opción benedictina, que muchos malinterpretan como una invitación a escapar del conflicto.

– Sí, este ha sido el malentendido más común de este libro, y a menudo proviene de gente que no lo ha leído. Creen que digo «¡Huyamos a las colinas y escondámonos!», pero no. No es posible escapar a lo que sucede a nuestro alrededor. Lo que planteo es que si vamos a afrontar los desafíos de este mundo post-cristiano como cristianos fieles, debemos unirnos, formar comunidades más fuertes y estudiar y practicar más nuestra fe. Debemos entender nuestra fe para mostrar al mundo a Jesucristo como Él es realmente. Debemos estar preparados para sufrir por defender las verdades de la fe; si no, seremos asimilados por el mundo.

¿Necesitamos recordar el testimonio de los mártires?

– Esa es una de las cosas más importantes que podemos hacer los cristianos. Tenemos casos en el pasado, pero también ejemplos modernos. Ciertamente, están los mártires de la Guerra Civil española, o la historia del beato Franz Jägerstätter, el granjero austríaco asesinado por negarse a jurar lealtad a Hitler. Todo su pueblo era católico, pero solo Franz y su familia se mantuvieron firmes: debemos preguntarnos cómo se preparó él para sufrir. Si no, no sobreviviremos como cristianos.

¿Qué papel juegan las comunidades cristianas en esta preparación al sufrimiento?

Hannah Arendt, la gran filósofa política del siglo XX, descubrió que tanto la Alemania pre-nazi como la – – Rusia antes del comunismo eran sociedades con sentimientos masivos de soledad y atomización. Es uno de los aspectos clave del totalitarismo, que da una respuesta a estos anhelos. Por eso, debemos esforzarnos por crear comunidad, porque ya no va a darse de forma natural… pero la comunidad es la única manera de saber quiénes somos y cuáles son nuestras responsabilidades con los demás y con Dios. Ahora es momento de prepararnos: no tenemos tiempo que perder.

Fotos: Guadalupe Belmonte

El autorGuillermo Altarriba
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