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Jorge de Habsburgo: «Pienso que mi abuelo está intercediendo para que vuelva la paz a Europa»

Hace cien años moría en el exilio el último emperador de Austria-Hungría, gran promotor de la paz en Europa durante la Primera Guerra Mundial, y beatificado por san Juan Pablo II. Su nieto, Georges de Habsbourg-Lorraine, embajador de Hungría en París, explica para Omnes la figura de su abuelo en el contexto de una nueva guerra en Europa.

Bernard García Larraín·2 de abril de 2022·Tiempo de lectura: 6 minutos
jorge Habsburgo

Texto de la entrevista en inglés

Texto de la entrevista en alemán

El 1 de abril de 1922, hace cien años, fallecía en la isla de Madeira (Portugal), Carlos de Habsburgo, último emperador de Austria y rey de Hungría, con solo treinta y cuatro años de edad. Carlos I de Austria (Carlos IV de Hungría), se encontraba desde hace pocos meses en tierra portuguesa, donde, exiliado durante la Primera Guerra Mundial, había sido acogido en noviembre de 1921 junto a su familia. Pocos meses después de llegar, el estado de salud del emperador se debilitó hasta que una neumonía terminó con su vida. Su esposa, la emperatriz Zita, que esperaba entonces su octavo hijo, lo cuidó hasta el final de sus días. Su cuerpo reposa en la iglesia Nuestra Señora del Monte, en Funchal, en Madeira, muy lejos de la Cripta de los Capuchinos en Viena donde están enterrados los miembros de esta dinastía que reinó en Europa durante siglos.

Su nombre alcanzó especial prestigio en el mundo católico cuando fue declarado Beato el 3 de octubre de 2004 durante una ceremonia presidida por el Papa Juan Pablo II en Roma. El emperador Carlos fue reconocido como un modelo cristiano por sus virtudes y por sus acciones en favor de la paz, apoyando las gestiones del Papa Benedicto XV, durante la Primera Guerra Mundial. La Iglesia también vio en su figura un modelo de buen gobernante cristiano, comprometido con el bien común y las enseñanzas de la doctrina social cristiana: Carlos se preocupó de sus súbditos más pobres y abandonados, redujo los lujos de la Corte y estableció el primer Ministerio de Desarrollo Social del mundo. No por nada fue conocido como “el emperador del pueblo”. 

Georges de Habsbourg-Lorraine, nieto del emperador Carlos es, desde diciembre de 2020, embajador de Hungría en Francia. Este ciudadano austríaco (donde su nombre oficial en alemán es Georg Habsburg-Lothringen) y húngaro (en húngaro se llama Habsburg-Lotaringiai György), hubiese recibido el título de Alteza Imperial y Real Archiduque de Austria, príncipe de Hungria, de Bohemia y de Croacia, si el Imperio siguiese existiendo. El embajador nos recibe en un salón de la embajada de Hungría en París. 

Un siglo después de la muerte del emperador, su abuelo Carlos, Europa Central está en guerra nuevamente. ¿Qué reflexión le inspira este suceso? 

– Hay dos elementos que me parecen primordiales para entender el gobierno de mi abuelo. Carlos fue antes que todo un soldado. Hay que recordar que él nunca pensó en que iba a ser emperador, porque la línea de sucesión le era lejana. El conocía muy bien la guerra y las consecuencias de ésta. Esto es un elemento importante que hay que considerar en sus esfuerzos por la paz: sabía lo que era la guerra, por eso quería la paz. 

Otro elemento que me gusta resaltar es el hecho de que él era muy joven cuando asumió como emperador: tenía 29 años. Cuando él asume, es necesario considerar que sucedía a su tío abuelo Francisco José I de Austria que estuvo nada menos que 68 años en el poder, con todo lo que esto conlleva: es todo un sistema que él hereda. Los generales de Francisco José querían la guerra, porque confiaban en el poder y en la grandeza del ejército imperial. Carlos tuvo entonces mucha oposición en ese sistema. El imperio era inmenso y Carlos entendió rápidamente que con la guerra la integridad del imperio estaba en peligro, y fue justamente lo que pasó. 

A pesar de esta oposición en el aparato estatal, mi abuelo logró algunas reformas sobre todo de tipo social. Por su adhesión a la doctrina social cristiana, él había entendido muy bien que algunas transformaciones sociales eran necesarias, así como un nuevo estilo de gobierno que había que adoptar. Esto le llevó a viajar mucho dentro del Imperio, lo que no era tan fácil en aquella época, para conocer la realidad de la gente, sus problemas, sus aspiraciones. Fue así como concibió el primer Ministerio de Desarrollo Social del mundo y también impulsó una legislación protectora para los arrendatarios que fue muy adecuada a los tiempos de guerra donde mucha gente se queda sin dinero para pagar los arriendos. 

Por su adhesión a la doctrina social cristiana, mi abuelo el emperador Carlos I de Austria había entendido muy bien que algunas transformaciones sociales eran necesarias, así como un nuevo estilo de gobierno que había que adoptar.

Jorge de HabsburgoEmbajador de Hungría en París

¿La figura de su abuelo sigue vigente en estos tiempos de guerra? 

– Hay algo que me impresiona particularmente en la vida de mi abuelo y que puede inspirar a mucha gente en todo el mundo. Es algo que escuché en el Vaticano los días de su Beatificación. El emperador Carlos no fue beatificado porque fue exitoso o porque logró una gran hazaña, porque de hecho, políticamente fracasó ya que no logró la paz y terminó su vida en el exilio. Lo que cuenta para la visión cristiana de la vida es el camino cotidiano, lo que se hace o trata de hacer cada día para hacer el bien, para trabajar por el bien común. Y en este aspecto mi abuelo sí que fue ejemplar. Este es para mí, en lo personal, el gran mensaje que nos deja y que es muy pertinente en la sociedad actual en que tendemos a dar demasiada importancia a los resultados y no tanto al esfuerzo. 

De una manera más concreta y espiritual, pienso que mi abuelo está intercediendo para que vuelva la paz a Europa. Hay mucha gente que le está rezando por esta intención. Hay varias reliquias de él. En Hungría no me parece que su figura sea tan conocida. Curiosamente, me ha llamado mucho la atención el hecho de que en Francia lo sea más. Hay, por ejemplo, un colegio que lleva su nombre en la ciudad de Angers. Me parece que es el único colegio en el mundo al que le han dado el nombre “Beato Carlos de Austria”. Otro ejemplo: hace unos días en una comida oficial en Versalles, uno de los invitados comentó que su hijo se llamaba Charles en honor a mi abuelo: ¡se impresionó mucho cuando supo quién era yo!

De una manera más concreta y espiritual, pienso que mi abuelo está intercediendo para que vuelva la paz a Europa. Hay mucha gente que le está rezando por esta intención.

Jorge de HabsburgoEmbajador de Hungría en París

Se ha dicho que Hungría ha optado por una posición neutral en esta guerra. ¿Cuál es la posición de su gobierno? 

– Me parece que esa crítica no tiene mucho fundamento. Mi país es miembro de la Unión Europea y de la OTAN y como tal seguimos las sanciones y resoluciones que se han adoptado. Por otro lado, hemos enviado mucha ayuda humanitaria a Ucrania y ya hemos acogido cerca de 500.000 refugiados. En Budapest, las consecuencias de la guerra ya son visibles con la presencia de estas personas desplazadas. Sin ir más lejos, en mi propia casa en Budapest estamos alojando a dos familias ucranianas. 

Por otro lado, nosotros hemos decidido no aportar armas al conflicto. No queremos poner en riesgo a nuestros ciudadanos. Hay que precisar que, después de la Primera Guerra Mundial, con la dislocación del Imperio austro-húngaro oficializado por el Tratado de Trianon de 1920, más de tres millones de húngaros dejaron de vivir en Hungría. Hoy hay cerca de 150.000 húngaros en Ucrania que queremos proteger. Ya hemos lamentado la muerte de seis soldados ucranianos de origen húngaro en esta guerra. 

Por último, desde el punto de vista de la dependencia energética, nuestra situación no es exactamente la misma que la del resto de los miembros de la Unión Europea. En efecto, nosotros dependemos en 80% de la energía rusa. Entrar en conflicto con Rusia supondría un grave peligro para nuestra población. Se quiera o no, esta dependencia es real y es una herencia de la historia soviética reciente.

Hoy, en plena guerra en Europa Central, un Habsburgo es embajador en París durante la Presidencia francesa de la Unión Europea. ¿En su carrera de diplomático la figura de su abuelo ha sido un modelo?

– Las coincidencias históricas me divierten mucho. Por ejemplo, hace algunos días presenté mis credenciales al Príncipe de Mónaco, porque además de ser embajador ante Francia lo soy ante el Principado. Y pensé: “las vueltas de la historia, ¡un Habsburgo presentando sus credenciales al Príncipe de Mónaco!”. Más allá de las anécdotas históricas, tengo que decir que mi abuelo es una fuente de inspiración constante, pero tengo que reconocer al mismo tiempo que mi padre ha tenido mucha mayor influencia en mi carrera. Mi padre, Otto de Habsburgo, el hijo mayor del emperador y líder de la casa de Habsburgo, fue un político visionario y eurodiputado por más de 20 años. Tuvo un rol importante en el proceso de construcción europea y la inclusión, en la Unión Europea, de las antiguas naciones que formaban parte del imperio.

Él fue muy consciente de la responsabilidad histórica de nuestra familia en el siglo XXI, que había tenido una participación activa en la política europea por casi mil años, y nos enseñó a vivir en la sociedad moderna, a estudiar y a trabajar como cualquier otra persona. Realicé estudios universitarios en derecho, historia y ciencias políticas en Austria, Alemania y España. En este último país, estuve en la Universidad Complutense de Madrid para estudiar la historia contemporánea española y la cultura islámica, que no se enseñaba en Múnich. Comencé a trabajar en empresas de comunicación audiovisual. Hace 30 años fijé mi residencia en Hungría, país del cual soy embajador desde 1996. En particular, mi padre daba mucha importancia a los idiomas. Gracias a él, como él, yo hablo seis idiomas (alemán,  húngaro, francés, inglés, italiano y español) lo que evidentemente me ha sido muy útil en mi trabajo de diplomático. 

¿Qué actividades están previstas para el 1 de abril de 2022, centenario de la muerte de su abuelo Carlos? 

La principal actividad de este centenario será una Misa que tendrá lugar en la iglesia donde está enterrado mi abuelo, en la isla de Madeira. Estaremos presentes más de cien miembros de la familia. En un principio no pensaba asistir porque el domingo 3 de abril tenemos elecciones importantes en Hungría y en la embajada en Francia tenemos mucho trabajo para organizar los comicios. Sin embargo, el Vice-Primer Ministro de Hungría tuvo la delicadeza de pedirme que estuviese presente en Madeira para esta ocasión. Así que tendré la alegría de poder participar en este gran evento. 

El autorBernard García Larraín
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