América

Mons. Celestino Aós: “Es momento de construir una América Latina más solidaria”

Omnes entrevista a Mons. Celestino Aós, arzobispo de Santiago de Chile, creado cardenal por el Papa Francisco en el último consistorio. Responde a preguntas sobre temas de actualidad de Chile y de América Latina.

Pablo Aguilera·27 de enero de 2021·Tiempo de lectura: 7 minutos
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Celestino Aós, nacido en Navarra (España) en 1945, ingresó al noviciado de la Orden de los Frailes Menores Capuchinos a los dieciocho años de edad. En 1968 fue ordenado sacerdote. En 1980-1981 hizo unos estudios de psicología en la Universidad Católica de Chile y regresó a su país natal. En 1983 vuelve a Chile, donde vive hasta ahora. Ha ejercido variados trabajos pastorales en distintas ciudades. Se encontraba trabajando en una parroquia atendida por su Orden religiosa, en la Diócesis de Santa María de los Ángeles, cuando sorpresivamente el 2014 fue nombrado Obispo de Copiapó, en el norte del país.

En marzo de 2019 el Papa lo nombró Administrador Apostólico de la Arquidiócesis de Santiago de Chile. Nueve meses después es nombrado como Arzobispo de esa sede. En noviembre pasado fue creado cardenal por el Papa Francisco. En medio de su abundante trabajo ha tenido la gentileza de contestar estas preguntas para nuestra revista.

Monseñor, Ud. lleva casi 40 años en Chile. ¿Qué ha significado para su vida de religioso capuchino pasar de una parroquia en Los Ángeles a ser Obispo de Copiapó el año 2014 y Administrador Apostólico de la Arquidiócesis de Santiago en abril de 2019 y Obispo de la misma en diciembre del mismo año?

En la vida me he ido encontrando con el Dios de las sorpresas; al final resulta que Él y yo aparecemos por donde menos pensaba (yo claro, confío en que Él sabe bien a dónde va el camino). Sorpresa pasar de vicario cooperador en la Parroquia de San Francisco de Asís de Los Ángeles a Obispo de Copiapó; sin escalas intermedias de administrador o de auxiliar. Y me inquietaba cómo sería estar lejos de la comunidad religiosa, y qué sería el desierto, y cómo iba a encontrarme con los sacerdotes y diáconos y religiosos. Aunque no se logró el proyecto de que fueran capuchinos a Copiapó, siempre conté con su cercanía y ayuda. También el presbiterio, los diáconos y las religiosas y religiosos y la gente me acogieron muy bien, y he de agradecer su cariño… 

Un mundo nuevo que se abría en mi mente y en mi corazón: los pobres, los mineros, los enfermos etc. ¿Cómo tendré que servirlos?, ¿llegaré a amarlos? Parece que el suelo era duro, o sería por los años, y me iba adentrando en esa tarea cuando, otra sorpresa: Administrador Apostólico de Santiago. Y aquí el panorama era complicado y las dimensiones gigantescas comparadas con las de Copiapó. Pero traigo el mismo desafío: “amar y servir”. Y, aún tenía Dios otra sorpresa que darme: el Papa me nombra cardenal… Al final, sigo en las mismas: cambian las circunstancias y Santiago y Chile estalla en rabia y violencia, y entreabre ventanas de esperanza con procesos sociales participativos como la Constituyente. Y yo, en lo mismo: “Amar y servir”.

La Arquidiócesis de Santiago es la más populosa de Chile, con casi 4 millones de católicos. Ud. Cuenta con tres obispos auxiliares, menos de 270 sacerdotes y alrededor de 380 diáconos permanentes para atender 214 parroquias en un amplio territorio. Frente a este trabajo pastoral tan desbordante, ¿cuáles son sus prioridades pastorales en el corto y mediano plazo?

Todo eso. Pero hay más: la arquidiócesis no es mía; cuando las cosas son tan grandes y parecen tan grandes los problemas que me van a aplastar se lo remito al Buen Jesús: “Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío”. Tenemos un puntal especial: en una casa de retiro hay otro obispo auxiliar que está enfermo; como en la cruz, y reza y ofrece sus dolores por la archidiócesis y por la Iglesia.

Expuse públicamente que mi intención era poner siempre a Jesucristo en el centro de la vida y actividad pastoral, escuchar a Dios en el pueblo de la iglesia y la sociedad, cuidar y acompañar a los sacerdotes y diáconos, y al seminario; que desea buscar caminos para la formación de los laicos, varones y mujeres, porque ser cristiano no es asunto de sólo unos ratos de culto; es la vida entera; y necesitamos testigos y no propagandistas; y quiero estar con los enfermos, los encarcelados, los pobres, con las víctimas de la injusticia y los abusos.. La pandemia se ha ocupado de acotarme los espacios y trabarme los pies. Espero no me acote ni trabe el corazón, y quepan ahí todos.

La escasez de vocaciones sacerdotales se aprecia en su Diócesis y en todo el país. Probablemente una causa importante es el descrédito del sacerdocio católico debido a la crisis de abusos sexuales de los últimos años. ¿Qué hacer para re encantar a los jóvenes católicos con este camino vocacional?

Dos cosas tengo por ciertas: que el tema y problema de las vocaciones no es asunto exclusivo del obispo ni de los sacerdotes y religiosos y diáconos. Es de las familias, es de cada cristiano. Debemos rezar: “Danos, Señor, sacerdotes santos”. Y debemos trabajar: es hermoso cuidar a los sacerdotes, no endiosarlos, pero tampoco maltratarlos con nuestras críticas insultantes; es una tarea hermosa ayudar a los sacerdotes que vemos en dificultad (igual que debemos ayudarnos unos a otros, seamos casados o solteros: si alguien está en dificultad, debemos apoyarlo, orientarlo, ayudarlo). Segundo: estas preguntas nos inquietan y estamos buscando caminos; cualquier aporte que nos hagan ustedes será bienvenido. Y usted debe ser un buen promotor vocacional: un cristiano que vive su fe con serenidad y alegría deja a su paso horizontes nuevos, porque no se hace propaganda a sí mismo, sino que abre a que los demás se encuentren con Jesús que es quien invita a seguirle de uno u otro modo.

Los cristianos convencidos, los santos, los que suscitan el interés, el entusiasmo, la alegría de acercar a Jesús y de seguirlo en la vocación que descubrimos para cada uno de nosotros. La pastoral vocacional es capaz de invitar a jóvenes y acompañarlos en su discernimiento, pero siempre desde el respeto a las decisiones y respuesta que cada uno da. Sí, el tema de las votaciones me preocupa y a vece hasta duele, pero es el mismo Jesús que me da la vocación a mí, el que llamará a otros…

En los últimos años varias parroquias y capillas de Santiago y otras ciudades y pueblos han sido destruidas por actos vandálicos (incendios y destrucciones), especialmente en La Araucanía. ¿Cómo reaccionar ante esta reiterativa destrucción de los templos, que sirven a todos los fieles, por parte de quienes muestran un verdadero desprecio o quizá odio a la religión católica y también a otras comunidades evangélicas?

Hay en el evangelio un episodio que me ilumina y que marcó a los apóstoles: ellos creían que Jesús los iba a alabar y casi los abofetea. No habían querido recibirlos en esa aldea de samaritanos porque vieron que eran judíos peregrinos a Jerusalén. ¡Horroroso pecado en la cultura judía, el cerrar la puerta, negar la hospitalidad al forastero! Los apóstoles le dijeron a Jesús: “¿Quieres que mandemos que baje fuego del cielo que abrase a estos impíos?”. ¡Cuántas veces les tuvo que repetir Jesús que al mal se lo vence con el bien, al odio con el amor, a la violencia con la paz! “Ustedes hagan el bien a quienes los persiguen y calumnian”.

Eso es lo medular del Evangelio: hacer el bien a todos, amar a todos y siempre. Nos destruirán templos; nos duele y mucho pero no podrán destruir ese Evangelio: con Jesús yo soy capaz de amarte también a ti.

En diciembre la Cámara de Diputados aprobó una ley de eutanasia bastante liberal (falta la votación en el Senado) y ahora la misma Cámara está discutiendo un proyecto de aborto libre hasta la 14ª semana de embarazo. ¿Qué harán los pastores católicos ante esta arremetida de liberalismo moral que, como una avalancha, ha llegado a Chile?

Ni al aborto, ni la eutanasia, ni la corrupción, ni la violencia, ni la lujuria, etc. son asuntos de los “obispos o pastores católicos”. Son valores que están más allá de un credo, son valores humanos. Digo que no hay que robarse lo que es de otro o de todos, que no hay que herir o matar ni a una mujer, ni a un anciano ni a un niño en el seno de su madre etc. No porque soy cristiano o sacerdote u obispo. Lo digo porque soy persona, porque soy humano y así lo siento. Destruir un ser humano, sea físicamente con una técnica quirúrgica o química, destruirlo envenenándolo con drogas, idiotizarlo con atracciones no es avanzar, no es humanizar; es lisa y llanamente des-humanizar.

Para mí es sagrada la vida desde la fecundación hasta la muerte natural; y hemos de cuidarla y procurar que pueda desarrollarse adecuadamente; y debemos acompañarla y ayudarla en el final sin una eutanasia que siempre es muerte buscada ni encarnizamiento quirúrgico. ¿Podre morir en paz o estaré temiendo si me van eutanasiar? Con el aborto y la eutanasia la vida no vale nada; ni esas vidas “de descarte”, ni tampoco las nuestras (puede que hoy si y mañana seamos inservibles, no útiles).

Los obispos y cuantos pensamos así debemos unirnos para exigir también que se nos respeten nuestros derechos y no se nos impongan esas crueldades. Queremos organizar un Chile donde todos y cada uno tengamos respeto, ayuda, dignidad. ¿Es darnos dignidad valorar utilitariamente nuestra vida y eliminarnos si conviene a algunos? ¿Es eso lo que quiere Dios?

Usted es el octavo Cardenal creado para Chile, lo cual implica nuevas responsabilidades en la Santa Sede. ¿Cómo compatibilizará su trabajo como Arzobispo con estas nuevas responsabilidades?

Es probable que lleguen nuevas responsabilidades. De hecho, ya el Papa Francisco me ha nombrado miembro integrante de la Pontificia Comisión para América Latina. La pandemia, que castiga a Chile y al mundo entero, dificulta los viajes; hoy la tecnología nos permite realizar reuniones por zoom etc. Demos gracias a Dios por estas maravillas técnicas de las que disponemos. América Latina es un continente hermoso, fascinante, lleno de gentes virtuosas, pero también con problemas y desafíos grandes, y con otras gentes que se suman al crimen, a la corrupción, etc.

¿Cómo hacer una América Latina Mejor? Tratando de ser un poco mejor yo mismo… habrá mejorado un poco el mundo. No se trata tanto de exigir y censurar sino de comprometernos nosotros con el bien y la justicia.

El momento que vivimos en América Latina es muy propicio para construir una civilización y una cultura de la vida, de la solidaridad, del diálogo y el entendimiento; ya hemos experimentado y aprendido a dónde llevan los caminos del egoísmo, la descalificación, la violencia, el aprovechamiento de los demás.

Podemos y debemos construir una América Latina hermosa y solidaria, unida y grande. Es la hora de trabajar juntos y construir juntos cuidándonos de los más débiles y necesitados. ¡Entre tanta muerte y egoísmo es tan hermosos anunciar y trabajar por la vida y el amor!

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