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Álvaro Sánchez León: “Ratzinger no fue un clerical”

"Emérito. Rebobinando a Ratzinger" llega a las librerías con un retrato coral del Papa emérito que el mundo despidió el último día de 2022.

Maria José Atienza·11 de enero de 2023·Tiempo de lectura: 6 minutos
Álvaro Sánchez León

Foto: El autor, Álvaro Sánchez León ©Henar Sastre

Emérito. Rebobinando a Ratzinger firmado por el periodista Álvaro Sánchez Leon dibuja un retrato multicolor del Papa Benedicto XVI. Mas de 40 testimonios cercanos de colaboradores, amigos, biógrafos de Ratzinger y vaticanistas conforman un cuadro único y sorprendente que nos presenta al sacerdote, vecino de Borgo Pío y casi desconocido, al teólogo profundo y sereno, al Papa humilde que se echó a un lado a pesar de la incomprensión de muchos.

Álvaro Sánchez León (Sevilla, 1979) periodista freelance especializado en entrevistas y reportajes sociales y autor, entre otros títulos de En la tierra como en el cielo. Historias con alma, corazón y vida de Javier Echevarría (Rialp, 2018) o España en pause (2022) habla con Omnes sobre este nuevo libro sobre un Benedicto XVI distinto y, al mismo tiempo, cercano.

En Emérito. Rebobinando a Ratzinger usted ofrece diferentes retratos de Benedicto XVI ¿Qué le ha llamado más la atención? ¿Ha sido el Papa emérito para usted también un nuevo descubrimiento?

–Este libro es un único retrato pintado con palabras, pero realizado con diferentes técnicas periodísticas. Con voces de personas que le han tratado de primera mano, con sus textos, sus palabras, sus acciones y su impronta, trato de enfocar en directo sobre el alma de una persona que fue Papa y que será, siempre, una bombona de oxígeno para toda la Iglesia.

Mi especialidad profesional son las entrevistas que buscan conocer a las personas a fondo. En este caso, hago una entrevista polifónica con el deseo de dar en el blanco de una de las figuras mundiales más potentes de nuestro tiempo. 

Me han llamado la atención muchas cosas: la bondad auténtica, la inteligencia cercana, la coherencia, la sencillez… La vida de Ratzinger es una línea recta ascendente. Si se sigue de cerca, uno también se eleva.

Para mí ha sido un descubrimiento meterme a fondo en su alma, en su historia, en el más allá de su mirada, y comprobar hasta qué punto una persona que reza, que piensa y que vive con naturalidad lo que ama puede transformar todo lo que toca con una discreción maravillosa.

Usted recoge también semblanzas del Ratzinger más cercano, ese sacerdote discreto que vivía en Borgo Pio ¿cómo era el Ratzinger de «a pie»?

–Joseph Ratzinger ha sido -¡es!- una persona sencilla a la que solo han entendido de verdad la gente sencilla, por eso el barrio romano de Borgo Pio, en el que vivió desde que aterrizó en Roma para liderar la Congregación para la Doctrina de la Fe hasta que fue elegido Papa, es la salsa urbana donde conocemos mejor a la persona, sin aditamentos curiales, y sin reconocimientos académicos.

El portero de su edificio en la plaza de Cittá Leonina, el zapatero, el sastre, el panadero o el camarero de enfrente de su casa le recuerdan así, como un sacerdote bueno con alergia a darse importancia. Tímido, pero cercano.

Han pasado los años, y todos estos personajes anónimos cruciales a los que he entrevistado se emocionan al hablar de él, porque de tanto abrirles su alma, escuchar sus historias y contemplar su bondad, le consideran como alguien de la familia a quien tuvieron el honor de conocer de rebote. Probablemente, a muchos de ellos esos encuentros de barrio le hayan cambiado la vida.  

Ratzinger es un modelo interesante para que muchos hombres de jerarquía eclesiástica vuelvan a meditar cómo se ejerce un cargo en la Iglesia y por qué no importan nada los puestos si no sirven para hacerse santos por el camino.

Álvaro Sánchez León. Autor de «Emérito. Rebobinando a Ratzinger»

La vocación sacerdotal y la vida de los sacerdotes ha sido una de las “pasiones” teológicas de Benedicto XVI ¿Qué destaca de su concepción del sacerdocio y de su vocación?

–El día de la ordenación sacerdotal fue el más feliz de su vida, como cuenta él mismo en su autobiografía. Desde pequeño, el joven Joseph fue educado en un hogar cristiano en el que seguir la voluntad de Dios era el mejor regalo para uno mismo. Con una guerra mundial como preseminario, su alma sacerdotal se forjó en una relación interior muy estrecha con el único modelo de su vida: Jesucristo.

Ratzinger fue “un sacerdote que arde” hasta el final de sus días. Su ejemplo sin querer dar ejemplo puede ser el mejor pulmón para algunos sacerdotes a los que las circunstancias de la vida les han congelado el corazón.

De su sacerdocio, llaman la atención unas cuantas cosas, porque resultan atractivas y muy contagiosas. Por un lado, él entiende el sacerdocio como un puente entre Dios y los hombres que solo funciona si su vida interior es el pilar fundamental. Por otro, su sacerdocio son brazos abiertos a toda la humanidad. Aunque tuvo poca práctica pastoral, porque enseguida fue requerido por la jerarquía de la Iglesia para ser obispo, cardenal, y Papa, utilizó su sensibilidad intelectual para consolar, con su búsqueda de la verdad, a muchas cabezas y a muchos corazones inquietos.

De su biografía sin fuegos artificiales, atrae su visión del sacerdote como servidor a quien no se le caen los anillos, aunque sean anillos de Pedro. Ratzinger es un modelo interesante para que muchos hombres de jerarquía eclesiástica vuelvan a meditar cómo se ejerce un cargo en la Iglesia y por qué no importan nada los puestos si no sirven para hacerse santos por el camino.

Y un apunte final, muy luminoso. Aunque Ratzinger quiso ser sacerdote desde pequeño y le pedía a los Reyes breviarios infantiles, nunca fue una persona clerical. Entendió perfectamente el papel de los laicos en la Iglesia y dio alas a todos los movimientos que ayudaban a las personas a encontrarse con Dios en medio del mundo. Era un universitario tan todoterreno, que su ministerio sacerdotal era un abrazo a toda la humanidad con los brazos hermanados de la razón y la fe.

Benedicto XVI
Benedicto XVI firma una copia de «Caritas in Veritate» ©CNS photo/L’Osservatore Romano via Catholic Press Photo

¿Qué legado deja en la Iglesia Benedicto XVI? 

–Cuando Benedicto XVI renunció ya se hizo ese balance, aunque quizá ahora que han pasado diez años somos más conscientes de ese legado. De todas formas, es pronto para hablar de herencia con seguridad.

Mi impresión es que Benedicto XVI dejó una Iglesia más clara, más esencial, más dependiente de Jesucristo, más equilibrada entre razón y emoción, más serena, más fiel, y más moderna en su apertura a las periferias intelectuales.

Hay muchas personas no practicantes que viven una sed potente de trascendencia, pero no encuentran en la Iglesia una respuesta. Por lo que sea. Muchas de esas personas se sienten muy a gusto leyendo a Benedicto XVI, porque entienden que su magisterio está tan unido a la Verdad hecha carne que no deja a nadie indiferente. Comprueban que sus palabras no son teoría, sino vida en primera persona, y eso es tan auténtico que derriba muchos prejuicios e ilumina las ilusiones que satisfacen el fondo de nuestros corazones.

La renuncia de Benedicto XVI ha sido uno de los acontecimientos que ha marcado la Iglesia en los últimos decenios y, al mismo tiempo, difícilmente comprensible para muchos católicos. ¿Cómo se entiende esta decisión?

–Cualquier persona que conozca el alma de Ratzinger sabe que aquella decisión tomada en conciencia solo puede ser el resultado del consenso virtuoso entre la voluntad de Dios y la libertad del hombre.

Sobre aquella renuncia hay miles de thrillers y muchas películas montadas, pero él mismo explicó en más de una ocasión que fue una decisión adoptada por motivos de salud. Punto. No hay más cera que la que arde. Así de sencillo es el discurrir vital del papa emérito. Él, que es listo y humilde, y se conoce, sabe que para ser Papa necesita un vigor que no tiene, y deja paso.

Muchas personas han entendido mejor a este hombre grande después de aquella renuncia discreta. Pasar a un segundo plano voluntariamente es algo que no se entiende en esta sociedad de focos, poder y gloria. Bajar a la trastienda para rezar por la unidad de la Iglesia y ser feliz detrás del telón es una enseñanza como un templo.

Los católicos que se dedican a juzgar intenciones eso no lo entenderán nunca.

Los católicos y los no católicos que valoran la libertad de las conciencias rectas no solo respetan, sino que aplauden la vida de verdad de un sacerdote valiente que ha apostado todas sus cartas al juicio exclusivo de lo que piense Dios.


Emérito. Rebobinando a Ratzinger, editado por la editorial Palabra y que saldrá muy pronto a la venta, ha contado con los testimonios, entre otros, de quien fuera el director de Comunicación del Vaticano durante el pontificado de Benedicto XVI, Federico Lombardi; su secretario personal, Monseñor Georg Gänswein o el prelado del Opus Dei, Fernando Ocáriz, pero también personajes anónimos como  otros anónimos, como el sastre, el zapatero o el panadero de Benedicto XVI desde su época de cardenal.

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