Vaticano

Entrevista a Lucia Capuzzi. Cristo señala la Amazonia

Omnes ha entrevistado a la periodista encargada de asuntos exteriores del periódico Avvenire de la Conferencia Episcopal Italiana, Lucia Capuzzi, que tiene una larga experiencia en asuntos latinoamericanos.

Giovanni Tridente·10 de mayo de 2021·Tiempo de lectura: 3 minutos
Lucia Capuzzi. Periodista encargada de asuntos exteriores del periódico Avvenire de la Conferencia Episcopal Italiana

Si algo ha puesto de manifiesto la pandemia de Covid-19 es el vínculo inseparable entre la crisis humana y la crisis medioambiental. Y hay un área que para la Iglesia representa un nudo central en este sentido, y es la Amazonia, a la que el Papa Francisco dedicó un Sínodo y una Exhortación justo antes de que estallara la emergencia sanitaria mundial.

—¿Qué ha supuesto la experiencia sinodal para los territorios de la Amazonia?

Precedido por un largo proceso de escucha y recogida de las voces del territorio, el Sínodo sobre la Amazonia (octubre de 2019) ha tenido un impacto de inconmensurable profundidad para esa región. El Papa Francisco catapultó a Roma, el lugar simbólico de la cristiandad, a pueblos considerados durante demasiado tiempo en la historia como “salvajes que hay que civilizar”, supervivientes de una época remota que hay que soportar con mal disimulado fastidio o, en el mejor de los casos, parias a los que hay que ayudar. El Pontífice, en cambio, los llamó “maestros” de la ecología integral. Y les propuso una alianza como “iguales”, en una lógica de intercambio fraternal. Su mensaje, por tanto, va mucho más allá de los confines de la Amazonia. 

—¿Cómo son las cosas hoy en día en esas tierras, afectadas además por la pandemia?

Como emergencia global, Covid-19 es también una metáfora de las contradicciones contemporáneas. Si es cierto que “todos estamos en el mismo barco”, algunos se encuentran en la bodega, otros en la cubierta, otros en camarotes equipados. Los frágiles sistemas sanitarios de la Amazonia no han podido resistir el impacto del virus. Los cuidados intensivos se concentran sólo en las ciudades. 

Sin embargo, el exceso de demanda ha hecho que el sistema caiga en picado y ha fomentado el nacimiento de un mercado negro. La mayor carga ha recaído en los pueblos indígenas, los eternos marginados y los más expuestos al contagio debido a su aislamiento histórico. La pandemia en sus tierras, además, se ha extendido por la intrusión de los cazadores -legales e ilegales- de recursos amazónicos: traficantes de madera, mineros ilegales, empleados de grandes empresas mineras. 

—En los documentos del Magisterio se repite con frecuencia el vínculo entre crisis ambiental y crisis humana. 

Por un lado, la emergencia sanitaria ha acaparado la atención de la opinión pública internacional. Y de los medios de comunicación aún más distraídos. Pero, por otro lado, la pandemia nos ha demostrado que la crisis ecológica no es una cuestión abstracta para ricos filántropos, ingenuos y radicales chic. Es una amenaza real para la vida de todos. El Covid-19 proviene de una zoonosis: la destrucción de los ecosistemas pone en contacto a especies antes aisladas con los humanos, multiplicando el riesgo de propagación del virus. Por ello, la ONU ha advertido que debemos prepararnos para una era de pandemia. A menos que hagamos una ecología integral, respetuosa con toda la Creación.

—¿La Amazonia también es emblemática en esto?

Comparto una experiencia personal. Leí Laudato si’ inmediatamente después de su publicación. Enseguida me pareció hermoso y poético, pero en cierto modo abstracto: me costaba entender el vínculo inseparable entre el grito de la tierra y el grito de los pobres. Entendí Laudato si’ tres años después: fue la Amazonia la que me lo reveló. Cuando fui allí en 2018, esperaba ver el bosque, verde y majestuoso. En cambio, me encontré con un páramo desolado. Las minas de oro ilegales habían devorado los bosques, al igual que devoraban la vida de los humanos que dependían de ellos. Los trabajadores se ven obligados a trabajar en condiciones inhumanas sin ninguna protección de las mafias que controlan la extracción. Las niñas, traídas con engaños desde las zonas andinas, y vendidas a los mineros por esas mismas mafias. La crisis ecológica era la otra cara de la crisis social en curso.  

—¿Qué esperanza tiene para el futuro de la Amazonia y cómo puede contribuir la Iglesia a ello?

La Amazonia muestra al mundo el poder de la Resurrección. En la determinación de vidas tan heridas que se reducen a un potingue informe para seguir viviendo. En la obstinación de los pobres por volver a levantarse después de cada caída en abismos indescifrables, mostrando una fuerza que no es ni puede ser humana. La Amazonia, con su vitalidad desbordante, más fuerte que cualquier golpe, es un lugar teológico que nos ayuda, en este tiempo, a “ver” la Resurrección.

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