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El viaje del Papa a Rumanía invita a la unidad con el testimonio de los mártires

El Papa Francisco viaja a Rumanía del viernes 31 de mayo al 2 de junio. El domingo día 2 beatificará en Blaj a siete obispos mártires, víctimas del odio a la fe del pasado régimen comunista. El lema del viaje es Caminemos juntos, y su transfondo es una invitación a construir la unidad.

Basile Bogdan Buda·3 de junio de 2019·Tiempo de lectura: 8 minutos

El Santo Padre Papa Francisco decía: “Construye puentes, no muros, porque los muros están destinados a caer: es cristiano actuar de esta manera, la comunicación cristiana significa servir al otro”. “No he venido para ser servido, sino para servir”, dice Jesús en el Evangelio.

   Han pasado casi 30 años de la caída del muro de Berlín y de la cortina de Hierro que separó de manera injusta la parte oriental de Europa de la parte occidental, y ese muro de dolorosa separación ha tenido muchísimas y complicadas consecuencias: mutaciones culturales (el paso de una cultura que exalta el sistema a una cultura en diálogo con la contemporaneidad y la realidad antropológica del ser humano); cambios económicos y sociales complejos (el paso de una economía de Estado a una economía plural y abierta al mercado común); y también dificultades de maduración política (por no tener una clase o élite política capaz, madura y libre de la matriz comunista y con visión de futuro).

   Después de vivir 50 años el exilio del imperio rojo, los cambios son difíciles y el presente vive en la memoria del pasado, o mejor dicho, la sombra del pasado hace un poco imprevisible el presente y a veces confusa la visión del futuro. Antes de los años 90 poca gente podía imaginar que la dictadura y el totalitarismo comunista tenía caducidad, porque el sistema era tan organizado y daba tanta desesperación a la gente que, como en lo obra de Dante, “del inferno no hay salida… solo entrada”.  

   Rumania, Bulgaria y Macedonia han sido, como otros países del este europeo, testigos silenciosos de la falta de libertad, del exilio exterior e interior, del hambre y sed de justicia, de la falta de recursos materiales, del rechazo de la religión, de no poder salir del país y tantas y tantas injusticias que solo los que las han vivido pueden ser testigos de la utopía marxista y de la miseria económica.

   El paso, el trance, de la revolución socialista ha sido violento y por desgracia la violencia de los regímenes vividos por estos países de mártires es consecuencia de una imposición ideológica que además se presentaba como una nueva forma de religión: la creación del hombre nuevo.

   El cantante Franco Battiato, cuenta en una de sus canciones que “la evolución social no sirve de nada al pueblo si no es precedida de una evolución del pensamiento”. Pues en este momento, haciendo un análisis social y una radiografía de la realidad en estos países, podemos afirmar que, después de despertarse de un bonito sueño con la caída del comunismo, lo que parecía una oportunidad para el cambio de conciencia, una conciencia clonada muchos años por un régimen que hoy nos parece como historia de ciencia ficción, todavía no se ha hecho real.

   Por este motivo, hoy más que nunca, los países que el Papa Francisco va a visitar en Europa Oriental necesitan un cambio de conciencia, una conciencia que necesita ser fortalecida para no mirar atrás después de la salida del exilio; necesitan descubrirse como naciones libres y protagonistas de su propio destino y vocación.

Invitación a la continuidad y a la unidad

Las relaciones entre la cristiandad occidental y oriental después del gran cisma de 1054 se han enfriado gradualmente durante casi un milenio. En el año 1999 por primera vez, gracias a la Providencia, se nos brindó la oportunidad de que una Papa visitara  Rumanía: se trata del Papa Juan Pablo II, ahora santo.

   El Patriarca Teoctist de la Iglesia ortodoxa Rumana calificó la visita del Papa como un evento “único” e, incluso si muchos dudaban de la posibilidad de esta visita, “Dios lo hizo para que las palabras se hicieran realidad”. Más tarde, en el año 2002, el Papa Juan Pablo II visitó también Bulgaria e impresionó a la gente con su discurso y la cercanía con el pueblo búlgaro.

   Rumania además tiene en sus raíces una singular vocación ecuménica. A través de su posición geográfica y su larga historia, cultura y tradición, Rumania es un hogar donde el Este y el Oeste se encuentran en el diálogo natural. En el oriente la Iglesia respira muy claramente a través de sus dos pulmones y los cristianos estamos invitados a descubrir esta experiencia espiritual del Espíritu de Dios y para poder vivir el nuevo Pentecostés espiritual de la unidad.

El grito de unidad de 1999

El Papa Francisco completará esta vez la visita del grande Wojtyla y viajará también a Macedonia, país que perteneció a la antigua república Yugoslavia. Los lemas de la visita de Papa Francisco son: para Rumania, Caminaremos juntos; para Bulgaria, Paz en la tierra, como la encíclica del Papa Juan XXIII; y para Macedonia, ¡No tengas miedo, pequeño rebaño!

  El 9 de mayo de 1999, el Papa Juan Pablo II, culminó su visita al final de su estancia en Rumania en la Santa Misa celebrada en el Parcul Izvor de la capital, con el gran grito de la gente allí presente: ¡Unidad, unidad! Probablemente sea el único caso en la historia de la Iglesia en el que muchos creyentes, católicos y ortodoxos, piden a los jerarcas que se unan. El grito de unidad se extendió entre la multitud porque el Papa tuvo el coraje de repetirlo en el micrófono. Fue un momento muy emocionante, de gran entusiasmo y deseo de unidad que nació de manera espontánea de la gente de la calle y no era la única voz de un “ecumenismo diplomático”, a veces teórico, sino el espíritu de la gente que tenía sed de unidad.

   Hoy, el Papa Francisco invita de nuevo a lo mismo, a la unidad. Y lo hace, seguramente, porque la unidad es una realidad que falta todavía tanto a nivel político como religioso. “Esperamos que la presencia en Rumania del Sucesor de San Pedro traiga inspiración a Rumania para unir todo lo que es bueno y valioso en beneficio del país y del bien común”, ha afirmado el cardenal Lucian Mureșan.

Ser fortalecidos de nuevo

Los cristianos de Rumanía, Bulgaria y Macedonia, y no solo ellos, necesitan ser fortalecidos de nuevo por el sucesor de Pedro en la búsqueda de la unidad. Esta unidad se necesita tanto en la familia, como en la Iglesia y en la sociedad. No es suficiente pertenecer a la Unión europea para estar unidos, no es suficiente una organización de tipo político y social para vivir en armonía y pacíficamente, sino que se necesita en primer lugar la unidad de las personas y de las iglesias sobre la roca de la vida y el evangelio de Cristo Jesús.

   Sin la conversión no hay unidad y la lectura teológica de esto concepto es la contemplación de la Encarnación de Cristo, de un encuentro sinérgico entre el oriente y el occidente, que indica la necesidad de vivir y referir nuestra vida cristiana al dogma cristológico de la Encarnación que abre también una realidad eclesial profunda de la vida cristiana. El concepto de sinergia del Papa Juan Pablo II nos recuerda la comunión espiritual entre los apóstoles que tienen una única dignidad que se manifiesta en la diversidad de la misión apostólica. Esta realidad maravillosa de la unidad en diversidad centrada en la unidad de la persona de Cristo es la clave teológica y espiritual de la reconstrucción de la unidad. Cualquier división que vivimos como cristianos, en realidad, representa un atentado a la unidad ontológica de Hijo de Dios.

   Contemplada la Trinidad y “unidos a Jesús, buscamos lo que Él busca, amamos lo que Él ama.” (EG 267). Jesús llamó, en primer lugar, a sus discípulos para que “estuvieran con él” (Mc 3,14) para que vivan con El, compartan su vida y aprendan sus enseñanzas.

   Como viva imagen de Cristo, el Papa Francisco se encontrará, dialogará y rezará con los representantes de todas las iglesias ortodoxas; con el patriarca Daniel de Rumanía en Bucarest; con el  patriarca Neófito de Bulgaria en Sofía, y en Macedonia, el Papa tendrá un encuentro ecuménico e interreligioso con los jóvenes de este país.

   El viernes 31 de mayo, tras ser recibido por el presidente Klaus Johannis y el primer ministro, Viorica Dăncilă en el palacio Cotroceni, el Papa se reunirá también con el patriarca Daniel y el sínodo permanente en el palacio patriarcal. Luego tendrá lugar un momento muy especial de oración organizado en la nueva Catedral ortodoxa, llamada la Catedral de la Nación, donde el Papa Francisco y el Patriarca Daniel rezarán, junto a miles de creyentes de todas las confesiones, la oración del Padre Nuestro.

Dimensión pastoral: un sueño

En mayo de 1999, el Papa San Juan Pablo II tenía un sueño, un sueño suyo personal y uno de Dios. Quería visitar todo el país y visitar la tierra de los mártires; sin embargo, su visita fue restringida y limitada solo a la ciudad de Bucarest. El santo decía: me hubiera gustado conocerte personalmente. Lamentablemente, no fue posible. Esta noche tomo las palabras que Pedro, después de Pentecostés, dirigió a los que obedecieron la promesa de Dios: Derramaré Mi Espíritu por todo el cuerpo, y tus hijos e hijas profetizarán a los más jóvenes. Las suyas verán sus visiones y los sueños de sus mayores soñarán (Hch 2,17).

   En estos días, el Espíritu te confía a ti, el joven, el sueño de Dios: que todos los hombres formen parte de su familia, que todos los cristianos sean uno.  ¡Entra con este sueño en el nuevo milenio! El primer sueño de Wojtyla se realiza: el Papa Francisco estará no solo en la capital sino también en otras regiones de Rumania.

   El Papa Francisco quiere así ser portador de una Iglesia esperanzadora: “La Iglesia es enviada a despertar esta esperanza en todas partes, especialmente donde es ahogada por condiciones existenciales difíciles. La Iglesia es la casa en la que las puertas están siempre abiertas no solo para que todos puedan encontrar acogida y respirar amor y esperanza, sino para que nosotros podamos salir para llevar este amor y esta esperanza.” (EG 33).

   Por la tarde del día 31, el Santo Padre celebrará la Eucaristía en la Catedral S. Iosif en Bucarest, construida entre 1873-1884 según los planos del arquitecto vienés Friedrich von Schmidt y consagrada el 15 de febrero de 1884.

   A lo largo de su historia, cientos de miles de personas han cruzado el umbral para ser bautizados, para contraer matrimonio, para escuchar la Palabra de Dios y una palabra de consuelo, para orar o para elevar el corazón escuchando un concierto de música sacra. Al mismo tiempo, la catedral acogió numerosos eventos religiosos y culturales que marcaron la historia.

Dimensión mariana

Otro aspecto de continuidad con el papa Francisco es la dimensión mariana de la visita apostólica. La tradición llama a Rumanía con el hermoso título de “El Jardín de la Madre de Dios”, porque la Virgen María es alma de todos los cristianos: ortodoxos y católicos. Es una figura muy amada y es la principal devoción en Rumania.

   El sábado 1 de junio el Santo Padre visitará el santuario mariano de Șumuleu Ciuc de Transilavania, que nos revela que en Rumanía hay una gran mezcla de minorías. Rumanía es una pequeña Europa, unida pero diversa por la fe y la lengua. El santuario es una basílica papal menor dedicada a la Santísima Virgen, pastoreada por la Orden Franciscana, cuya presencia en la zona se puede documentar a partir de la segunda mitad del siglo XIV.

   La fecha de la construcción de la primera iglesia es desconocida, pero la historia registró la reconstrucción del edificio entre 1442-1448 como resultado de la destrucción causada por las invasiones turcas. La reconstrucción fue financiada por el Príncipe Iancu de Hunedoara, quien, a través de este gesto, expresó su agradecimiento por ganar la batalla de 1.442 contra los turcos. La iglesia barroca fue consagrada en 1876, y en 1948 el Papa Pío XII la elevó al rango de basílica menor. La arquitectura interior de la basílica mariana de Șumuleu es representativa por los altares de Jesús el Sufridor y San Juan Bautista. Otros altares están dedicados a los santos John Nepomuk, Ana, Elizabeth, Margareta de Cortona, Francis de Assisi, Anton de Padova.

   La más importante para los peregrinos es la estatua policromada de la Santísima Virgen María, que domina el altar central. La obra está fechada entre 1510-1515 y el autor es desconocido. La estatua representa a la mujer vestida de sol del libro del Apocalipsis (12,1), que sostiene al Niño Jesús. La estatua, que no fue dañada por el fuego de 1661, fue declarada milagrosa en 1798, con el título de Madre auxiliar.

El autorBasile Bogdan Buda

Responsable nacional de los greco católicos rumanos en España.

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