Vaticano

El Papa muestra su cercanía con la isla de La Palma por la erupción del volcán

Durante el rezo del Angelus, el Papa Francisco ha comentado el Evangelio del domingo, llamando a ser personas acogedoras, que no dividen ni juzgan. Además, mostró su apoyo con los afectados por la erupción del volcán de la isla de La Palma.

David Fernández Alonso·27 de septiembre de 2021·Tiempo de lectura: 3 minutos
angelus del papa
Foto: ©2021 Catholic News Service / U.S. Conference of Catholic Bishops.

El Papa Francisco advirtió, durante sus palabras en el rezo del Angelus del domingo, sobre el peligro de dividir y escandalizar a los demás: «El Evangelio de la Liturgia de hoy nos cuenta un breve diálogo entre Jesús y el apóstol Juan, que habla en nombre de todo el grupo de discípulos. Habían visto un hombre que expulsaba demonios en nombre del Señor, pero se lo impidieron porque no formaba parte de su grupo. Jesús, a este punto, les invita a no obstaculizar a quien trabaja por el bien, porque contribuye a realizar el proyecto de Dios (cfr Mc 9,38-41). Luego advierte: en lugar de dividir a las personas en buenos y malos, todos estamos llamados a vigilar nuestro corazón, para no sucumbir al mal y dar escándalo a los demás (cfr vv. 42- 45.47-48)».

«Las palabras de Jesús», asegura Francisco, «desvelan una tentación y ofrecen una exhortación. La tentación es la de la cerrazón. Los discípulos querían impedir una obra de bien solo porque quien la realizaba no pertenecía a su grupo. Piensan que tienen “la exclusiva sobre Jesús” y que son los únicos autorizados a trabajar por el Reino de Dios. Pero así terminan por sentirse predilectos y consideran a los otros como extraños, hasta convertirse en hostiles con ellos. Cada cerrazón, de hecho, hace tener a distancia a quien no piensa como nosotros. Esto – lo sabemos – es la raíz de muchos grandes males de la historia: del absolutismo que a menudo ha generado dictaduras y de muchas violencias hacia quien es diferente».

Afirmó el Santo Padre que «es necesario velar sobre la cerrazón también en la Iglesia. Porque el diablo, que es el divisor – esto significa la palabra “diablo” – siempre insinúa sospechas para dividir y excluir. Tienta con astucia, y puede suceder como a esos discípulos, ¡que llegan a excluir incluso a quien había expulsado al mismo diablo! A veces también nosotros, en vez de ser comunidad humilde y abierta, podemos dar la impresión de ser “los primeros de la clase” y tener a los otros a distancia; en vez de tratar de caminar con todos, podemos exhibir nuestro “carné de creyentes” para juzgar y excluir».

«Pidamos la gracia», prosiguió el Papa, «de superar la tentación de juzgar y de catalogar, y que Dios nos preserve de la mentalidad del “nido”, la de custodiarnos celosamente en el pequeño grupo de quien se considera bueno: el sacerdote con sus fieles, los trabajadores pastorales cerrados entre ellos para que nadie se infiltre, los movimientos y las asociaciones en el propio carisma particular, etc. Todo esto corre el riesgo de hacer de las comunidades cristianas lugares de separación y no de comunión. El Espíritu Santo no quiere cierres; quiere apertura, comunidades acogedoras donde haya sitio para todos».

Concluyendo esas palabras, insistió en la necesidad de cortar cuando encontramos algo que perjudica el alma: «Y después en el Evangelio está la exhortación de Jesús: en vez de juzgar todo y a todos, ¡estemos atentos a nosotros mismos! De hecho, el riesgo es el de ser inflexibles hacia los otros e indulgentes hacia nosotros mismos. Y Jesús nos exhorta a no pactar con el mal con imágenes que impactan: “Si hay algo en ti que es motivo de escándalo, córtatelo!” (cfr vv. 43-48). No dice: “Piensa sobre ello, mejora un poco…”. No: “¡Córtatelo! Jesús es radical, exigente, pero por nuestro bien, como un buen médico. Cada corte, cada poda, es para crecer mejor y llevar fruto en el amor. Preguntémonos entonces: ¿Qué hay en mí que contrasta con el Evangelio? ¿Qué quiere Jesús, en concreto, que corte en mi vida?»

Después del Angelus, además de hacer mención a la Jornada del Migrante y del refugiado, el Papa Francisco se acordó de mostrar su apoyo a la isla de La Palma, que está sufriendo la erupción de un volcán que está causando estragos materiales. «Expreso mi cercanía», afirmó Francisco, «y solidaridad a los afectados por la erupción del volcán en la isla de La Palma, en las Islas Canarias. Pienso especialmente en los que se vieron obligados a abandonar sus hogares».

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