Vaticano

El Papa asegura que enseñar a rezar es una tarea esencial de la Iglesia

El Papa Francisco ha reflexionado sobre la Iglesia como maestra de oración,  y ha afirmado que “sin fe, todo se derrumba; y sin oración, la fe se extingue”. 

David Fernández Alonso·14 de abril de 2021·Tiempo de lectura: 5 minutos
el papa en la audiencia
Foto: ©2021 Catholic News Service / U.S. Conference of Catholic Bishops.

La audiencia general de esta mañana se ha celebrado a las 9.15 horas, como es habitual, en la Biblioteca del Palacio Apostólico Vaticano. Echamos de menos esas audiencias con público, en las que el Papa se dirige personalmente a los fieles que se congregan en el Aula Pablo VI o en la Plaza de san Pedro.

El Papa, continuando el ciclo de catequesis sobre la oración, ha centrado su meditación en el tema: “La Iglesia maestra de oración”. Después de resumir su catequesis en las diferentes lenguas, el Santo Padre dirigió saludos especiales a los fieles de distintas lenguas. La Audiencia General concluyó con el rezo del Pater Noster y la Bendición Apostólica.

La Iglesia es maestra de oración

“La Iglesia es una gran escuela de oración”, comenzó Francisco. “Muchos de nosotros hemos aprendido a decir nuestras primeras oraciones de las rodillas de nuestros padres o abuelos. Tal vez apreciamos el recuerdo de nuestra madre y nuestro padre, que nos enseñaron a rezar nuestras oraciones antes de irnos a dormir. Esos momentos de recogimiento suelen ser aquellos en los que los padres escuchan algunas confidencias íntimas de sus hijos y pueden dar sus consejos inspirados en el Evangelio. Luego, en el camino de crecimiento, hay otros encuentros, con otros testigos y maestros de oración (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 2686-2687). Es bueno recordarlos”.

“La vida de una parroquia y de toda comunidad cristiana está marcada por los tiempos de la liturgia y la oración comunitaria. Ese don que en la infancia recibimos con sencillez, nos damos cuenta de que es un gran patrimonio, un patrimonio riquísimo, y que se debe profundizar en la experiencia de la oración cada vez más (cf. ibíd., 2688). El vestido de la fe no está almidonado, se desarrolla con nosotros; no es rígido, crece, incluso a través de momentos de crisis y resurrección; de hecho, no se puede crecer sin momentos de crisis, porque la crisis te hace crecer: es una forma necesaria de crecer entrar en crisis”.

La oración es nuestra fuerza

“Y el aliento de la fe es la oración: crecemos en la fe tanto como aprendemos a rezar. Después de ciertos pasajes de la vida, nos damos cuenta de que sin la fe no habríamos podido salir adelante y que la oración ha sido nuestra fuerza. No sólo la oración personal, sino también el de nuestros hermanos y hermanas, y el de la comunidad que nos ha acompañado y apoyado, el de las personas que nos conocen, el de las personas a las que pedimos que recen por nosotros”.

Sin fe, todo se derrumba; y sin oración, la fe se extingue. La fe y la oración, juntas. No hay otra manera. Por eso, la Iglesia, que es casa y escuela de comunión, es casa y escuela de la fe y de la oración

Papa FranciscoAudiencia general del 14 de abril de 2021

“También por esta razón”, continúa el Pontífice, haciendo hincapié en la enseñanza de la Iglesia sobre la oración, “en la Iglesia surgen continuamente comunidades y grupos dedicados a la oración. Algunos cristianos sienten incluso la llamada a hacer de la oración la acción principal de sus días. En la Iglesia hay monasterios, hay conventos, ermitas, donde viven personas consagradas a Dios y que a menudo se convierten en centros de irradiación espiritual. Son comunidades de oración que irradian espiritualidad. Son pequeños oasis en los que se comparte la oración intensa y se construye día a día la comunión fraterna. Son células vitales, no sólo para el tejido de la Iglesia, sino para la propia sociedad. Pensemos, por ejemplo, en el papel que el monacato ha desempeñado en el nacimiento y crecimiento de la civilización europea, y también en otras culturas. Rezar y trabajar en comunidad hace que el mundo avance. Es un motor”.

¿Dónde está la oración?

“Todo en la Iglesia nace en la oración, y todo crece en la oración. Cuando el Enemigo, el Maligno, quiere luchar contra la Iglesia, lo hace en primer lugar intentando secar sus fuentes, impidiendo que rece. Por ejemplo, lo vemos en ciertos grupos que se ponen de acuerdo para llevar a cabo reformas eclesiales, cambios en la vida de la Iglesia… Están todas las organizaciones, están los medios de comunicación que informan a todo el mundo… Pero la oración no se ve, no se reza. “Tenemos que cambiar esto, tenemos que tomar esta decisión que es un poco fuerte…”. Es interesante la propuesta, es interesante, sólo con la discusión, sólo con los medios de comunicación, pero ¿dónde está la oración?”

“La oración es lo que abre la puerta al Espíritu Santo, que es quien inspira a seguir adelante. Los cambios en la Iglesia sin oración no son cambios de la Iglesia, son cambios de grupo. Y cuando el Enemigo -como dije- quiere combatir a la Iglesia, lo hace en primer lugar tratando de secar sus fuentes, impidiéndole rezar, y [haciendo que] haga estas otras propuestas. Si la oración cesa, durante un tiempo parece que todo puede seguir como siempre -por inercia-, pero al poco tiempo la Iglesia se da cuenta de que se ha convertido en una cáscara vacía, que ha perdido su columna vertebral, que ya no posee la fuente de calor y amor”.

El Papa ha reflexionado sobre la vida de los santos: “Las mujeres y los hombres santos no tienen una vida más fácil que los demás, al contrario, también tienen sus propios problemas a los que enfrentarse y, lo que es más, a menudo son objeto de oposición. Pero su fuerza es la oración, que siempre sacan del “pozo” inagotable de la Madre Iglesia. Con la oración alimentan la llama de su fe, como se hacía con el aceite de las lámparas. Y así avanzan caminando con fe y esperanza. Los santos, que a menudo cuentan poco a los ojos del mundo, son en realidad los que lo sostienen, no con las armas del dinero y del poder, de los medios de comunicación y demás, sino con las armas de la oración”.

El aceite de la oración

“La lámpara de la verdadera fe de la Iglesia estará siempre encendida en la tierra mientras exista el aceite de la oración. Es lo que lleva la fe y lleva nuestra pobre, débil y pecadora vida, pero la oración la lleva con seguridad. Es una pregunta que debemos hacernos los cristianos: ¿rezo? ¿Rezamos? ¿Cómo rezo? ¿Como los loros o rezo con el corazón? ¿Cómo rezo? ¿Rezo seguro de que estoy en la Iglesia y rezo con la Iglesia, o rezo un poco según mis ideas y dejo que mis ideas se conviertan en oración? Esto es una oración pagana, no una oración cristiana. Repito: podemos concluir que la lámpara de la fe estará siempre encendida en la tierra mientras exista el aceite de la oración”.

Rezar y enseñar a rezar

Y casi en conclusión, Francisco afirmó que “ésta es una tarea esencial de la Iglesia: rezar y enseñar a rezar”.

“Transmitir de generación en generación la lámpara de la fe con el aceite de la oración. La lámpara de la fe que ilumina, que realmente arregla las cosas como son, pero que sólo puede seguir con el aceite de la oración. Si no, se apaga. Sin la luz de esta lámpara, no podríamos ver el camino para evangelizar, es más, no podríamos ver el camino para creer bien; no podríamos ver los rostros hermanos para acercarse y servir; no podríamos iluminar la sala donde nos reunimos en comunidad… Sin fe, todo se derrumba; y sin oración, la fe se extingue. La fe y la oración, juntas. No hay otra manera. Por eso, la Iglesia, que es casa y escuela de comunión, es casa y escuela de la fe y de la oración”.

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