Vaticano

El Papa a los periodistas: «Una misión de explicar el mundo y hacerlo menos oscuro»

Dos periodistas han recibido, de manos del Papa Francisco, la Gran Cruz de la Orden del Plan, que suele concederse a los jefes de Estado. En el acto de entrega de la condecoración, el Papa aprovechó para dirigir unas palabras al mundo del periodismo.

Giovanni Tridente·24 de noviembre de 2021·Tiempo de lectura: 3 minutos
Valentina alazraki
Foto: ©2021 Catholic News Service / U.S. Conference of Catholic Bishops.

Por primera vez en la historia de la Santa Sede, dos periodistas recibieron de manos del Papa Francisco, el 13 de noviembre, la Gran Cruz de la Orden Piana, que suele concederse a los jefes de Estado. Se trata de Valentina Alazraki, de la televisión mexicana Televisa, y Phil Pullella, de Reuters, profesionales que llevan varias décadas cubriendo el Vaticano. Ambos son, de hecho, «decanos» de los llamados «vaticanistas», el grupo de periodistas que viven en Roma y que siguen a diario todas las actividades del Vaticano y de la Santa Sede, y vuelan con el Papa en sus viajes internacionales por todo el mundo. Alazraki, por ejemplo, ha realizado más de 150 viajes siguiendo a los tres últimos pontífices.

Para la ocasión, el Santo Padre dirigió un mensaje a toda la comunidad de profesionales de la información, de los cuales una representación estaba presente en la sala, para decirles que con este honor pretendía «rendir homenaje a toda vuestra comunidad de trabajo», así como mostrar «que os ama, os sigue, os estima, os considera preciosos».

En esta ocasión, el Papa Francisco ha dado una pequeña lección de periodismo, recordando los elementos fundamentales que caracterizan -o deben caracterizar- una profesión verdaderamente al servicio del bien y de la verdad, vivida como una «misión» natural de «explicar el mundo», «hacerlo menos oscuro», para que «los que viven en él le tengan menos miedo y miren a los demás con mayor conciencia, y también con mayor confianza».

Esta verdadera vocación debe basarse en tres importantes pilares. En primer lugar, escuchar a los protagonistas de las historias que se cuentan, lo que significa también ver, estar ahí, para captar matices y sensaciones a través de un necesario encuentro personal «insustituible».

El segundo pilar se refiere al análisis en profundidad, a la capacidad de penetrar en el contexto de las situaciones para evitar la simplificación y el contraste, muy en boga hoy en día en el panorama mediático y de la web.

Por último, contar, lo que no significa «ponerse en primer plano, ni erigirse en juez», sino adquirir la actitud que lleva a «dejarse golpear y a veces herir por las historias que encontramos, para poder narrarlas con humildad a nuestros lectores».

El deseo del Papa es, por tanto, tratar con periodistas y comunicadores «apasionados por la realidad, capaces de encontrar los tesoros que se esconden en los pliegues de nuestra sociedad y de contarlos, permitiendo que nos impacte, que aprendamos, que ampliemos nuestras mentes, que captemos aspectos que antes no conocíamos».

Esta capacidad de empatizar con los problemas de la gente, de captar los elementos de la verdad, de contextualizarlos y de relatarlos con amabilidad se aplica también a todos los acontecimientos relacionados con la Iglesia, que «no es una gran empresa multinacional dirigida por directivos que estudian en la mesa cómo vender mejor su producto», sino que ha nacido y existe «para reflejar la luz de Otro, la luz de Jesús».

El Papa Francisco no es ajeno a dar indicaciones útiles a los periodistas para que puedan cumplir mejor su delicada tarea de servicio. Muy a menudo, en discursos, entrevistas, mensajes y saludos, ha destacado algunas de sus «convicciones comunicativas» y «consejos virtuosos» como remedio a lo que ha definido en alguna otra ocasión como los «pecados de los medios de comunicación». Entre ellas se encuentran la desinformación, la calumnia y la difamación.

Frente a estas «violaciones de la verdad», el Pontífice ha reiterado en varias ocasiones la necesidad de priorizar el amor a la verdad, el bien y la belleza, una «tríada existencial» como la definió en su primera audiencia con periodistas una vez elegido en 2013.

La escucha también forma parte de esa «proximidad y cultura del encuentro» típica de otros pronunciamientos de su Magisterio, consciente de que la implicación personal se convierte así en la raíz misma de la fiabilidad del comunicador.

En todo ello surge la responsabilidad, la actitud que lleva a mantener un alto nivel ético en el trabajo, evitando la superficialidad y siendo siempre respetuoso con las personas, tanto con las que son objeto de información como con las receptoras del mensaje.

El Papa también habla de esperanza, refiriéndose a un tipo de información y comunicación que es constructiva. Frente a las opiniones derrotistas o pesimistas, la actitud correcta -que es una tarea y también un compromiso- debe ser positiva, dejando espacio para las cosas buenas que suceden.

Por último, el Papa es consciente de que los centros neurálgicos donde se concentra la mayor parte de las noticias están en los grandes centros. Sin embargo, esto no debe hacernos olvidar las innumerables historias de los que viven lejos, en la distancia, en los ya famosos suburbios, donde junto al sufrimiento y la degradación hay ciertamente historias de gran solidaridad, que pueden ayudar a todos a mirar la realidad de una manera renovada.

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