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El mito del mayo de 1968

Omnes·3 de mayo de 2018·Tiempo de lectura: 2 minutos

Los hechos de 1968 se han transformado en un mito, para el que se ofrecen diversas interpretaciones. ¿Se trató de una “revolución”, o de un fenómeno más en una crisis más amplia?

TEXTO – Onésimo Díaz
Investigador y profesor de “Historia, cultura y cristianismo en el siglo XX” en la Universidad de Navarra

El 68 ha sido objeto de interpretaciones de todo tipo. Los hechos se transformaron en un mito, y no parece sencillo analizar fríamente lo que pasó y por qué pasó lo que pasó en torno a mayo del 68.

En los años sesenta, la juventud occidental se sentía incómoda con el modo de vivir de sus padres. La generación del baby boom, que había nacido en la segunda posguerra mundial, se rebeló contra un sistema de valores aburrido y caduco. Estos jóvenes, formados en el bienestar económico y con acceso a la Universidad, se declararon anticonformistas y contestatarios contra todo poder y autoridad. Los chicos abandonaron las americanas y las corbatas, y se vistieron con pantalones vaqueros y chaquetas de tipo militar, mientras las chicas cambiaron los tacones altos y los vestidos largos por pantalones y minifaldas.

Esta generación se sentía atraída por las ideas izquierdistas y anticapitalistas. Sus grandes referentes eran Marx, Freud, Mao y Marcuse. De éstos cuatro el más influyente fue el filósofo judío Herbert Marcuse, que había dejado la Escuela de Fráncfort tras el ascenso de Hitler al poder. Este profesor, expulsado de varias universidades norteamericanas acusado de filocomunista, exhortó a luchar contra el poder establecido a los estudiantes, las minorías raciales y los obreros. En 1967 recibió aplausos y alabanzas durante las conferencias pronunciadas en Alemania y Francia. Su mensaje, favorable a una liberación sexual, encontró eco en un sector inquieto de los universitarios de todo el mundo. A partir de la primavera de 1968, en distintas universidades occidentales se sucedieron sin solución de continuidad manifestaciones contra la sociedad imperialista, belicista y capitalista. Las ideas de Marcuse se habían extendido y popularizado hasta la acuñación del lema: sexo, drogas y rock and roll. En aquellos días, los movimientos contraculturales (hippies y rockeros) incitaban a una postura rebelde contra la cultura tradicional. Los jóvenes se identificaron con el mensaje inconformista de Marcuse y desearon cambiar todo movidos por un afán de experimentar sin barreras ni normas.

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