Vaticano

El Estado de la Ciudad del Vaticano, pasado y presente

Desde la Santa Sede el Papa gobierna la Iglesia universal. Para conseguirlo se apoya en la existencia de un Estado, el Estado de la Ciudad del Vaticano, que le garantiza la independencia suficiente para llevar a cabo su labor.

Ricardo Bazán·4 de octubre de 2022·Tiempo de lectura: 11 minutos
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La brecha de la Puerta Pía el 20 de septiembre de 1870, en la ciudad de Roma, marcó la pérdida de los Estados Pontificios, símbolo del poder temporal del Papa a lo largo de los siglos. Este hecho histórico puede ser abordado desde diversos puntos de vista: político, histórico, jurídico, eclesiástico. Para la Iglesia católica, y en particular para el Papa Pío IX, fue una situación traumática. Es lógico que nos hagamos la pregunta de si a la Iglesia le interesaba seguir conservando unos territorios y un poder temporal cuando su misión es sobrenatural. Lo cierto es que esos territorios se perdieron para siempre y ello significó la unificación del territorio italiano en el Reino de Italia. Sin embargo, hoy en día nos encontramos con que en territorio italiano, en la ciudad de Roma, se encuentra uno de los estados más pequeños del mundo, con tan solo 0.49 km2: el Estado de la Ciudad del Vaticano.

La cuestión romana

Tras la caída de los Estados Pontificios, se produce una fractura de las relaciones entre la Iglesia y el nuevo Reino de Italia, conocida como la cuestión romana. En esta cuestión, Pío IX no reconoce al reino italiano y decide considerarse como prisionero en el Vaticano, unos territorios al otro lado del río Tíber, donde se levanta la basílica de San Pedro. Hasta ese momento, los Papas habían vivido en el Palacio del Quirinal, ahora sede del presidente de la República de Italia. 

Fue tan fuerte la presión que Pío IX ejercía que prohibió a los católicos italianos participar en las elecciones. No podían ser elegidos ni ser electores (nè eletti, nè elettori), como un modo de protesta, a la vez que se buscaba no legitimar la existencia del estado italiano. Así las cosas, la cuestión romana permaneció abierta hasta su resolución con los Pactos Lateranenses de 1929, a través de los cuales se crea el Estado de la Ciudad del Vaticano.

Independencia necesaria

¿Por qué a la Iglesia le interesaba mantener un territorio? Básicamente se trata de la independencia en las cosas temporales. Esta ha sido una lección de siglos. La paz de Constantino significó un respiro para los cristianos frente a las cruentas persecuciones romanas. Sin embargo, el precio a pagar parece haber sido alto, pues desde ese momento la Iglesia debió someterse al poder del emperador, más adelante, a los intereses de los distintos reyes o príncipes que buscaron hacerse con el poder tras la caída del imperio de Carlomagno. Quedó claro que convenía tener unos territorios que garantizaran una cierta independencia del poder temporal, aunque eso incluyera tener su propio ejército y su propia armada. Sin embargo, para la entonces cristiandad europea, el verdadero poder del Papa era un poder en las cosas divinas.

Los Papas que sucedieron a Pío IX tenían claro que era necesario poner punto final a la cuestión romana, no sólo por la falta de relaciones con Italia, sino también para que la Iglesia pudiera ejercer su misión. Durante el resto del pontificado de Pío IX la Iglesia pareció haberse cerrado al mundo, y los esfuerzos de León XIII no fueron suficientes, mientras no se resolviera esa fractura. Es así que iniciaron las conversaciones entre las dos partes, que culminaron con la firma de los tratados en el Palacio del Laterano, el 11 de febrero de 1929, teniendo como contenido el reconocimiento de la independencia y soberanía de la Santa Sede y la creación del Estado de la Ciudad del Vaticano. Además incluía el concordato que definía las relaciones civiles y religiosas en Italia entre la Iglesia y el gobierno italiano. Todo esto bajo la batuta del entonces Cardenal Secretario de Estado, Pietro Gasparri, del lado de la Santa Sede, y Jefe del gobierno Primer Ministro, Benito Mussolini, por el Reino de Italia.

Estas relaciones son muy estrechas, teniendo en cuenta que hablamos de un territorio dentro del estado italiano. Por eso mismo, en el Concordato se establece que Italia garantiza la soberanía del Estado Vaticano, evitando cualquier tipo de injerencia, incluso de posibles ocupantes. Por ejemplo, en caso de que Italia entre en guerra, como sucedió en la Segunda Guerra Mundial. El Concordato desciende a detalles tales como el aprovisionamiento del agua, así como el sistema ferroviario; de hecho, el Vaticano cuenta con su propia estación, que actualmente funciona, y permite que los visitantes, partiendo desde la antigua estación, puedan ir en tren a Castel Gandolfo, una residencia papal ubicada en la localidad del mismo nombre.

Funcionamiento del Estado

Aunque para la mayoría de personas el Estado de la Ciudad del Vaticano y la Santa Sede son lo mismo, lo cierto es que son dos entidades que conviene diferenciar para entender mejor cómo funciona el gobierno de la Iglesia. La Santa Sede es el organismo que dirige la Iglesia en todo el mundo. A su cabeza está el Papa, que gobierna asistido por los dicasterios. El Estado Vaticano, por el contrario, es la institución que da soporte material a las entidades que gobiernan la Iglesia. Aunque su máxima autoridad también es el Papa, sus funciones están delegadas en una comisión para el gobierno de la Ciudad del Vaticano.

¿Cómo funciona el Estado de la Ciudad del Vaticano? En primer lugar, habría que decir que estamos frente a un Estado muy particular, pues técnicamente es una monarquía, en cuanto que el Papa es el máximo jerarca, que ostenta todos los poderes, es decir, el poder ejecutivo, el poder legislativo y el poder judicial. Esto es así porque el estado fue creado para garantizar la independencia de la Santa Sede en el desarrollo de su misión evangelizadora. Por eso, el Papa reside allí y tiene todas las prerrogativas que corresponden a un monarca. Esto es extraño en nuestros tiempos porque los actuales reyes o monarcas no ejercen un verdadero poder como antaño, sino que son figuras representativas con algunas funciones de jefes de Estado. En la actualidad son más bien otros órganos, como los parlamentos los que ejercen el poder. Sin embargo, los organismos que componen al Estado Vaticano han sido reducidos a la mínima expresión, según las necesidades del caso y siempre mirando la misión de la Iglesia. Un ejemplo de ello es que su población es de 618 habitantes, de los cuales solo 246 viven dentro de las murallas vaticanas, incluidos los miembros de la Guardia Suiza.

Los tres poderes

Si bien es cierto que el Papa ostenta todo el poder, por motivos de prudencia y de buen gobierno, este poder lo ejercen de manera permanente algunos órganos que han sido designados para eso. Así pues, el poder judicial reside en un juez único, una Corte de Apelación y una Corte de Casación, los cuales ejercen sus funciones en nombre del Papa. Por otro lado, el poder legislativo es ejercido tanto por el romano pontífice, como por la Pontificia Comisión para el Estado de la Ciudad del Vaticano. Por último, el poder ejecutivo lo ejerce el cardenal Presidente de la Pontificia Comisión para el Estado de la Ciudad del Vaticano, cuyo nombre simplificado es el de Presidente del Governatorato, actualmente Mons. Fernando Vérgez Alzaga.

Como todo Estado, necesita de un cuerpo u organismo que proteja a los ciudadanos, y por supuesto, al Papa, por ello, el Estado de la Ciudad del Vaticano cuenta con el Cuerpo de la Gendarmería. Ellos se encargan del orden público, la seguridad y la función de policía judiciaria. Este organismo tiene una antigüedad de dos siglos, cuando ostentaba el nombre de Cuerpo de Carabineros Pontificios. De hecho, fueron ellos los que tuvieron que hacer frente a las tropas que tomaron Roma en 1870. Unido a este cuerpo, se encuentran el Cuerpo de Bomberos, cuya función, además de extinguir incendios, consiste en brindar seguridad y cuidar la vida y los bienes antes diversas catástrofes. El trabajo de estos dos cuerpos no es poca cosa pues, aunque se trate de un territorio muy pequeño, cada día deben hacer frente a miles de peregrinos que visitan este original estado, especialmente la basílica de San Pedro y los Museos Vaticanos.

En efecto, esto último es algo muy peculiar, pues estamos hablando de un estado, por lo tanto, tiene sus fronteras, a pesar de estar dentro de otro Estado. El Estado Vaticano está rodeado por las antiguas murallas, que lo protegen y que al mismo tiempo lo delimitan, sin embargo, existen algunos ambientes a los que los visitantes sí pueden acceder, como son los ya mencionados, la basílica de San Pedro y los Museos Vaticanos, que cada día reciben a miles de personas que llegan a rezar o a visitar las incalculables obras de arte que allí se encuentran.

La basílica de San Pedro

Muchos otros monumentos custodian las murallas vaticanas. La basílica de San Pedro es una de las principales, pero dentro de ella podemos visitar las Grutas Vaticanas, unos ambientes debajo de la basílica que albergan los cuerpos de los difuntos pontífices, sin mencionar la tumba del mismo príncipe de los apóstoles, san Pedro. Pasando la sacristía está el Tesoro de San Pedro, donde se exponen ornamentos sagrados, estatuas, tiaras papales y otros regalos de reyes o príncipes. Especial interés suscitan la necrópolis pre-constantiniana o más conocida como scavi vaticani, unas sepulturas paganas del siglo II a.C, a las que se unieron sepulturas de cristianos, que buscaban enterrarse cerca del lugar donde se cree que está enterrado el mismo Pedro.

Pero no todo son monumentos y palacios. El Estado de la Ciudad del Vaticano cuenta con leyes y reglamentos propios, pues no deja de ser un estado, por ello, ha debido adecuarse a las normas internacionales, como las que corresponden a la prevención de actividades ilícitas en ámbito financiero, monetario, de la prevención del lavado de activos, etc. Así mismo, cuenta con normas sobre la protección de menores y de personas vulnerables, todo ello en coherencia con la política del Papa Francisco de cero tolerancia ante el abuso de menores. Por eso, en los últimos años, este Estado ha debido adecuar sus normas y código penal a las exigencias actuales.

Hemos hecho una radiografía del Vaticano, que no es más que una fórmula humana que permite a los romanos pontífices y a la Iglesia poder cumplir con ese mandato que Cristo les dio: evangelizar a todos los pueblos. ¿Es necesaria toda esa estructura de un estado para llevar a cabo esa misión? No necesariamente, pero es muy conveniente, pues la historia demuestra que la Iglesia necesita de un mínimo de poder temporal que le dé una cierta independencia en el ejercicio de su función, libre de los avatares políticos del momento, de modo que no oscile entre ese extremo del cesaropapismo, es decir, la subordinación de la Iglesia al Estado, o la hierocracia, la subordinación del Estado a la Iglesia. Prueba de ello es el modo como el Papa delega sus funciones de monarca en unos órganos a quienes les compete mantener un estado al servicio de la Iglesia, y por tanto, de las almas. n

El vaticano a fondo

—texto Javier García Herrería

La Ciudad del Vaticano es un estado a todos los niveles. Por eso posee himno, bandera o tribunales; y también emite pasaportes, sellos, monedas o matrículas de coches. La bandera vaticana está formada por dos franjas verticales con los colores amarillo y blanco. En la zona blanca están las llaves del Reino de los Cielos entregadas por Cristo a san Pedro, símbolo de la autoridad papal. El color blanco simboliza el cielo y la Gracia. 

¿Gendarmería Vaticana o Guardia Suiza?

Tiene los servicios habituales que provee un estado, pero con unas proporciones mínimas. Una de sus principales áreas es la de seguridad. Para ello, el Vaticano cuenta con la Guardia Suiza, por un lado, y con la Gendarmería Vaticana por otro. Como es bien conocido, los poco más de 100 guardias suizos se encargan de la seguridad del Papa y los accesos de algunos puntos del Vaticano.

Está muy extendida la leyenda que cuenta que el emblemático uniforme de la Guardia Suiza fue diseñado por mismísimo Miguel Ángel. Sin embargo, la realidad en este caso es mucho menos poética. Se sabe con toda certeza que la vestimenta fue diseñada por el comandante Jules Repond, quien eliminó los sombreros e introdujo las actuales boinas negras. El uniforme para el uso diario es completamente azul. El uniforme de gala, por el que son mundialmente conocidos, se compone del vistoso collar blanco, guantes y casco ligero con una pluma de avestruz de distintos  colores según la graduación de los oficiales. Los colores son los tradicionales de los Medici: azul, rojo y amarillo, que conjugan bien con los guantes blancos y el cuello blanco.

De la protección del Papa también es responsable la Gendarmería. Se trata de un cuerpo policial encargado también del orden público, el control de fronteras, el control de tráfico, la investigación penal, y la seguridad del Papa fuera del Vaticano. La Gendarmería cuenta con 130 miembros y forma parte del Departamento de Servicios de Seguridad y Defensa Civil, que incluye también el Cuerpo de Bomberos del Vaticano. Es importante no confundir la Gendarmería ​con el Servicio Vaticano de la Policía Italiana, que está formado por los policías italianos que custodian la Plaza de San Pedro y sus alrededores.

Farmacia, correos y observatorio

La Ciudad del Vaticano posee independencia financiera respecto al Estado italiano, por lo que establece sus propias leyes en materia fiscal. Por ejemplo, la farmacia y el supermercado ubicados dentro de sus muros no tienen el impuesto del IVA, por lo que sus productos valen un 25 % menos que en Italia. Estos precios constituyen una gran ayuda para los empleados del Vaticano, pues sus sueldos no son especialmente elevados. Por cierto que la farmacia vaticana ha cumplido recientemente 400 años de servicio a la sede de Pedro. Desde sus comienzos ofrecía un servicio puntero pues sus productos provenían de plantas de todo el mundo facilitadas por los embajadores y misioneros que iban a Roma.

Otro de los servicios más conocidos es el de correos. En un mundo que ha dejado de comunicarse por carta, la numismática vaticana sigue resultando atractiva para muchos peregrinos. A todo el mundo le gusta recibir cartas y más aún si son desde un lugar tan emblemático como la Plaza de San Pedro. Por eso, su amplio local, que está justo a la salida de la Basílica, suele estar abarrotado con frecuencia. Esta es la razón por la que desde hace unos años un camión-tienda de la Poste Vaticane se instala en la Plaza de San Pedro en las épocas de mayor afluencia de peregrinos. 

Del Governatorato también depende la gestión de los Museos Vaticanos. Además de conservar un valioso patrimonio artístico, constituyen una importante fuente de ingresos del Vaticano. Para hacerse una idea de lo grandes que son, basta considerar que tienen 700 empleados, 300 de ellos dedicados solo a la seguridad. 

Desde la llegada del Papa Francisco al pontificado, la residencia veraniega de los Papas en Castel Gandolfo ha dejado de utilizarse. El Papa trabaja en verano y, si descansa, lo hace en Roma. Así las cosas, el Papa Francisco estableció que el palacio y los jardines de Castel Gandolfo pudieran ser visitados por los turistas. Entre las curiosidades que alberga la residencia de Castel Gandolfo está la habitación papal en la que nacieron niños judíos refugiados allí durante la persecución nazi en la Segunda Guerra Mundial.

El Observatorio Astronómico Vaticano. Los tópicos culturales suelen contraponer la fe y la ciencia, pero cualquiera que haya estudiado la historia de la Iglesia sabe que en absoluto ha sido así. La ciencia nació en un contexto cultural cristiano y son muchos los creyentes que se han dedicado a esta noble actividad. Una prueba del interés de la Iglesia por el desarrollo científico es la existencia de este observatorio. Fue creado en 1578 y es uno de los más antiguos del mundo. Sus aportaciones a la historia de la astronomía han sido numerosas y como la contaminación lumínica de la zona ha ido en aumento, la nueva sede del observatorio se ha situado nada menos que en Arizona (Estados Unidos).

Las cuentas del Estado Vaticano y la Santa Sede

El Instituto para las Obras de Religión (IOR), más conocido como el banco vaticano, fue creado en 1942, en plena guerra mundial, para salvaguardar el patrimonio de diócesis e instituciones de la Iglesia que se veían asediadas en algunos lugares del mundo. El IOR ha sido protagonista de muchos titulares y escándalos a lo largo de la última década, aunque sus números son bastante discretos si los comparamos con los de un banco medio. No cabe duda de que es bastante triste que una institución vaticana de este nivel no sea máximamente ejemplar, aunque por suerte tanto Benedicto XVI como Francisco han impulsado notablemente el control y la transparencia de todos los organismos económicos de la Santa Sede y el Estado Vaticano. Uno de los frutos de este proceso fue la publicación en 2021 del patrimonio de ambas entidades por primera vez en la historia. 

En 2020 la Santa Sede tuvo unos ingresos de 248 millones de euros y un gasto de 315 millones de euros. El conjunto de su patrimonio neto asciende a unos 1.379 millones. Las oficinas romanas y las nunciaturas suponen el 36 % del presupuesto total, mientras que el 14 % lo representa el Estado de la Ciudad del Vaticano, el IOR el 18 %, otras fundaciones y fondos el 24 %, el Óbolo de San Pedro es el 5 % y otros fondos relacionados con la Secretaría de Estado, el 3 %. Los gastos del Estado Vaticano son algo inferiores a los de la Santa Sede. Sumadas ambas cantidades el montante asciende a unos 600 millones de euros anuales. Puede parecer una cantidad muy grande, pero no lo es tanto si se compara con el presupuesto de diócesis alemanas como la de Colonia (que supera los 900 millones), u otras diócesis estadounidenses. 

Los ingresos en 2021 provinieron en un 58 % de las rentas, inversiones, visitantes y prestación de servicios; el 23 % fueron donaciones externas (de diócesis u otras instituciones); y el 19 % proviene de entidades vinculadas (como IOR o del Governatorato). Hay que tener en cuenta que la Santa Sede tiene más de 5.000 propiedades inmobiliarias repartidas por todo el mundo: 4.051 en Italia y 1.120 en el extranjero, sin incluir sus embajadas por todo el mundo. Muchas de estas propiedades están alquiladas y procuran estos ingresos.

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