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El congreso ecuménico en Alemania (Kirchentag), la Eucaristía y el Espíritu Santo

El Congreso Ecuménico en Alemania ha sido según Bätzing “un signo de la hermandad de todas las confesiones cristianas en nuestro país”, aunque existen diversidad de opiniones sobre el encuentro celebrado estos días.

José M. García Pelegrín·18 de mayo de 2021·Tiempo de lectura: 5 minutos
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Foto: ©2021 Catholic News Service / U.S. Conference of Catholic Bishops.

Los Congresos Católicos (Katholikentage) tienen una larga tradición en Alemania: se vienen celebrando desde 1848, por regla general cada dos años. En su origen eran Asambleas Generales de asociaciones laicas, como reacción a la opresión que ya entonces sufrían los católicos y que llevaría al conflicto denominado ‘Kulturkampf‘ (guerra cultural) en la década de 1870.

Además de una demostración de la fe, con Misas multitudinarias, cada vez más se han ido extendiendo las mesas redondas o paneles con representantes de la Iglesia y de la política para tratar cuestiones de interés social, cultural, político y eclesiástico. En el lado protestante, el Congreso Evangélico Alemán —aunque con precedentes tanto en el siglo XIX como después de la Primera Guerra Mundial— comenzó a organizarse en 1949. Se suele celebrar alternando con el Congreso Católico.

El tercer Congreso Ecuménico

En 2003, el Comité Central de los Católicos Alemanes —organizador del Congreso Católico desde 1970— y el Congreso Evangélico Alemán celebraron el primer Congreso Ecuménico, en Berlín. En 2010, esta asamblea de católicos y protestantes se desarrolló por segunda vez, en Múnich. Ahora, los días 13 al 16 de mayo ha tenido lugar el tercer Congreso Ecuménico Alemán, en esta ocasión en Fráncfort del Meno (Frankfurt); pero —debido a las restricciones relativas a la pandemia de COVID— sin actos multitudinarios y, en gran parte, de modo virtual.

En su invitación a dicha Asamblea, Mons. Bätzing, presidente de la Conferencia Episcopal Alemana y obispo de Limburgo, en cuyo territorio se encuentra situado Fráncfort, manifestaba que “no se trata tan solo de un encuentro entre católicos y protestantes, sino de un signo de la hermandad de todas las confesiones cristianas de nuestro país: juntos queremos celebrar y dar testimonio de la fe. Juntos queremos expresar que contribuimos a configurar el mundo y nos mantenemos unidos al hacerlo. Defendemos causas que conciernen a la cohesión de la sociedad, la justicia social y la solidaridad mundial”.

Participación de Merkel

En el Congreso Ecuménico —en opinión de Alexander Kissler, redactor del prestigioso diario Neue Zürcher Zeitung (NZZ)— predominaron los temas ecológicos: “El congreso abordó la naturaleza de la política, los retos provocados por el COVID y las respuestas al cambio climático. Fue ecuménico, ya que lo organizaron laicos de las dos principales confesiones cristianas, y eclesial porque los estudios bíblicos y los servicios religiosos enmarcaron los paneles de debate político.

Un acto especialmente destacado tenía como título “Por qué la protección del clima necesita de todas las generaciones”, con la participación de la Canciller Angela Merkel y de Luisa Neubauer, la joven activista que lidera el Alemania el movimiento “Fridays for Future” de Greta Thunberg. El panel estuvo moderado por la presidenta del Congreso, Bettina Limperg. Una cierta perplejidad causó el llamamiento de Merkel en vistas a las elecciones generales al Bundestag, que se celebrarán en septiembre, pues solicitó el voto para un partido que dé prioridad a la protección del medio ambiente: “Quiero que ganen los que trabajen por la protección del clima, por la sostenibilidad, por la biodiversidad”.

Aunque no nombrara al partido en sí, a nadie se le escapa que esos son precisamente los puntos esenciales del programa del partido Los Verdes, que —según actuales encuestas sobre intención de voto—están librando una lucha mano a mano, justamente con el partido de Merkel, CDU, por ser el primer partido (cada uno de ellos, con aproximadamente una intención de voto del 25 %).

Balance positivo de Bätzing

Al finalizar el Congreso, Mons. Bätzing hizo un balance positivo: “Más de 80 actividades —estudios bíblicos, actos de culto, entrevistas y encuentros digitales— han desarrollado un enorme alcance. Muchas personas esperaban que las iglesias cristianas se pronunciaran sobre cuestiones de importancia para el futuro de las personas y la sociedad como la justicia climática o las consecuencias de la pandemia en todo el mundo; pero también hemos tratado la situación de crisis en la Iglesia con los abusos sexuales y la pérdida de confianza”.

Sin embargo, la mayoría de los medios no lo han considerado tan positivamente; además del ya mencionado NZZ, en otro periódico de renombre —el Frankfurter Allgemeine Zeitung— uno de sus editores, Carsten Knop, titulaba su comentario: “Congreso eclesiástico sin Espíritu Santo”, en el que dice: “¿Qué ocurrirá en las iglesias tras el largo parón impuesto por la pandemia? Uno de los presentes en el Congreso mencionó una encuesta según la cual, tras el COVID, solo volverá el 60 % de los que antes acudían a la iglesia. Para esto, el Congreso no tuvo respuesta. Estamos en vísperas de Pentecostés, pero este signo de un nuevo comienzo no desempeñó papel alguno. El veneno contra el Espíritu Santo, sin embargo, es el deseo de bastarse a sí mismo, de ocuparse de sí mismo. Aquí los participantes se ocuparon digitalmente de sí mismos; intercambiaron conocidas tesis sobre economía, la protección del clima y la política social. Pero, queridas iglesias, tanto cierta modestia como la prepotencia es sencillamente una falta de espíritu”.

Sobre la Eucaristía

Regina Einig, redactora del semanario católico “Die Tagespost”, escribe: “Nadie está en condiciones de decir exactamente quién se ha interesado por el Congreso. Ni siquiera el obispo católico responsable de las relaciones ecuménicas, Mons. Gerhard Feige, habló de la relevancia de este acontecimiento. El planteamiento digital no funcionó: en el lugar de celebración, se podía ver a personas aisladas frente a una pantalla, en vez de rezar juntos. De este modo, el Congreso Ecuménico quedó privado justo de su tradicional rasgo distintivo: imágenes de pabellones llenos, con multitudes cantando y paseando en claro contraste con los bancos de las iglesias medio vacíos”.

“Desde hace más de un año, la mayoría de las comunidades protestantes han dejado de celebrar servicios religiosos presenciales, mientras que las Misas católicas han experimentado un notable descenso de asistencia. La celebración de la Eucaristía conjunta prevista para el sábado por la tarde como acto de exhibición no causó el efecto esperado, pues los organizadores cometieron un error de cálculo: lo que en muchas comunidades se ha convertido en algo habitual no significa ya —desde su punto de vista— una provocación; por esto, el esperado entusiasmo por la demostrativa invitación a la Santa Cena ecuménica brilló por su ausencia, justo allí donde se han impuesto formas especiales. Para los cristianos que piensan en categorías universales, el Congreso Ecuménico resultó inaceptable. Queda la impresión de que las bases han adelantado por la izquierda a los organizadores. Si se tienen en cuenta los efusivos elogios a la Santa Cena individual online, parece que aquellos que veían el Congreso como una ‘ruptura’ van a la zaga de la corriente mayoritaria en Alemania”.

Respecto a esta última cuestión, la más espinosa del Congreso Ecuménico, Mons. Bätzing escribió a los sacerdotes de su diócesis una carta en la que subrayaba que “no puede haber una celebración conjunta de la Santa Misa por parte de clérigos de diferentes confesiones, ni una recepción general de la Eucaristía entre confesiones”. Sin embargo, añadía, “en casos individuales se tolerará”. Continuaba Mons. Bätzing: “Hasta el momento, no es posible una invitación general de todos los bautizados a recibir la Eucaristía, debido a que no existe una plena comunión con la Iglesia. En el Misal católico no existe ninguna forma de invitación a recibir la Eucaristía a los no católicos”.

Diversas opiniones

Sin embargo, en cuatro servicios religiosos evangélicos se invitó a los católicos a participar en la Santa Cena; así lo hizo el presidente del Comité Central de los Católicos Alemanes, Thomas Sternberg, mientras que la presidenta del Congreso Ecuménico, la evangélica Bettina Limperg, se acercaba a recibir la comunión en la Misa celebrada en la catedral católica de Fráncfort. El presidente del Consejo de la Iglesia Evangélica en Alemania (EKD), el obispo Heinrich Bedford-Strohm, participó en unas vísperas ortodoxas; pero en estas no hubo celebración eucarística. 

Mientras que Mons. Bätzing subrayaba que “queremos mostrar así un signo de unidad”, el antiguo Prefecto de la Congregación vaticana para la Doctrina de la Fe, el cardenal Gerhard Ludwig Müller, lo calificó como “una provocación al Magisterio de la Iglesia católica”, pues para el magisterio católico y ortodoxo la comunión eclesial y la sacramental-eucarística están inseparablemente unidas. “No se trata de ecumenismo, sino de una relativización de la fe católica”, concluía.

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