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Diez años de la JMJ de Madrid: una manifestación de fe para España y el mundo

En el décimo aniversario de la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid, recordamos la crónica de aquellos días que supusieron para España y para el mundo un terremoto espiritual.

Enrique Carlier·16 de agosto de 2021·Tiempo de lectura: 12 minutos
JMJ Madrid. Misa multitudinaria en Cuatro Vientos con el Papa Benedicto XVI.

Todavía se notan los benéficos efectos del gran terremoto espiritual que pasó por España hace diez años. Madrid, su epicentro, quedó anegado por casi dos millones de jóvenes peregrinos. No hubo, sin embargo, ni víctimas ni incidentes. Y fue una semana inolvidable para esta nueva generación de Benedicto XVI que disfrutó a tope en su encuentro con Cristo, con el Papa y con la maravilla de la universalidad y de la comunión de la Iglesia. 

Han pasado diez años desde aquella Jornada Mundial de la Juventud (JMJ). No es momento ya de volver sobre lo que todo el mundo pudo seguir en directo, bien a través de la televisión o leyendo la prensa. Es tiempo, más bien, de hacer balance y sacar conclusiones sobre lo que este grandísimo acontecimiento de gracia que desbordó finalmente todas las previsiones ha supuesto para la vida de la Iglesia y, en particular, para España, país anfitrión.

Balance del Papa

El 24 de agosto, Benedicto XVI, ya en Castelgandolfo, realizó su propio balance personal de la JMJ. Resaltó que la JMJ había sido una “celebración inolvidable, una estupenda manifestación de fe para España y para el mundo”, donde la juventud había podido “reflexionar, dialogar, intercambiar experiencias positivas, rezar juntos y renovar el esfuerzo por dedicar la propia vida a Cristo”.

También subrayó la “formidable experiencia de fraternidad que allí vivieron con alegría unos dos millones de jóvenes”. Y recordó cómo aquella “multitud de jóvenes en fiesta no se dejó intimidar en absoluto ni por la lluvia ni por el viento”. 

Valoración del cardenal Rouco

El 23 de agosto, el cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, hizo también su valoración personal. Dijo que la JMJ había sido, sobre todo, “una gran fiesta de la fe –y de la alegría que nace de la fe– de los jóvenes de la Iglesia”, en la cual “se ha dado un testimonio de Cristo de unas dimensiones y de una intensidad enormes”. 

En la Jornada, añadió el arzobispo de Madrid, “se ha experimentado de un modo muy particular la comunión que existe en el seno de la Iglesia; se ha visto a tantos jóvenes vivir una comunión en la fe, en la esperanza y en la caridad. Luego se ha hecho visible en el darse y en el sacrificarse el uno por el otro”.

Recalcó que la edición de Madrid “ha reforzado la convicción de que estas Jornadas forman ya parte de la vida de la Iglesia, como instrumento para la misión de la Iglesia en la evangelización de los jóvenes”. También subrayó que han participado más sacerdotes que en ninguna otra JMJ (cerca de 15.000), hasta casi duplicar las cifras anteriores; sobre todo de clero joven. También ha sido mayor el número de cardenales y obispos (800) que han venido.    

La JMJ de la confesión

Con datos estadísticos aproximados, el cardenal Rouco Varela corroboró a este periodista que la JMJ de Madrid bien podría pasar a la historia como la JMJ de la confesión: “Sólo en los 200 confesonarios instalados en el Parque del Retiro se llegaron a confesar más de 40.000 fieles”, indicó. “Y contando las confesiones en parroquias madrileñas, lugares de catequesis, de adoración al Santísimo y, por supuesto, en Cuatro Vientos” (particularmente en torno a las 17 carpas-capillas eucarísticas), “la cifra puede alcanzar los varios cientos de miles”. 

En ninguna otra JMJ los jóvenes se habían acercado tanto al sacramento de la Reconciliación como en ésta. La fiesta diaria del perdón en el Parque del Retiro ha sido, ciertamente, uno de los mayores aciertos del Comité organizador. La visita del Papa al recinto, el día 20 por la mañana, para confesar a cuatro jóvenes, puso de relieve, además, el interés del Santo Padre en que la práctica del sacramento de la confesión sea, efectivamente, algo que quede plenamente incorporado a las Jornadas Mundiales de la Juventud.

Algunos sacerdotes, al comprobar el reguero continuo de penitentes durante la JMJ, sacaron la conclusión de que quizá la práctica de la confesión no siempre es problema de los fieles. En efecto, como ha ocurrido en la JMJ, cuando hay abundantes sacerdotes disponibles para confesar, muchos jóvenes acuden en masa. 

Dos sacerdotes colombianos instalaron sendos confesonarios portátiles en Cuatro Vientos. Después de atender a varios penitentes en esa zona, alguien de su grupo vino a reclamar su presencia. Se les vio entonces caminar con los confesonarios a cuestas por entre la multitud.

Antonio, otro sacerdote que estaba confesando en Cuatro Vientos,  comentó a un joven penitente canario que también él era de las islas. El chico le trajo entonces a todo el grupo que había venido con él desde las Canarias para que se confesaran. 

Emilio Úbeda, el carpintero-ebanista abulense que hizo los 200 confesonarios del Retiro, sobre un diseño del arquitecto Ignacio Vicens, se mostraba “muy orgulloso como católico” de su contribución a esta fiesta del perdón; y también de que “Benedicto XVI utilizara un confesonario fabricado por él”; confesonario, por cierto, algo diferente a los demás, para asegurar todavía más el carácter reservado del sacramento.

Acertadamente, el arzobispado de Madrid concedió licencia a todos los presbíteros para que durante los días de la JMJ en Madrid pudieran remitir, dentro del sacramento de la penitencia, la excomunión latae sententiae correspondiente al delito de aborto procurado. También la Penitenciaría Apostólica concedió indulgencia plenaria a todos los fieles que participaran en alguna celebración sagrada o acto de piedad en Madrid durante la JMJ.

Clima de oración

Junto al fenómeno de las confesiones, llamó la atención de muchos el intenso clima de oración en algunos momentos de la la JMJ. Propios y extraños quedaron sobrecogidos en la Vigilia del sábado 20 por la noche ante el atronador silencio que se hizo en Cuatro Vientos cuando el Santísimo quedó expuesto en la majestuosa custodia de Arfe. Un millón y medio de personas adoraron arrodillados en la tierra húmeda. Pocas veces se ha podido ver una Exposición con el Santísimo tan multitudinaria.

En un sector del fondo del aeródromo los jóvenes no pudieron ver ni oír al Papa: la pantalla cercana y la megafonía se habían estropeado. Sin embargo, rezaron con gran intensidad ante el Santísimo expuesto en las carpas-capillas cercanas, desde las 11 hasta más allá de las 2 de la madrugada.     

El clima de oración en la adoración ininterrumpida que se tuvo en el Seminario de Madrid fue similar; lo mismo que en la capilla del retiro atendida por las Misioneras de la Caridad y en otros lugares de Madrid. 

La JMJ de la Semana Santa

Con la ayuda de la imaginería española y de las arraigadas tradiciones de piedad popular que se viven en Semana Santa, la JMJ de Madrid facilitó mucho que el viernes 19 los jóvenes pudieran introducirse en el clima propio del Vía Crucis, que es el de la Pasión de Cristo. Fue otro de los grandes aciertos de la organización. En las inmediaciones del Paseo de Recoletos se arracimaron no sólo los jóvenes peregrinos de la JMJ, sino también buena parte de la población madrileña.

Víctor, un joven profesional que todavía no había visto al Papa de cerca, invitó a tres amigos suyos –uno de ellos, alto directivo en una gran multinacional- a verlo pasar por la Plaza de Colón y luego, después del Vía Crucis, a contemplar los pasos de Semana Santa. También se les unió la novia de uno de ellos. Durante la espera en Colón, la conversación giró animada en torno a la figura del Papa y a algunos aspectos de la doctrina de la Iglesia. Todos estaban muy receptivos: se sentían conmovidos y gratamente sorprendidos por aquella multitud de jóvenes.     

La JMJ de las redes sociales

La JMJ de Madrid ha destacado también en otros aspectos. Ha sido, por ejemplo, una JMJ muy mediática, no en vano fueron 5.000 los periodistas acreditados para cubrir el evento (2.900 españoles). Sólo en España, 15 millones de telespectadores siguieron los actos de la JMJ (el 34 % de la audiencia).

La de Madrid ha sido, sin duda, la JMJ de las redes sociales (Twitter, Facebook, Tuenti). Ninguna JMJ anterior ha llegado a emplearse tan a fondo para estar presente en estos canales de comunicación. Han sido cerca de 350.000 los internautas que han seguido la JMJ a través de las redes sociales. Los perfiles oficiales de la JMJ han aparecido en más de veinte idiomas. En los siete canales de los que dispuso la JMJ en YouTube para compartir videos se ha superado la cifra de 1.2 millones de reproducciones. 

La JMJ de la crisis

La JMJ de Madrid se ha caracterizado igualmente por celebrarse en un contexto de crisis económica severa, con cifras de paro juvenil muy elevadas. Quizá por eso algunos grupos plantearon muchas reticencias a la organización del evento y se opusieron tozudamente a que el Estado lo financiara mínimamente. No tuvo mucho sentido esa oposición, porque el Comité organizador de la JMJ y las administraciones públicas implicadas (el Estado, la Comunidad Autónoma y el Ayuntamiento de Madrid) ya habían previsto que la JMJ no supusiera ningún coste para el contribuyente. 

El incuestionable éxito de la convocatoria terminó llevándose por delante estas reticencias: se hizo evidente que la JMJ no sólo no había supuesto gasto alguno para las administraciones, sino que había generado riqueza. 

Según los cálculos del gobierno regional, la JMJ supuso un incremento de 148 millones de euros del PIB regional. La Confederación de Comercio de Madrid estimó que de los tickets de comida de los peregrinos se habían derivado 39 millones de euros para el sector hostelero. La ocupación hotelera en esos días alcanzó el 70 %, 30 puntos por encima del mismo periodo del año anterior.

La Confederación de empresarios de Madrid indicó que la JMJ había generado 3.000 empleos directos y 7.000 indirectos. Se registraron 10,4 millones de desplazamientos en el Metro de Madrid (un 62 % más que la semana anterior y 4 millones de viajeros más).

La JMJ en cifras

    1,9 millones de personas en Cuatro Vientos

    500.000 inscritos (193 países)

    30.000 voluntarios

    14.000 sacerdotes

    800 obispos

    5.000 periodistas

    4.000 discapacitados

    350.000 seguidores en redes sociales

    300 actos culturales

    200 confesonarios en el Retiro

    68 stands en la Feria de las vocaciones

De los 50,5 millones de euros del presupuesto de la Jornada, 31,5 millones se habían cubierto con las inscripciones de los peregrinos, la mayor parte extranjeros; 16,5 millones se financiaron con los patrocinios de empresas privadas; y casi 2,5 millones, con los donativos de particulares, aportaciones por sms, venta de productos y otros.

Además, para las personas con fe, el empleo de medios económicos por parte de la Iglesia, cuando es necesario, se entiende bastante bien. Basta con rememorar la escena evangélica en la que el propio Jesucristo consintió en Gerasa que una enorme piara de cerdos se precipitara en el mar después de expulsar la legión de demonios de un hombre. Antepuso el bien espiritual de aquella persona, aunque implicara una pérdida económica para los ganaderos de la zona. Porque el orden de la gracia está por delante de los bienes materiales.

Benedicto XVI, emocionado

El cardenal Rouco comentó que “Benedicto XVI había vivido esos días con enorme intensidad y alegría”. En muchos momentos de la JMJ le había visto visiblemente emocionado. Destacó de todos ellos “la vigilia de Cuatro Vientos; aquellos 20 minutos de chaparrón: si alguien no quería dejar a los jóvenes a pesar de las inclemencias climatológicas, era el Papa. Sólo se planteó si quizá debía abreviar su alocución, porque el viento le impedía leerla”

También durante la Misa del domingo vio al Santo Padre muy conmovido, “especialmente por aquellos momentos de recogimiento y silencio”. Según el cardenal de Madrid, “al Papa también le sorprendió gratamente la música de las ceremonias; se llegó a interesar por los músicos de la orquesta y del coro de la JMJ, con un trasfondo de elogio”. Nunca una JMJ había conformado una orquesta y coro propios, integrados por voluntarios.

Al Papa le impactó también encontrarse en las calles con tantos madrileños que se habían quedado en Madrid para verle. El cardenal Rouco comentó que “en muchas ocasiones el papamóvil circulaba a una velocidad lentísima, para que Benedicto XVI pudiera estar más tiempo con la gente”.

Un padre que anima y exige

Benedicto XVI, con 84 años ya cumplidos, “se comportaba como un auténtico padre para todos”. Yago de la Cierva, director ejecutivo de la JMJ, refirió una anécdota a propósito de esto. Un matrimonio de Tenerife viajó a Madrid, coincidiendo con la Jornada, para que atendieran médicamente a su hijo de cuatro años gravemente enfermo. Aunque no lo tenían previsto, alguien les animó a que fueran a la Nunciatura. Allí el Santo Padre tuvo conocimiento del caso e hizo un hueco para recibirles.

Los mensajes que Benedicto XVI dirigió específicamente a los jóvenes en las 78 horas que duró su estancia en Madrid fueron sencillos, claros y exigentes. Nada más bajar del avión el Papa alentó a que afrontaran los actuales desafíos (la superficialidad, el consumismo, el hedonismo, la insolidaridad, la corrupción y el desempleo) apoyándose en Dios, sin que nada ni nadie les quite la paz; sin que ninguna adversidad les paralice, sin miedo al mundo, al futuro o a la propia debilidad.

Les pidió que no se avergüencen del Señor y que fundamenten sus vidas en Él, que nos ama desde siempre y nos conoce mejor que nadie. Les advirtió que no es posible creer sin estar amparado en la fe de los demás; que la Iglesia necesita de ellos, pero ellos también necesitan a la Iglesia; que no se puede seguir a Jesús en solitario y que, por tanto, deben amar a la Iglesia. Les animó a plantearse seriamente la santidad y a rechazar la tentación de creerse dioses y pensar que no tienen necesidad de más raíces ni cimientos que ellos mismos. 

Benedicto XVI insistió a los jóvenes en que la entrega de Cristo en la Cruz reclama una respuesta generosa y supone no pasar de largo ante el dolor ajeno.  

Les recordó también que la fe no se opone a los ideales más altos; al contrario: los exalta y perfecciona. Y les pidió que no se conformen con menos que la Verdad, el Amor y Cristo.

Reclamó de los jóvenes que permanezcan en el amor de Cristo, pues creer significa entrar en una relación personal con Jesús y en comunión con los demás. 

Finalmente, Benedicto XVI pidió a los jóvenes que no se guarden a Cristo para ellos mismos, sino que lo comuniquen a los demás; y que se dejen llevar por el Señor para ofrecerse como voluntariosen su servicio.

Una juventud muy especial

Ahora toca a los jóvenes, una vez de vuelta a su vida ordinaria, responder a estos requerimientos del Papa. Durante la JMJ la gran mayoría han dado un testimonio elocuente, al menos en lo visible, de su buena disposición. Lo sugería el cardenal Rouco Varela al subrayar el testimonio de amabilidad, de espíritu de servicio, de convivencia que habían dado, algo que viene siendo una característica de todas las JMJ. En ninguna de ellas se registraron alteraciones de las normas de convivencia. 

El cardenal resaltó que en Madrid se había progresado en este punto, porque a pesar de que los peregrinos sufrieron esta vez provocaciones, “ni por esas: en todo momento se han comportado con espíritu cristiano, sin responder a las provocaciones”.

Al comentar la ausencia de accidentes y el reducido número de peregrinos que permanecían ingresados en hospitales madrileños al finalizar la JMJ (cinco en total; uno enfermo de cáncer que se puso mal al llegar a Madrid), también reconoció que se había notado “la especial providencia de Dios para la JMJ”.

Los jóvenes, protagonistas

Para el cardenal de Madrid y para muchos otros lo más destacable de la JMJ han sido, sin duda, los mismos jóvenes peregrinos y el testimonio de fe y de alegría que han dado desde que llegaron hasta que se fueron. 

De la Cierva comentó que “algunas personalidades públicas se echaron a la calle, camuflados con gafas y gorros calados, para comprobar con sus propios ojos el magnífico y reconfortante espectáculo de esa juventud alegre que cambió por unos días la faz de Madrid”. En efecto, ha sido un espectáculo digno de verse. Esta era, en verdad, “la juventud del Papa”, como gritaban, divertidos, los propios jóvenes; o “la generación de Benedicto XVI”, como los calificó el  arzobispo de Madrid en la Misa de apertura de la JMJ. 

Al hacer balance de los intensos días vividos en Madrid, Yago de la Cierva subrayó el “el ejemplo de civismo y de capacidad de sufrimiento de los peregrinos y de los voluntarios ante el calor”. El 20 de agosto los jóvenes tuvieron que hacer frente “al día más caluroso del verano y en el lugar más caluroso de la comunidad de Madrid”. 

Sin embargo, Juan, estudiante universitario y voluntario de una de las carpas-capilla, se mostró siempre atento para que los seis o siete sacerdotes que se pasaron horas confesando a los lados del altar pudieran beber agua de vez en cuando. Un sacerdote preguntó sorprendido a otro dónde habían formado a estos voluntarios tan extraordinariamente serviciales, que, además animaban a la gente a acercarse a la confesión.

A pesar del calor, no perdían el ánimo. Incluso animaban a los demás. Fue el caso de dos chicas de Kazajstán que, después de rezar en una de las carpas, saludaron a un sacerdote y a un seminarista que estaban allí, bastante cansados, y después de hacer uso del universal lenguaje de la sonrisa, les regalaron sendos “minirosarios” con cuentas de colores.   

El comportamiento ejemplar de los jóvenes ha permitido que “no se haya registrado ningún incidente en Cuatro Vientos, hecho destacable dado la enorme cantidad de personas que allí se habían congregado” y que el desalojo del aeródromo se llevara a cabo con una celeridad y orden sorprendentes.

No resulta excesivo que el Sámur atendiera durante la JMJ a 2.500 jóvenes, teniendo en cuenta las condiciones de calor en las que se desarrolló y el número de participantes tan extraordinario. Los responsables del Sámur habían comentado en este sentido que era el acontecimiento más numerosos y más largo que habían tenido, y que no atendieron ningún caso de intoxicación etílica de ningún joven de la JMJ.

Una JMJ con noticia

La JMJ de Madrid fue también ocasión para que el Santo Padre comunicara su decisión de declarar a San Juan de Ávila, Patrono del clero secular español, Doctor de la Iglesia universal. Benedicto XVI aprovechó la Santa Misa que celebró para 1.500 seminaristas en la catedral de la Almudena para realizar este anuncio.  

También fueron originales con respecto a otras JMJ los encuentros que el Papa mantuvo en El Escorial con 1.600 jóvenes religiosas y 1.000 profesores universitarios jóvenes. El cardenal Rouco, al referirse a estos encuentros, comentó divertido que, frente a lo que pudiera parecer, “los profesores universitarios guardaron menos las formas que las religiosas”.

Una JMJ con fruto

Sábado 20 de agosto. Faltan escasamente dos horas para que Benedicto XVI se una al millón y medio de jóvenes en la Vigilia de la JMJ. Una joven salmantina, con aspecto de colegiala, dialoga con un sacerdote en una de las 17 capillas instaladas en el aeródromo de Cuatro Vientos. Le comenta que en octubre ingresará en un convento de clausura de Huesca.

Anécdotas como ésta, nada infrecuentes en la JMJ, inducen a pensar que ya han comenzado a recogerse los primeros frutos de estos días traducidos en vocaciones. Lo corrobora el encuentro vocacional que el Camino Neocatecumenal convocó en la Plaza de Cibeles, el 22 de agosto por la tarde. Según la Policía, el encuentro, ya tradicional en las JMJ, congregó a 210.000 personas. Kiko Argüello, iniciador del Camino, rodeado de casi un centenar de cardenales y obispos, había pedido 20.000 vocaciones necesarias para evangelizar China. Rezó y pidió que se rezara para que Dios suscitara estas vocaciones. Luego animó a los que sintieran la llamada de Dios a que se levantaran y acudieran al estrado. Una verdadera riada de jóvenes (5.000 chicos y 3.200 chicas) así lo hizo. Fue un momento sumamente emotivo. Como es lógico, esos jóvenes comenzarán ahora un itinerario de discernimiento de su vocación.    

Y ahora ¿qué?

Yago de la Cierva manifestó su convencimiento de que la JMJ va a “ser punto de partida de la renovación espiritual de miles de jóvenes de Madrid, de España y de todo el mundo: ahora es tiempo de leer y releer los bellos mensajes que nos ha dejado el Papa, de desarrollar las preguntas vocacionales que muchos se han hecho durante estos días, de incorporar a la vida cristiana habitual la práctica de la confesión, a la que muchos se han acercado en estos días”.

El autor

Enrique Carlier

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