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Después de 200 años de ausencia, los cistercienses vuelven a Neuzelle

El priorato de Neuzelle, cerca de la frontera germano-polaca, es sobre todo un lugar de búsqueda y encuentro de Dios.

José M. García Pelegrín·7 de diciembre de 2021·Tiempo de lectura: 4 minutos

La constitución del Priorato de Neuzelle, cuyo nombre se deriva del término latino “Nova cella”, en septiembre de 2018, como monasterio dependiente de la Abadía cisterciense de Heiligenkreuz (Santa Cruz) en Austria, bien puede calificarse de suceso histórico: supone el regreso de monjes cistercienses a este lugar cercano a la frontera germano-polaca tras más de 200 años, pues tuvieron que abandonarlo en 1817. La erección canónica coincidió con los 750 años de la primera fundación de Neuzelle, el 12 de octubre de 1268. 

En el Congreso de Viena de 1815 —que reorganizó Europa tras las guerras napoleónicas— se decidió que parte del territorio de Lausitz (concretamente Niederlausitz, la Baja Lausitz), donde se encuentra ubicado Neuzelle y hasta entonces perteneciente a Sajonia, pasara a formar parte de Prusia. El rey prusiano Federico Guillermo III secularizó (en España, en este contexto se habla de “desamortización”) este monasterio en 1817: la iglesia parroquial católica se transformó en iglesia evangélica; los monjes cistercienses fueron expulsados. 

Neuzelle, precisamente por no formar hasta entonces parte de Brandeburgo-Prusia, había sobrevivido la Reforma protestante en estos territorios; pero en 1817 se ponía punto final a la presencia de casi 550 años de los cistercienses en Brandeburgo. A diferencia de Neuzelle, dos monasterios cistercienses femeninos de Lausitz sí lograron mantenerse ininterrumpidamente hasta hoy desde su fundación, al haber quedado en la región de este territorio que siguió formando parte de Sajonia: el de St. Marienthal (en latín: Abbatia Vallis) —el femenino más antiguo de la orden en Alemania, fundado en 1234— y el de St. Mariastern (latín: Abbatia Stellae), desde 1248.

Los comienzos de la propia historia de Brandeburgo están estrechamente unidos a la orden cisterciense. Tras siglos de luchas entre pueblos germanos y eslavos, en 1157 se crea la Marca de Brandeburgo, que —tras la unión con el principado de Prusia— sería el núcleo del reino de Prusia, una de las grandes potencias europeas. Tan solo unos años más tarde, en 1180, es fundado el primero de los 16 monasterios cistercienses que se construirían en Brandeburgo hasta mediados del siglo XIII: el monasterio de Lehnin. 

Los monasterios cistercienses fueron no solo centros de evangelización, de expansión del cristianismo, sino también focos de cultura, comenzando con el sentido original de este término: Brandeburgo era una región muy pantanosa —el sufijo eslavo -in en Lehnin, pero también en muchos otros como Chorin o incluso en el propio nombre de Berlin, hace referencia precisamente a tierras pantanosas—, por lo que la labor que aquí realizaron los monjes cistercienses comenzaba con el desecado y la roturación de las tierras, para convertirlas en tierras de cultivo.  

Sin embargo, con la Reforma protestante en Brandeburgo, los cistercienses se vieron obligados a abandonar esos monasterios: Lehnin, al suroeste de Potsdam, y su monasterio filial Himmelpfort en Uckermark, Chorin, Zinna, Dobrilugk… fueron secularizados ya a mediados del siglo XVI. Los cistercienses sobrevivieron la Reforma solo en Neuzelle.

Hoy en día, el municipio de Neuzelle —incluyendo la fábrica de cervezas que lleva el nombre de “Kloster-Bräu” (cervecería del monasterio)— cuenta con 4.280 habitantes; se encuentra a ocho kilómetros al sur de Eisenhüttenstadt y no lejos de la desembocadura del río Neisse en el Oder, que conforma la frontera germano-polaca. Desde el punto de vista de la Historia del Arte, la iglesia tiene una particularidad: tras los destrozos sufridos durante la Guerra de los Treinta Años (1618-1648) fue restaurada en el estilo del Barroco típico del sur de Alemania, algo poco frecuente en estas latitudes.

Después de varias vicisitudes —últimamente formaba parte de una Fundación del Estado Federado de Brandeburgo, desde 1996— el Priorato de Neuzelle fue erigido canónicamente en septiembre de 2008. El documento canónico dice: “Hoy, 2 de septiembre de 2018, en el año 750 de la primera fundación del monasterio, fundamos un nuevo monasterio y lo establecemos como monasterio de Nuestra Señora de Neuzelle dependiente de la abadía cisterciense de Nuestra Señora de Heiligenkreuz”.

La abadía de Heiligenkreuz (Santa Cruz) se encuentra situada en Baja Austria y viene existiendo sin interrupción desde su fundación en 1133; Neuzelle pasa a ser el tercer priorato dependiente de Heiligenkreuz, junto con Neukloster, también en Austria, y Bochum-Stiepel, situado en la Cuenca del Ruhr.

En la diócesis de Görlitz, en la que está ubicado Neuzelle, solo el cuatro por ciento de la población es católica, por lo que Neuzelle —que durante los años de ausencia de los cistercienses siguió siendo un centro de peregrinación— supone algo así como un “oasis”. El nuevo Prior de Neuzelle, Simeon Wester, comenta al respecto: “Creemos que en unos tiempos inquietos, en un mundo inquieto, la gente necesita y busca lugares donde reina el silencio. Esto es lo que queremos ofrecer. Nuestra experiencia en Heiligenkreuz y en el priorato de Bochum-Stiepel, fundado hace treinta años, nos demuestra que resulta atractivo para muchas personas. No somos nosotros, sino Cristo, quien los atrae al misterio. Especialmente aquellos que están lejos, a través del contacto con una comunidad de oración, encuentran fuerzas para buscar coherentemente el sentido de la vida. A esto queremos dedicarnos aquí”.

A esto mismo les animó también el obispo de la diócesis, Mons. Wolfgang Ipolt: “Demuestren con su vida monástica, tanto a los cristianos como a los muchos que aún no conocen a Dios, que la búsqueda de Dios vale la pena, que puede hacer a una persona feliz y realizada. Acompañen con alegría a las personas que vienen a Neuzelle en busca de respuestas para sus vidas. Estoy seguro de que si ustedes mismos siguen buscando a Dios, esto contagiará e invitará a otros. Dios y el pueblo de Dios no esperan más ni menos de ustedes”.

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