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Una “opción Francisco” a los diez años de su pontificado

En esta recomendación de lectura, Andrés Cárdenas Matute nos habla del libro Opzione Francesco, de Armando Matteo, disponible por el momento solo en italiano en la Editorial San Pablo.

Andrés Cárdenas Matute·22 de abril de 2023·Tiempo de lectura: 9 minutos
Papa Francisco

El Papa Francisco ©CNS photo/Remo Casilli, Reuters

Opzione Francesco: per una nuova immaginazione del cristianesimo futuro

Autor: Armando Matteo
Páginas: 136
Editorial: San Pablo (italiano)
Año: 2023

Hablar de una “opción Francisco”, cuando se acaban de cumplir los diez años de este pontificado, trae a la mente la popular “opción benedictina”. Esta fue popularizada hace seis años con el famoso libro de Rod Dreher que lleva ese título (hay que decir que lo de “benedictina” no hace referencia al Papa Benedicto XVI, sino a la regla de san Benito).

Armando Matteo, profesor de teología en Roma, secretario del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, y que ha dedicado varios libros al estudio de la transmisión de la fe en los jóvenes, cree que el aniversario del pontificado puede ser un buen momento para retomar Evangelii Gaudium. Este primer documento de Francisco generó cierta ilusión por la evangelización, pero quizás fue una ilusión tan intensa como fugaz. Así que, para tenerlo más claro, ahora traza lo que a su juicio se podría considerar el itinerario de esa propuesta misionera del Papa.

El desafío de una nueva imaginación

Puede ser que estos diez años de tener al primer Papa hispanoamericano, primer Papa jesuita, y primer Papa hijo del Concilio Vaticano II nos hayan tomado un poco desprevenidos. Pero –piensa Matteo–, pasado ya este tiempo, quizá es “la ocasión propicia de un discernimiento concreto sobre lo que los creyentes estamos llamados a hacer en esta hora de la historia. No podemos estar simplemente mirando; postear o comentar, con mayor o menor benevolencia, lo que el Papa hace, dice, celebra. Es tiempo de escoger”. 

Matteo reconoce su deuda con Dreher –quien dejó el catolicismo para hacerse ortodoxo hace casi veinte años– en cuanto que este último ha despertado la consciencia sobre la necesidad de buscar una nueva imaginación para el cristianismo futuro. El hecho de que habitamos el mundo de una manera muy distinta a como lo habitaron dos o tres generaciones atrás –podemos pensar en las expectativas de vida, en la comunicación, la medicina, la información, el descanso, la capacidad de movimiento, las relaciones afectivas o, a un nivel más profundo, la comprensión de las relaciones fe-mundo o el valor de la intimidad– son los hechos que tanto Dreher como Matteo tienen sobre la mesa. Desde allí, sin embargo, surgen motivaciones diversas y se llega a conclusiones distintas.

Tiempo de escoger

La pregunta que tiene Matteo en mente –y que, a su juicio, es la que desafía a la imaginación cristiana– es: ¿por qué la iglesia en Occidente atraviesa una grave “crisis de natalidad”? Se trata de un invierno demográfico incluso más fuerte que el que afecta a los nacimientos naturales. ¿Por qué la Iglesia no parece capaz de dar a luz hombres y mujeres que encuentren en Cristo el horizonte de sus vidas?

Estas preguntas, lógicamente, se pueden alargar hacia las instituciones que viven dentro de la Iglesia. Este “tiempo de escoger” supone, en primer lugar, y siempre según el profesor italiano, un triple acto de honestidad. Primero, aceptar que vivimos un cambio definitivo de época, gestado desde hace unos cuantos siglos. Después, aceptar con serenidad que la civilización cristiana ha terminado. Y, finalmente, aceptar que es urgente un cambio de mentalidad pastoral que, efectivamente, pueda conectar a Jesús con las personas, dar forma a un anuncio que conecte los deseos del corazón del hombre contemporáneo con la persona de Jesucristo.

El cristianismo es para todos

El Papa Francisco –dando continuidad a intuiciones que son fáciles de encontrar en Benedicto XVI– ha constatado con claridad tanto la ruptura intergeneracional en la transmisión de la fe, como el fin de la civilización con base cristiana. Decía en el punto n. 70 de Evangelii Gaudium: “No podemos ignorar que en las últimas décadas se ha producido una ruptura en la transmisión generacional de la fe cristiana en el pueblo católico. Es innegable que muchos se sienten desencantados y dejan de identificarse con la tradición católica, que son más los padres que no bautizan a sus hijos y no les enseñan a rezar, y que hay un cierto éxodo hacia otras comunidades de fe”. Y, acto seguido, pasa a hacer una lista de posibles causas de esta ruptura.

Cambio de mentalidad

También Francisco, en cuanto a la cristiandad, decía en el mensaje navideño a la curia hace tres años: “No estamos más en la cristiandad. Hoy no somos los únicos que producen cultura, ni los primeros, ni los más escuchados. Por tanto, necesitamos un cambio de mentalidad pastoral, que no quiere decir pasar a una pastoral relativista. No estamos ya en un régimen de cristianismo porque la fe –especialmente en Europa, pero incluso en gran parte de Occidente– ya no constituye un presupuesto obvio de la vida común; de hecho, frecuentemente es incluso negada, burlada, marginada y ridiculizada”.

En este contexto, Armando Matteo reconoce que existen otros problemas importantes en la Iglesia, como los abusos sexuales y de poder, a lo que se pueden agregar muchas tensiones conocidas; “pero su verdadera crisis es una sola, aquella incoada por las palabras de Francisco: la ‘denatalidad’. Cuando la Iglesia pierde su dimensión de fecundidad, de maternidad, pierde todo y se convierte en otra cosa, que puede ser incluso interesante y útil, pero no tiene que ver con la misión que Jesús ha confiado a sus discípulos (…). La Iglesia es ella misma sólo en la medida en que está animada del sueño misionero de llegar a todos”.

El anuncio del cristianismo

Para Matteo, la discusión de si el cristianismo está destinado a ser una minoría o no resulta autorreferencial y termina por ser una pérdida de tiempo. El anuncio –y aquí quizá existe una primera diferencia con Dreher– debe ser pensado para todos; cualquier persona debe escuchar en él, y en cada una de sus partes, algo que se conecta con su propia búsqueda de vida buena.

De hecho, los primeros problemas surgen cuando la predicación se centra solamente en quien ya cree, porque, entonces, se desvanece la tensión misionera –que es su razón de ser– y, además, poco a poco, se desconecta el discurso de su verdadero objetivo que es llevar lo humano a su expresión más plena, revelar la verdad sobre el hombre. Sin embargo, el hecho es que cada vez más gente joven no cree que el cristianismo aporte algo en su búsqueda de una vida feliz (aunque, ciertamente, tampoco falten muestras de esperanza, como en las Jornadas Mundiales de la Juventud iniciadas por Juan Pablo II). Matteo, por ejemplo, realiza un elenco de palabras del mundo de la catequesis que ya no existen en el acervo común de quien crece en nuestros días. Esa unidad de lenguaje –y, por tanto, de imaginación–, que quizás facilitaba la transmisión de la fe, ya no existe.

Amistad y fraternidad frente al individualismo

Quizás en donde pueden surgir más cuestionamientos al trabajo de Matteo sea en la fundamentación sociológica que elabora para, establecido el diagnóstico, trazar unas líneas guía de acción. Después de fijarse en las nuevas maneras de habitar el mundo a las que se aludió antes, propone cambiar de una pastoral dirigida a una humanidad que vive en “un valle de lágrimas” –pastoral que se declinaría fundamentalmente en consolar–, a una pastoral dirigida a una humanidad de goce desenfrenado –que se declinaría en testimoniar la alegría que surge de su encuentro con Jesús–. Estas categorías sociológicas, que las delinea quizás con demasiada precisión, son opinables, pero no hacen menos valiosos los caminos posteriores.

En resumen, Armando Matteo propone generar un modo de evangelizar que tenga a la amistad como núcleo central, y que sea capaz de generar una nueva fraternidad que testimonie la alegría del encuentro con Cristo. Amistad y fraternidad, como es lógico, no son palabras ausentes en los modos previos de evangelización, pero quizás en el nuevo contexto que se ha descrito pueden adquirir, ellas también, una nueva fuerza.

Iglesia “en salida”

En este contexto se pueden comprender mejor muchas imágenes usadas por Francisco para dar forma a esta Iglesia “en salida” (el hospital de campaña, una Iglesia herida por las calles es mejor que una enferma de encerramiento, una casa de puertas abiertas en lugar de una aduana, etc.). Y la esperanza es que esta actitud pueda dar paso al “sueño de una nueva fraternidad”; una fraternidad que vence a su principal enemigo que sería, en palabras de Matteo, “el individualismo, difundido y triste, que domina la sociedad del comercio infinito y que lleva a lo que Luigi Zoja ha definido como ‘la muerte del prójimo’”.

Pero esta apertura a la amistad no es solamente una actitud exterior, o un empeñarse más en ciertos momentos concretos, sino que tiene sus raíces en una conversión espiritual. Dice Francisco en el número 92 de Evangelii Gaudium: “Allí está la verdadera sanación, ya que el modo de relacionarnos con los demás que realmente nos sana en lugar de enfermarnos es una fraternidad mística, contemplativa, que sabe mirar la grandeza sagrada del prójimo, que sabe descubrir a Dios en cada ser humano, que sabe tolerar las molestias de la convivencia aferrándose al amor de Dios, que sabe abrir el corazón al amor divino para buscar la felicidad de los demás como la busca su Padre bueno”.

Los pobres

Esta conversión pone en un lugar privilegiado a la cercanía con los pobres –y con todo tipo de periferias–, también para aprender de ellos sobre Dios, comprendiéndolos no solo como una categoría social, sino como un lugar auténticamente teológico.

Esta cercanía y esta apertura pueden funcionar como un antídoto ante lo que Francisco llama “mundanidad espiritual”, que no se trata, como se podría pensar, de diluir el mensaje de la Iglesia en los intereses del mundo, sino más bien en introducir lógicas “del mundo” –o no cristianas– en la vida espiritual.

Se desarrolla ampliamente esta enfermedad entre los números 93 y 97 de la Exhortación apostólica: “La mundanidad espiritual, que se esconde detrás de apariencias de religiosidad e incluso de amor a la Iglesia, es buscar, en lugar de la gloria del Señor, la gloria humana y el bienestar personal. (…). Quien ha caído en esta mundanidad mira de arriba y de lejos, rechaza la profecía de los hermanos, descalifica a quien lo cuestione, destaca constantemente los errores ajenos y se obsesiona por la apariencia. Ha replegado la referencia del corazón al horizonte cerrado de su inmanencia y sus intereses y, como consecuencia de esto, no aprende de sus pecados ni está auténticamente abierto al perdón. Es una tremenda corrupción con apariencia de bien. Hay que evitarla poniendo a la Iglesia en movimiento de salida de sí, de misión centrada en Jesucristo, de entrega a los pobres”.

Renuncia a la comodidad

Ya al final del libro, después de haber planteado estas líneas guía para imaginar una nueva manera de evangelizar, Matteo no niega que predicar una apertura al prójimo, predicar la necesidad de una renuncia a la comodidad y una renuncia a la sedación a la que cierto modelo capitalista e individualista nos somete, supone incomodar. Se trataría, entonces, de una mentalidad contracorriente, pero comprendiendo que la inercia a vencer, desde un punto de vista antropológico, es la inercia del “individualismo infinito y triste”.

Pero a Matteo le quedan aún dos preguntas muy oportunas: ¿de dónde sacar las fuerzas para hacerlo? Y, ¿por qué es tan costoso este cambio de mentalidad? A la primera –aunque otra vez no se trate de algo novedoso, pero que sí requiere un nuevo impulso– responde que la fuerza solo puede surgir de retomar una vida contemplativa.

Recobrar el espíritu contemplativo

Otra vez, acude a Evangelii Gaudium, n. 264: “La primera motivación para evangelizar es el amor de Jesús que hemos recibido, esa experiencia de ser salvados por Él que nos mueve a amarlo siempre más. Pero ¿qué amor es ese que no siente la necesidad de hablar del ser amado, de mostrarlo, de hacerlo conocer? Si no sentimos el intenso deseo de comunicarlo, necesitamos detenernos en oración para pedirle a Él que vuelva a cautivarnos. Nos hace falta clamar cada día, pedir su gracia para que nos abra el corazón frío y sacuda nuestra vida tibia y superficial. (…). Para eso urge recobrar un espíritu contemplativo, que nos permita redescubrir cada día que somos depositarios de un bien que humaniza, que ayuda a llevar una vida nueva. No hay nada mejor para transmitir a los demás”.

Es la contemplación de Jesús que siempre se dejó encontrar directamente por todos, como uno más entre sus iguales, codo a codo con sus contemporáneos. No veía en ellos un peso ni alguien a quien acusar.

Nuevas generaciones

Llegados al final del ensayo, Armando Matteo hace una última consideración “sobre la real posibilidad de que una propuesta de este tipo pueda ser acogida por los mismos creyentes”. Ve, concretamente, tres barreras. Primero, lo que llama “el miedo malo” –que lo distingue de un miedo saludable de frente al peligro–, que sería el temor a lo desconocido que nos arrincona en el pasado y en nosotros mismos; “el primer miedo nos mantiene en vida, el segundo nos lleva a la muerte”. Por eso recomienda no moverse por el simple afán de cambio, sino por el honesto deseo de hacer nacer nuevos discípulos de Jesús entre las nuevas generaciones.

El segundo obstáculo es el resentimiento ante los cambios que ha traído la secularización y la espalda de tantos hacia el cristianismo. Un resentimiento que lleva solamente a la tristeza y al pesimismo, mientras que olvida la actitud de Dios que busca siempre el bien. La tercera barrera es la de comprender la tradición como algo fijo, que poco tiene que ver con el anhelo de la Iglesia por llevar su mensaje a los hombres y mujeres de cada época y en todo lugar, con la convicción de que lleva la respuesta definitiva a sus anhelos de sentido y felicidad.

Para no ser peinadores de ovejas

Para terminar, Armando Matteo cita unas palabras que dedicó el Papa Francisco a su diócesis, la de Roma, poco tiempo después de haber sido elegido como su pastor, y que pueden ser una imagen que condense toda esta propuesta: “En el Evangelio es bonito ese pasaje que nos habla del pastor que, cuando vuelve al ovil, se da cuenta de que falta una oveja: deja las 99 y va a buscarla, a buscar una. Pero, hermanos y hermanas, nosotros tenemos una; ¡nos faltan 99! Debemos salir, ¡debemos ir hacia los demás!

En esta cultura —digámonos la verdad— tenemos sólo una, ¡somos minoría! ¿Y sentimos el fervor, el celo apostólico de ir y salir y buscar las otras 99? Esta es una gran responsabilidad y debemos pedir al Señor la gracia de la generosidad y el valor y la paciencia para salir, para salir a anunciar el Evangelio. Ah, esto es difícil. Es más fácil quedarse en casa, con esa única oveja. Es más fácil con esa oveja, peinarla, acariciarla… pero nosotros sacerdotes, también vosotros cristianos, todos: el Señor nos quiere pastores, no peinadores de ovejas; ¡pastores!”.

El autorAndrés Cárdenas Matute

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