Cultura

Fútbol y religión.“Oye a tu Dios y no estarás solo»

El deporte y la competición pueden unir a los pueblos, porque ayudan a las personas a dar lo mejor de sí. Los deportistas que muestran respetuosamente su fe nos ayudan a todos a descubrir qué es lo realmente importante.

Graciela Jatib y Jaime Nubiola·18 de septiembre de 2023·Tiempo de lectura: 4 minutos
fútbol y religión

Los Juegos Olímpicos de la antigüedad tenían un cierto carácter religioso, pues estaban consagrados a Zeus. Comenzaron a celebrarse en el año 776 a. C. en la ciudad de Olimpia, donde se encontraba el principal santuario dedicado a este dios. Se trataba de una celebración que tenía lugar cada cuatro años y que duraba seis días. Con motivo de este acontecimiento, las diferentes ciudades griegas promulgaban una tregua: la paz olímpica. De esta manera, los deportistas podían acudir a Olimpia a participar en los juegos y regresar a sus ciudades en paz. En este sentido, puede decirse que la paz y armonía entre los pueblos y los hombres están en el origen del espíritu olímpico. 

Expresiones religiosas en el deporte

El Comité Olímpico Internacional ha mantenido una política de neutralidad política y religiosa en los Juegos Olímpicos, buscando fomentar un ambiente de unidad y respeto entre los atletas de diferentes culturas y creencias.

Según la Carta Olímpica, el documento que rige los principios y reglas del movimiento olímpico, se prohíbe cualquier forma de demostración o propaganda política, religiosa o racial en los eventos olímpicos.

Esta prohibición se ha interpretado de manera flexible, pues los atletas pueden llevar consigo símbolos religiosos personales, siempre que no sean exhibidos de una manera provocativa o excesiva.

En mayo del 2017, en el 67.° Congreso de la FIFA, celebrado en Bahréin, el  musulmán, Mohama Alarefe, de la Universidad Musulmana Rey Saúd de Riad, aprovechó el evento para reclamar que la FIFA sancionase a los jugadores de fútbol que hicieran la señal de la cruz, porque es un gesto –decía en un mensaje— que ofende a su religión.

Alarefe invocaba el reglamento de la Federación para argumentar que la señal de la cruz infringía el espíritu de la norma al mostrar una inscripción religiosa. Sin embargo, son muchos los futbolistas que ponen su fe por delante y continúan santiguándose al comenzar los encuentros o invocando a Dios cuando consiguen hacer un gol.

Llama la atención que la canción Waka Waka (“Esto es África”) de Shakira, que sirvió como canción oficial de la FIFA en el Mundial del 2010 en Sudáfrica, diga en una de sus estrofas: “Oye a tu Dios y no estarás solo / Llegaste aquí para brillar y lo tienes todo / […] hay que empezar de cero / para tocar el cielo”.

Como es bien sabido, en aquella ocasión España levantó por primera vez el trofeo más preciado del fútbol internacional. La canción cautivó a los fans de todo el mundo. La letra alude a la religiosidad de los jugadores que se convierten en referentes públicos sobre los que recae el deseo de triunfo de multitudes y que, ante ese enorme peso, acuden a la ayuda sobrenatural.

Los futbolistas rezan

Por su parte, los jugadores de la selección argentina de fútbol que obtuvieron la copa del mundo en Qatar en 2022 se santiguaron con fervor y devoción ante cada gol; todos vimos a Leo Messi, capitán del equipo, levantando sus manos hacia al cielo dando gracias a Dios por lo hecho en el campo.

Ángel Di María decía: “Cuando me pongo la camiseta, normalmente me pongo a rezar. Tengo mi Jesús ahí, mi Virgen, mi crucifijo y el celular con una foto de mi mujer con las nenas. Y siempre prendo una vela, pero en esta final fue el único partido de mi carrera en el que no pedí, solo agradecí por el momento que iba a vivir”. Consultado el papa Francisco sobre el mensaje que enviaría a los campeones argentinos en el mundial, respondió: “Que lo vivan con humildad”.

Quizá viene bien recordar el ejemplo de Sadio Mané. Con ocasión de la entrega del Balón de Oro 2022, la revista France Football lo condecoró con el Premio Sócrates, creado para reconocer a los futbolistas con mayor acción social fuera del campo de juego.

Mané decía: “¿Para qué quiero diez coches Ferrari, veinte relojes con diamantes y dos aviones? ¿Qué harán estos objetos por mí y por el mundo? Yo pasé hambre, trabajé en el campo, jugué descalzo y no fui al colegio. Hoy puedo ayudar a la gente. Prefiero construir escuelas y dar comida o ropa a la gente pobre”.

Lejos de los flashes, mantiene su compromiso con Bambali, el pueblo que le vio nacer. Mané, cada vez que entra en el campo de juego, se inclina en dirección a la Meca para reverenciar a Alá. Este acto de honor a Dios tiene como correlato su actividad de compromiso con el bien común.

De modo semejante, no nos resulta extraño que un jugador se santigüe, como Keylor Navas, el portero de la selección de Costa Rica, que no esconde su fe y ha encontrado en la religión católica la fuerza que necesita.

El Papa y el fútbol

Es bien conocida la afición al fútbol del Papa Francisco. Antes del mundial de Brasil del 2014 decía: “Mi esperanza es que, además de los días de los deportes, esta Copa del Mundo pueda convertirse en la fiesta de la solidaridad entre los pueblos”.

Para el Papa, “el deporte no es solo una forma de entretenimiento, sino también, y sobre todo, una herramienta para comunicar valores, promover el bien de la persona humana y ayudar a construir una sociedad más pacífica y fraterna”

El 1 de junio del 2018 se presentaba en el Vaticano el documento Dar lo mejor de uno mismo. Documento sobre la perspectiva cristiana del deporte y la persona humana. El propio título revela la esencia y la razón del interés y del compromiso de la Iglesia con el deporte.

Parafraseando a la canción de Shakira Oye a tu Dios y no estarás solo, vale la pena afirmar que la vivencia de la fe es una morada que nos abriga y nos aúna a todos, también en el deporte.

El autorGraciela Jatib y Jaime Nubiola

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