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Críticas en Francia ante el informe Sauvé

Las críticas cuestionan «las debilidades metodológicas y los análisis a veces dudosos» del informe de la CIASE. El gesto de los académicos que han dimitido habría provocado el aplazamiento por parte del Vaticano de una reunión entre el Papa y los miembros de la comisión Sauvé inicialmente prevista para el 9 de diciembre.

José Luis Domingo·3 de diciembre de 2021·Tiempo de lectura: 3 minutos

Tras la conmoción provocada por las revelaciones de la CIASE (Comisión Independiente sobre los Abusos Sexuales en la Iglesia) del número exhorbitante de abusos sexuales (más de 300.000) sobre menores  en la Iglesia desde 1950, casi dos meses después, las críticas van surgiendo poco a poco. 

Todo comenzó a principios de la semana. Ocho eminentes miembros de la Academia Católica de Francia, creada en 2009 para garantizar una mejor visibilidad de la «producción intelectual vinculada (…) al catolicismo», enviaron una carta de unas quince páginas a Mons. Éric de Moulins-Beaufort, presidente de la CEF, y a Mons. Celestino Migliore, nuncio apostólico de Francia, representante directo del Papa. El documento está firmado por gran parte de la dirección de la Academia, como Hugues Portelli (presidente), Jean-Dominique Durand e Yvonne Flour (vicepresidentes) y Jean-Luc Chartier (secretario general).

En primer lugar, el documento denuncia una evaluación cuestionable del número de víctimas, ya que se habían realizado dos estudios que daban resultados muy diferentes : 27.000 víctimas como máximo por los investigadores de la EPHE -Escuela Práctica de Altos Estudios- extrapolando los datos de los archivos y de encuestas y , por otro lado, 330.000 por los investigadores del INSERM a partir de una encuesta en Internet a 24.000 personas, a la que 171 personas habían respondido que habían sido maltratadas, lo que se convirtió por una extrapolación muy cuestionable en 330.000 al extenderlo a la población adulta nacional. Esta cifra de 330.000 fue la única retenida y el estudio EPHE fue descartado sin explicación. A partir de esta enorme cifra, la  CIASE pudo plantear una explicación basada en el carácter «sistémico» de la plaga, inherente a la naturaleza y al funcionamiento de la «institución» de la Iglesia.

A partir de entonces, han sido formuladas las recomendaciones más radicales, cuestionando la naturaleza espiritual y sacramental de la Iglesia católica, atribuyéndole una imagen de corrupción intrínseca. Así, las «recomendaciones» pedían una «revisión» de la confesión, la absolución, la moral sexual católica, «la constitución jerárquica de la Iglesia», «la concentración de los poderes de orden y de gobierno en manos de una persona», y también de invocar la responsabilidad civil y social de la Iglesia en razón  del carácter «sistémico» de esta lacra (incluso cuando la consulta a los especialistas jurídicos sobre la cuestión les había disuadido), suprimir el secreto de confesión, etc.

Las disensiones han desgarrado la Academia Católica en los últimos días a raíz de estas críticas que cuestionan «las debilidades metodológicas y los análisis a veces dudosos» del informe de la CIASE. Aunque el documento no se presentaba como la postura oficial de la Academia sino la opinión personal de algunos de sus miembros, varios miembros de la Academia han dimitido de esta institución.  Entre ellos, el propio Mons. Eric de Moulins-Beaufort, presidente de la Conferencia episcopal de Francia, y la hermana Véronique Margron, presidenta de la Conferencia de Religiosos de Francia (Corref). Este nuevo documento descalifica la posición que ellos habían asumido públicamente con anterioridad, de aceptación sin reservas de las conclusiones de la CIASE.

Sin embargo, la iniciativa de los académicos que protestan es sólo la punta de un movimiento más amplio de crítica al informe Sauvé. Una ola que está llegando a los niveles más altos de la Iglesia. El gesto de los ocho académicos habría provocado, según algunos medios, el aplazamiento sine die por parte del Vaticano de una reunión entre el Papa y los miembros de la comisión Sauvé inicialmente prevista para el 9 de diciembre en razón de problemas de agenda del Papa, según ha sido evocado.

En medio de este clima confuso, la Iglesia de Francia ha recibido recientemente con consternación la puesta a disposición de su cargo en manos del Papa del arzobispo de París, Mons. Michel Aupetit, provocada por una filtración intencional a la prensa de una acusación de irregularidades en el gobierno y de haber mantenido relaciones íntimas con una mujer hace nueve años. Mons. Aupetit ha negado las acusaciones.

El Papa Francisco aceptó la renuncia del arzobispo Michel Aupetit de su cargo pastoral como cabeza de la Archidiócesis de París el jueves 2 de diciembre. A su vez, el Santo Padre ha nombrado a Mons. Georges Pontier, arzobispo emérito de Marsella, Administrador Apostólico de París.

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