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Más de cinco mil marroquíes cristianos viven su fe en la clandestinidad de sus hogares

Los marroquíes gozan, según la Constitución de 2011, de libertad de conciencia, pero los que abrazan públicamente el cristianismo sufren el rechazo unánime de la sociedad y de sus familias. El proselitismo de cualquier credo diferente al islam sunní está castigado con hasta tres años de cárcel. 

José Ángel Cadelo·12 de mayo de 2023·Tiempo de lectura: 4 minutos
marroquíes cristianos

Cristianos marroquíes

En Marruecos, abandonar la religión oficial del Estado está popularmente considerado una traición a la patria y al pueblo. Aunque en el Corán el nombre de Jesús aparece veinticinco veces frente a las solo cuatro en que se cita a Mahoma. No existe otra forma de contraer matrimonio distinta al rito musulmán y con las cláusulas tradicionales de origen coránico. Los marroquíes cristianos que viven en su país tienen que asumir necesariamente, cuando se casan, las particularidades del matrimonio islámico referentes a la dote, repudio, poligamia, herencia…

Tampoco pueden elegir nombres del santoral cristiano para sus hijos y ninguna familia puede eludir la educación islámica oficial, que es obligatoria en todos los centros escolares y en todos los niveles. Es Said, bautizado en secreto como David, el que refiere estas circunstancias: “Lo peor de todo es el rechazo y el estigma social a que nos exponemos; muchos incluso hemos perdido nuestro puesto de trabajo”.

La cifra de marroquíes cristianos (católicos, ortodoxos y evangélicos) dentro de Marruecos puede llegar hasta 8.000, según un reciente informe del Departamento de Estado de los Estados Unidos. Todos ellos rezan o celebran sacramentos a escondidas en sus hogares, en eso que llaman “iglesias domésticas”.

La Iglesia en Marruecos

La Iglesia católica tiene una notable presencia en Marruecos desde tiempos del protectorado, pero su campo de acción pastoral está limitado, por la ley local, a los extranjeros. En Marruecos existen dos diócesis encabezadas actualmente por sendos arzobispos españoles: el cardenal Cristóbal López Romero, salesiano, al frente del arzobispado de Rabat, y Emilio Rocha Grande, franciscano, recién consagrado como arzobispo de Tánger.

Hay Nunciatura y numerosas órdenes religiosas atendiendo dispensarios, comedores sociales, orfanatos, hogares para niños de la calle, de discapacitados y centros de promoción de la mujer por todo el país. Franciscanos y franciscanas de diferentes órdenes, vicentinas, trinitarios, salesianos, clarisas contemplativas y monjas de santa Teresa de Calcuta, entre otros institutos religiosos, administran estos centros en los que no se lleva a cabo, por imperativo legal, ninguna labor apostólica o proselitista dirigida a marroquíes. “Estamos aquí para mostrar la belleza del cristianismo a través de la caridad”, dice un franciscano de la Cruz Blanca, de Tánger.

Anunciar el Evangelio a los marroquíes o distribuir cualquier clase de material bibliográfico está prohibido. El artículo 220 del Código Penal marroquí es taxativo al respecto: condena a penas de seis meses a tres años (en Marruecos estas cifras refieren años reales de privación de libertad) a quien «emplee cualquier medio de seducción para quebrantar la fe de un musulmán o tratar de convertirlo a otra religión».

La libertad religiosa

Rabat ha firmado varios tratados internacionales sobre derechos humanos por los que se obliga a respetar la libertad religiosa y de conciencia de todos, pero las circunstancias para que esos derechos estén plenamente garantizados aún no se han dado.

A pesar del que el Papa Francisco, en su visita a Rabat en 2019, apeló en un discurso ante miles de personas y el propio Mohamed VI a la libertad de conciencia (“la libertad religiosa y de conciencia están inseparablemente unidas a la dignidad humana”, dijo), el rey de Marruecos solo concretó en su respuesta: “Me han confiado la protección de los judíos marroquíes y los cristianos extranjeros que viven en Marruecos”.

Para entender la especial vinculación del régimen marroquí con el islam hay que tener en cuenta que los monarcas han tenido siempre carácter sagrado, aunque la nueva constitución de 2011 ya no lo proclame explícitamente así. El rey está considerado descendiente de los primeros califas y es “comendador de los creyentes”, es decir, jefe religioso para los musulmanes de Marruecos y para muchos otros pueblos del África subsahariana que lo reconocen como tal.

Minorías religiosas

Los musulmanes en general son muy respetuosos con los cristianos extranjeros pero, a la vez, muy duros con los que abandonamos el islam, a los que nos llaman traidores”, dice Hicham, cristiano y presidente de una asociación para la defensa de los derechos y libertades. Hicham explica que “los cristianos tenemos que rezar en secreto, por miedo a ser acusados de proselitismo, de quebrantar la fe de los musulmanes”.

Su asociación, que no ha conseguido ser registrada ni legalizada, capitaneada por cristianos de diversas denominaciones, trabaja por el reconocimiento de los derechos de todas las minorías religiosas, también de los musulmanes chiíes, ahmadíes e ibadíes. Solo los judíos, además de los marroquíes musulmanes sunníes, gozan de verdadera protección legal y tienen reconocido su estatus de comunidad religiosa. Por tanto, un marroquí solo puede ser musulmán sunní o judío.

Conversiones en el extranjero

Dado que los marroquíes no acceden a los templos cristianos (hay iglesias católicas abiertas y ofreciendo servicio religioso a extranjeros en todas las grandes ciudades de Marruecos) para no comprometerse ni comprometer a sus responsables, un porcentaje importante de las conversiones han tenido lugar en la diáspora y, especialmente, en España y Francia. No siempre, como refiere Fátima, católica de origen marroquí que vive en Valencia, esos nuevos cristianos continúan practicando su fe cuando retornan a su país de origen: “Las enormes dificultades legales y sociales superan a muchos de esos nuevos bautizados”

En Larache (Marruecos) funciona un centro sociocultural Lerchundi, dependiente de la parroquia de Nuestra Señora del Pilar. Allí acuden muchos jóvenes marroquíes a recibir clases de español o al cinefórum semanal. Pero esos jóvenes no pisan jamás el templo contiguo. Los franciscanos, que aterrizaron en Marruecos cuando aún vivía Francisco de Asís (siglo XIII), también desde esa parroquia atienden a los católicos extranjeros (españoles y franceses casi siempre) que cumplen condena en algunas de las dos prisiones locales por traficar con hachís.

La labor de las órdenes religiosas

Religiosos y religiosas católicos asumen las limitaciones impuestas a su desempeño en Marruecos y entienden que, solo mediante las obras de caridad dirigidas a los marroquíes más vulnerables y a través del diálogo fecundo con los musulmanes, desarrollan ya una importante misión “cuyos frutos tangibles verán otros”, como refería hace poco la franciscana de la Inmaculada sor Isabel.

Entre otros objetivos, los cristianos marroquíes aspiran a poder ofrecer exequias cristianas a los difuntos de su comunidad. Mientras tanto, tendrán que guardar públicamente el ayuno del Ramadán (el artículo 222 del Código Penal establece penas de 6 meses de cárcel para quienes beban o coman en público) y cuidarse de ser sorprendidos animando a otros a conocer a Jesús como Dios y hombre (el islam venera a Jesús solo como «profeta mayor»). Por lo pronto, cameruneses, nigerianos o costamarfileños que viajan hacia Europa en busca de una vida mejor empiezan a llenar las iglesias de Marruecos, hasta ahora territorio exclusivo de europeos. No es poco.

El autorJosé Ángel Cadelo

José Ángel Cadelo

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