Las estadísticas recientemente publicadas sobre la afiliación a la Iglesia católica en Alemania y la “Iglesia Evangélica Alemana” (EKD) revelan una tendencia preocupante. Aunque el ritmo de abandono ha disminuido ligeramente desde su punto máximo en 2022, las cifras continúan siendo alarmantes para ambas instituciones.
De acuerdo con el informe conjunto de la Conferencia Episcopal Alemana (DBK) y el Consejo de la EKD, en la Iglesia católica el número de fieles ha descendido a aproximadamente 19,8 millones, representando el 23,7 % de la población total. Por su parte, la EKD registra 17,98 millones de miembros, constituyendo el 21,6% de los 83,6 millones de habitantes de Alemania. Los demás grupos religiosos, incluyendo ortodoxos, evangélicos independientes de la EKD e Islam, suman un 10,9 %. Esta distribución implica que el 43,8 % de la población alemana no profesa oficialmente ninguna religión, evidenciando el avance inexorable de la secularización y el declive de la religiosidad institucional.
Participación en los sacramentos
La crisis no solo se refleja en las cifras de afiliación, sino también en la participación sacramental. Durante 2024, la Iglesia Católica registró aproximadamente 116.000 bautizos, una reducción significativa respecto a los 131.000 del año anterior. Las iglesias protestantes regionales reportaron cerca de 110.000 bautizos. El contraste es aún más dramático al comparar con las cifras de hace dos décadas: en 2003, la Iglesia católica celebró 206.000 bautizos y las protestantes 227.500. La asistencia regular a Misa también ha experimentado un declive pronunciado, pasando del 15,2 % de los católicos en 2003 al 6,6 % en 2024.
Un indicador particularmente preocupante es la drástica disminución de vocaciones sacerdotales. En 2024, únicamente 29 hombres fueron ordenados sacerdotes católicos en todo el territorio alemán, lo que evidencia una severa crisis en el relevo generacional del clero.
Crisis eclesiástica en Alemania
Diversos teólogos y líderes religiosos han analizado profundamente esta crisis eclesiástica en Alemania. Georg Bätzing, obispo de Limburgo y presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, ha caracterizado la situación como “alarmante” y ha abogado por reformas para recuperar la confianza social. Bätzing sostiene que, si bien las reformas por sí solas no resolverán la crisis, su ausencia solo agravará la situación. Enfatiza la importancia de fortalecer la presencia eclesial en ámbitos sociales y educativos para mantener su relevancia.
Kirsten Fehrs, presidenta del Consejo de la EKD, reconoce que aunque la pertenencia eclesiástica ya no es una constante social, mantiene su importancia vital como fuente de apoyo espiritual y asistencia durante períodos críticos. Destaca la necesidad de que la Iglesia se constituya en un espacio de encuentro que promueva el diálogo y fortalezca la cohesión social.
Por su parte, el profesor Jan Loffeld, sacerdote de la diócesis de Münster y profesor de Teología Católica en Tilburg (Países Bajos), considera que la tendencia a la secularización es irreversible, anticipando que la Iglesia se convertirá progresivamente en una minoría más reducida. En su análisis, Loffeld señala que el Concilio Vaticano II promovió la idea de una Iglesia “en el mundo” y no “contra el mundo”, pero en un contexto social sustancialmente diferente al actual. Considera que, hoy en día, la evangelización y las reformas estructurales no parecen ser suficientes para revertir la crisis.
Falta de interés por lo religioso
Gregor Maria Hoff, catedrático de Teología Fundamental y Teología Ecuménica en Salzburgo, coincide en que la sociedad contemporánea ha perdido interés por las cuestiones religiosas tradicionales. Propone que la Iglesia debe identificar ”nuevas zonas de contacto” en espacios donde pueda mantener su relevancia, como instituciones educativas y ámbitos sociales, en lugar de aislarse en posiciones dogmáticas que no generan interés entre la población.
Thorsten Latzel, presidente de la Iglesia Evangélica de Renania, contextualiza el declive religioso dentro de un proceso más amplio de desinstitucionalización que afecta también a organizaciones políticas y sindicales. Esta perspectiva sugiere que la pérdida de influencia eclesiástica refleja una transformación cultural más profunda en la relación entre individuos e instituciones tradicionales.
El sociólogo Detlef Pollack ha identificado un aumento en las actitudes antirreligiosas en la sociedad alemana durante el último quinquenio. Observa una disminución en la valoración de las festividades religiosas, aunque destaca que los practicantes activos continúan apreciando la Iglesia como espacio de comunidad y respeto. Sin embargo, la desconexión de la mayoría con la vida eclesiástica refuerza prejuicios y complica los esfuerzos de acercamiento.
Secularización en Alemania
La disminución en la afiliación tanto católica como protestante en Alemania evidencia un proceso de secularización que se ha desarrollado durante décadas. Los elevados números de abandono y la escasez de vocaciones sacerdotales revelan una crisis estructural de difícil solución. Mientras algunos líderes eclesiásticos proponen reformas y renovación evangelizadora, los expertos sugieren que estas medidas podrían resultar insuficientes para contrarrestar la tendencia decreciente.
Una encuesta realizada por el diario “Aachener Zeitung” entre sus lectores, en la tradicionalmente católica región de Aquisgrán, ilustra la pérdida de influencia eclesiástica. Ante la afirmación “Es triste ver que cada vez más personas abandonan la Iglesia”, solo el 25 % expresó acuerdo, mientras el 69 % manifestó su desacuerdo (6 % ns/nc). Aunque no estadísticamente representativa, la encuesta refleja el clima social actual.
Frente a esta realidad, la Iglesia deberá redefinir su papel en la sociedad alemana. Hace más de medio siglo, el entonces profesor Joseph Ratzinger advertía en “Introducción al cristianismo” (1968) que la Iglesia se convertiría en una minoría y perdería muchos de sus privilegios. Ya como Papa Benedicto XVI, reiteró en numerosas ocasiones la necesidad de que los creyentes se concibieran como una “minoría creativa”, capaz de preservar las bases espirituales de Europa. La cuestión clave es cómo esa “minoría creativa” puede seguir siendo fermento en un mundo que, cada vez más, parece prescindir de la religión.