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El “Comité Central de los Católicos Alemanes” da la vuelta a los argumentos de la Santa Sede

Reinterpreta con una “hermenéutica” propia las recientes afirmaciones tanto del Papa como de cardenales de la curia que se oponen a dicho comité, para afirmar lo contrario a la textualidad de los documentos.

José M. García Pelegrín·28 de noviembre de 2023·Tiempo de lectura: 5 minutos

Irme Stetter-Karp, presidenta del Comité Central de los Católicos Alemanes y Georg Bätzing, presidente de los obispos alemanes ©OSV News photo/Heiko Becker, Reuters

Tras la constitución del Comité sinodal en Alemania, el 11 de noviembre, los Estatutos debían ser aprobados tanto por la Conferencia Episcopal Alemana (DBK) como por el Comité Central de los Católicos Alemanes (ZdK).

Mientras que los obispos se reunirán en Asamblea plenaria a comienzos del próximo año, el ZdK mantuvo su asamblea semestral los días 24 y 25 de noviembre, en Berlín. Como era de esperar, los Estatutos de dicho Comité sinodal se aprobaron por una abrumadora mayoría. La presidenta de la ZdK, Irme Stetter-Karp, declaró: “Hemos despejado el camino para que el Camino Sinodal continúe”.

El principal objetivo del Comité sinodal es preparar, durante tres años, un “Consejo Sinodal” que perpetúe el denominado Camino Sinodal alemán. Sin embargo, el Vaticano prohibió explícitamente el establecimiento de dicho “Consejo sinodal”: así lo manifestaron el Cardenal Secretario de Estado y los cardenales prefectos de los dicasterios para la Doctrina de la Fe y para los Obispos en una carta del 16 de enero de 2023, enviada con la aprobación expresa del Papa Francisco: “Ni el Camino Sinodal, ni un organismo designado por él, ni una conferencia episcopal tienen competencia para instituir un Consejo Sinodal ni a nivel nacional ni diocesano ni parroquial”.

A dicho escrito se refirió el Papa en una carta enviada a cuatro exparticipantes del Camino Sinodal, fechada el 10 de noviembre: el Santo Padre hablaba de “numerosos pasos con los que gran parte de esta Iglesia local amenaza con alejarse cada vez más del camino común de la Iglesia universal”. Francisco incluía entre dichos pasos “la constitución del Comité sinodal, que tiene como objetivo preparar la introducción de un órgano consultivo y decisorio que no puede conciliarse con la estructura sacramental de la Iglesia católica”.

Con un nuevo escrito, fechado el 23 de octubre, pero que no se dio a conocer públicamente hasta el 24 de noviembre, el Cardenal Secretario de Estado, Pietro Parolin, se dirigía a la Secretaria General de la DBK, Beate Gilles. El cardenal Parolin afirmaba que tanto la doctrina de reservar el sacerdocio a los hombres como la enseñanza de la Iglesia sobre la homosexualidad –dos de los principales cambios que quiere introducir el Camino Sinodal– son “innegociables”.

A estos nuevos dos documentos, el ZdK reaccionó sin inmutarse. En lugar de reflexionar sobre su claro contenido y sacar las conclusiones oportunas, se dedica a una especie de exégesis de dichos textos para interpretar las supuestas razones por las que el Papa o los cardenales de la Curia podrían haber dictado tal prohibición. El vicepresidente del ZdK, Thomas Söding, explicó al comienzo de la rueda de prensa celebrada en el marco de la Asamblea General de la ZdK: “En su última carta a cuatro ex miembros del Camino Sinodal, el Papa subrayó su preocupación por la unidad de la Iglesia. La sinodalidad que estamos estableciendo en Alemania quiere reforzar y reforzará esta unidad, tanto interna como externamente. La sinodalidad católica nunca lo será sin o contra el Papa y los obispos, sino siempre con el Papa y los obispos”.

En respuesta a la pregunta concreta que le planteé sobre cómo se pueden conciliar estas palabras con las afirmaciones de la carta del Papa, el vicepresidente del ZdK respondió que el Papa se remitía a la carta de los tres cardenales del 16 de enero. “En esta carta, en mi opinión, se formulaba muy claramente la objeción expresada desde Roma de que no debe haber ni un Consejo Sinodal a nivel federal, que sea, por así decirlo, una autoridad superior a la Conferencia Episcopal, ni que el obispo –por decirlo con mis propias palabras– sea una especie de Gerente de un Consejo Sinodal”. El Comité sinodal “precisamente no tiene como objetivo relativizar y quitar poder al obispo”.

En su intervención en la asamblea plenaria, Thomas Söding reiteró esta afirmación: “El Sínodo romano es para nosotros un espaldarazo”, y con respecto a la carta del Papa del 10 de noviembre, dijo: el hecho de que el Papa afirme que “ni se puede socavar el oficio episcopal ni quitar poder a la Conferencia Episcopal, confirma en última instancia el rumbo que estamos tomando aquí”. En respuesta a la pregunta de un delegado de la ZdK, añadió que la sospecha de que los obispos iban a ser desautorizados estaba siendo difundida “por partes interesadas”. Y continuaba: “Estamos entrando en un proceso: la sinodalidad en términos católicos siempre significa sinodalidad con el Papa y los obispos, pero también sinodalidad con el pueblo de la Iglesia. Eso es lo que ha faltado hasta ahora, y eso es lo que hay que impulsar”.

La presidenta del ZdK, Irme Stetter-Karp, también intentó relativizar las declaraciones del Papa y de los cardenales. En la citada rueda de prensa, se refirió a una “dinámica” en la Curia romana: “Me gustaría recordar la dinámica dentro de la Curia en Roma, y también entre la Curia y el Papa”. Recordó que el cardenal Parolin también se había opuesto a la “apertura y al derecho de voto de laicos y mujeres para el Sínodo Mundial”, pero el Papa lo hizo de todos modos: “de repente era legal y posible”. Cree que es importante no pasar por alto esta “dinámica” en la Curia.

La DBK aún tiene que aprobar los estatutos del Comité Sinodal

En este contexto, el ZdK cita al arzobispo de Berlín, Mons. Heiner Koch, quien es el nuevo Asistente Espiritual del ZdK, con las siguientes palabras: “Los obispos estamos a favor de los estatutos del Comité sinodal. ¡Es un sí consciente!”. Sin embargo, cuando habló en la asamblea plenaria del ZdK, su mensaje fue bastante distinto. Decía que se solía hablar de “los obispos” como algo uniforme, pero que el debate que se mantiene en la DBK es heterogéneo, aunque no se haga público.

“Hay diferencias teológicas, eclesiológicas y también psicológicas. También se pueden observar preocupaciones y reservas sobre el tema, según el posicionamiento respecto de la tradición y la doctrina”. Mons. Koch hacía referencia a que estas diferencias existen también entre los laicos: “Recibo muchas cartas y correos electrónicos que dicen: no estamos de acuerdo con el Camino sinodal, no queremos ir por este camino. Y no se crean que son sólo unos pocos”.

Respuesta de un canonista a las interpretaciones por parte del ZdK

Sobre el carácter vinculante de la carta del Papa Francisco y la nota del cardenal secretario de Estado Pietro Parolin, Stefan Mückl, profesor de Derecho Canónico en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, expone:

“El derecho canónico obliga a todos los fieles –clérigos y laicos, hombres y mujeres– ‘a observar siempre la comunión con la Iglesia’ (c. 209 § 1 CIC). En particular, ‘están obligados a seguir, por obediencia cristiana, todo aquello que los Pastores sagrados, en cuanto representantes de Cristo, declaran como maestros de la fe o establecen como rectores de la Iglesia‘ (c. 212 § 1 CIC). Mientras que el primer aspecto (‘maestros de la fe’) se refiere al magisterio eclesiástico, el segundo (‘rectores de la Iglesia’) se refiere al ejercicio del oficio eclesiástico de gobierno.

Las disposiciones del derecho canónico no son ‘invenciones’ de juristas, sino la formulación jurídica de la sustancia de la fe de la Iglesia, tal como se describe en la Constitución eclesiástica ‘Lumen gentium’ del Concilio Vaticano II.

Por lo tanto, cuando los ‘pastores sagrados’, especialmente el Papa como pastor supremo de la Iglesia (o su colaborador más cercano, el cardenal secretario de Estado) ‘declaran’ o ‘determinan’, son vinculantes para todos los miembros de la Iglesia, independientemente de a quién se haya dirigido en detalle el anuncio correspondiente. Declaraciones como ‘sólo era una carta a cuatro mujeres’ o ‘el Vaticano prohíbe cosas que no hemos decidido’ no vienen al caso.

La Santa Sede ha dejado claro durante años y en repetidas ocasiones, tanto a través del propio Papa como (con su conocimiento y voluntad) a través de los principales responsables de los dicasterios romanos, lo que es (o no es) compatible con la doctrina y la disciplina de la Iglesia. Por tanto, es incomprensible cómo se puede construir un contraste (‘dinámica’) entre el Papa y la Curia. Los mensajes de Roma son claros”.

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