Vaticano

Joseph Ratzinger. Una vida gastada al servicio de la Iglesia

Sus dotes intelectuales destacaron siempre: en sus dieciocho años como profesor universitario, en su breve etapa como arzobispo de Munich, en la Congregación para la Doctrina de la Fe y, finalmente, en su ministerio como Papa

Enrique Carlier·31 de diciembre de 2022·Tiempo de lectura: 10 minutos

El sacerdote Joseph Ratzinger habla con un prelado durante el Concilio Vaticano II.

La biografía de cualquier persona suele ofrecer, casi siempre, abundantes claves para descifrar el temperamento, la personalidad e, incluso, algunas de las principales decisiones tomadas por el biografiado. Así sucede también con Joseph Ratzinger – Benedicto XVI.

Por ejemplo, una clave biográfica que ayuda a comprender el agotamiento que le llevó a renunciar no es sólo su avanzada edad, sino sobre todo el enorme desgaste que experimentó por su intenso, dedicado e ininterrumpido trabajo al servicio de la Iglesia universal en los más de treinta y un años que estuvo en Roma: primero como estrecho colaborador de san Juan Pablo II al frente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, a partir del 25 de noviembre de 1981; y luego, cuando el cardenal Ratzinger ya pensaba en su merecido retiro, en los casi ocho años de extenuante ministerio como Vicario de Cristo.

Infancia y juventud

Joseph Ratzinger nació en la localidad bávara de Marktl, junto al río Inn, en un día cargado de significación religiosa: un Sábado Santo (el 16 de abril de 1927). Que fuera bautizado ese mismo día ya es indicativo de su precocidad espiritual y litúrgica (la Vigilia Pascual es el marco bautismal por excelencia).

Sin embargo, pasó su infancia y adolescencia en Traunstein, una pequeña localidad casi fronteriza con Austria, a treinta kilómetros de Salzburgo. En ese ambiente “mozartiano”, como él mismo lo ha definido, se educó humana, cultural y musicalmente bajo el influjo cristiano de su familia. Su padre, comisario de la gendarmería, provenía de una antigua familia de agricultores de la Baja Baviera, de condición económica modesta. Su madre, hija de artesanos de Rimsting, antes de casarse trabajó de cocinera en varios hoteles. Joseph es el menor de los tres hermanos. María, la hija mayor, falleció en 1996; y Georg (89 años), sacerdote y músico, vive en Ratisbona.

La educación recibida le permitió superar la dura experiencia del régimen nazi, hostil a la Iglesia católica. El joven Joseph vio con sus propios ojos cómo los nazis golpeaban a un sacerdote que se disponía a celebrar la Misa. Paradójicamente, y también al ver en su padre el rechazo cristiano al nazismo, aquella compleja situación histórica terminó ayudándole a descubrir la verdad y la belleza de la fe.

Poco antes de que acabara la segunda guerra mundial –el joven Ratzinger tenía entonces 16 años–, fue forzado a enrolarse en los servicios auxiliares antiaéreos. Este episodio ha sido duramente enjuiciado en algunas biografías exageradamente críticas. Es el caso de una primera semblanza escrita por el vaticanista John Allen, para quien la resistencia al nazismo era difícil y arriesgada, pero no imposible. Pero Joseph Ratzinger tuvo en aquella circunstancia el valor de desertar, aunque se exponía a ser fusilado.   

Sacerdote y teólogo

En cualquier caso, no fue el activismo político la inclinación fundamental del joven Joseph Ratzinger, sino el estudio. Muy pronto comenzó a dedicarse y a destacar en lo que sería luego su principal cometido: la enseñanza de la teología. Desde 1946 hasta 1951 cursó filosofía y teología en la Escuela superior de filosofía y teología de Freising y en la universidad de Munich. Y el 29 de junio de 1951 recibió, junto a su hermano Georg, la ordenación sacerdotal. Ese fue, según diría luego, el día más importante de su vida.

Un año después, con 25 años, comenzó a impartir clases en la Escuela superior de Freising. Sus dotes como docente e investigador en la ciencia teológica, de modo particular en el terreno antropológico y eclesiológico, comenzaron pronto a despuntar.

Joseph Ratzinger

En 1953 se doctoró en teología con la tesis: “Pueblo y casa de Dios en la doctrina de la Iglesia en san Agustín”. Cuatro años después, bajo la dirección del profesor Gottlieb Söhngen, obtuvo la habilitación para la enseñanza con una disertación sobre: “La teología de la historia de san Buenaventura”.

Tras ejercer como profesor de teología dogmática y fundamental en la Escuela superior de filosofía y teología de Freising, prosiguió su actividad docente en Bonn, de 1959 a 1963; en Munich, de 1963 a 1966; y en Tubinga, de 1966 a 1969. En este último año pasó a ser catedrático de dogmática e historia del dogma en la Universidad de Ratisbona, donde ocupó también el cargo de vicerrector.

Perito en el Concilio

De 1962 a 1965 contribuyó a los trabajos del Concilio Vaticano II como “perito”. Acudió al Concilio como teólogo consultor del cardenal Joseph Frings, arzobispo de Colonia. Benedicto XVI ha relatado cómo entró a participar en el Concilio por casualidad. Cuando era profesor de la Universidad de Bonn, el cardenal Josep Frings le pidió que le preparase el texto de una conferencia que tenía que pronunciar en Génova. Poco después, Juan XXIII llamó a Roma al cardenal Frings. Éste temía lo peor. Sin embargo, el Papa le abrazó y le dijo: “Gracias, Eminencia; usted ha dicho lo que yo quería decir pero no encontraba las palabras”. Y así fue cómo el cardenal Frings invitó al profesor Ratzinger a ir con él al Concilio, en calidad de ayudante personal.

Las aportaciones de Joseph Ratzinger a los documentos conciliares sobre la liturgia y la Palabra de Dios resultaron claves. Su intensa actividad científica le llevaría luego a desempeñar cargos relevantes al servicio de la Conferencia Episcopal Alemana y de la Comisión Teológica Internacional.

Con los años, como fruto de su prestigio como teólogo y de su labor al frente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Ratzinger recibiría numerosos doctorados “honoris causa”: por el College of St. Thomas in St. Paul (Minnesota, Estados Unidos), en 1984; por la Universidad católica de Eichstätt (Alemania) en 1985; por la Universidad católica de Lima (Perú), en 1986; por la Universidad católica de Lublin (Polonia), en 1988; por la Universidad de Navarra (Pamplona, España), en 1998; por la Libre Universidad María Santísima Asunta (LUMSA) (Roma), en 1999; por la Facultad de teología de la Universidad de Wroclaw (Polonia), en 2000.

Algunos opinan que Ratzinger tuvo, como teólogo, una primera etapa liberal, pero que a finales de los años sesenta se alejaría de corrientes teológicas menos seguras. Junto a Hans Urs von Balthasar, Henri de Lubac y otros grandes teólogos, fundó en 1972 la revista de teología “Communio”.

Obispo de Munich y cardenal

El 25 de marzo de 1977, Pablo VI le nombró arzobispo de Munich y Freising. Concluía aquella etapa de 18 años como profesor en algunas de las mejores universidades públicas de Alemania.

Al recibir la ordenación episcopal el 28 de mayo se convirtió en el primer sacerdote diocesano que, después de 80 años, asumía el gobierno pastoral de la gran archidiócesis bávara. Como lema episcopal escogió “Cooperador de la verdad”, auténtica clave de interpretación del servicio que Ratzinger ha prestado a la Iglesia en sus diferentes facetas al servicio de la verdad. Así lo explicó él mismo: “Por un lado, me parecía que expresaba la relación entre mi tarea previa como profesor y mi nueva misión. Aunque de diferentes modos, lo que estaba y seguía estando en juego era seguir la verdad, estar a su servicio. Y, por otro, escogí este lema porque en el mundo de hoy el tema de la verdad es acallado casi totalmente; pues se presenta como algo demasiado grande para el hombre y, sin embargo, si falta la verdad todo se desmorona”.

En el consistorio del 27 de junio de 1977, el Papa Pablo VI creó cardenal al joven arzobispo de Munich (que tenía entonces 50 años) con el título presbiteral de Nuestra Señora de la Consolación en el Tiburtino.

En 1978 Ratzinger participó ya en su primer cónclave: el que elegiría el 26 de agosto a Juan Pablo I. En el mes de octubre del mismo año participó también en el cónclave que eligió a Juan Pablo II.

Posteriormente sería relator en la V Asamblea general ordinaria del Sínodo de los Obispos, celebrada en otoño de 1980, dedicada al tema: “Misión de la familia cristiana en el mundo contemporáneo”, y presidente delegado de la VI Asamblea general ordinaria, de 1983, sobre “La reconciliación y la penitencia en la misión de la Iglesia”.

Benedicto XVI
El Papa Juan Pablo II junto al cardenal Ratzinger en el aeropuerto de Munich en noviembre de 1980 ©CNS photo from KNA

Prefecto del Santo Oficio

La vida de Joseph Ratzinger adquirió un nuevo y definitivo sesgo el 25 de noviembre de 1981, fecha en la que Juan Pablo II lo llamó a Roma para ponerle al frente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, de la Pontificia Comisión Bíblica y de la Comisión Teológica Internacional. Allí trabajó, en perfecta sintonía con el Pontífice polaco, más de 23 años.

Juan Pablo II ya nunca quiso prescindir de aquella privilegiada cabeza teológica. El cardenal Ratzinger se había convertido en su principal y fidelísimo colaborador, sobre todo a la hora de resolver las cuestiones doctrinales más peliagudas, como fue, por ejemplo, dar respuesta a las denominadas teologías de la liberación o ponerle al frente de la Comisión para la preparación del Catecismo de la Iglesia católica.

El 5 de abril de 1993, Juan Pablo elevó al cardenal Ratzinger al orden de los Obispos y el 30 de noviembre de 2002 aprobó su elección como Decano del colegio cardenalicio, convirtiéndole así en supervisor de la elección del futuro Papa.

El Card. Joseph Ratzinger en una conferencia de prensa en junio del año 2000 ©CNS photo from Reuters

Tras la muerte de Juan Pablo II el 2 de abril de 2005, Ratzinger esperaba que al término del cónclave concluyera también su servicio directo a la Sede Apostólica. Sin embargo, el Espíritu Santo tenía otros planes para él.

El Papa teólogo

El pontificado de Benedicto XVI no llegó a cumplir 8 años. La llegada de Joseph Ratzinger a la sede de Pedro coincide, sin duda, con el inicio de una de las etapas más difíciles para la Iglesia católica: el grave problema de los abusos sexuales por parte de clérigos y religiosos, la inestabilidad económica mundial y el cambio de paradigma social marcaron, sin duda, la línea del pontificado y su sorprendente renuncia.

Como pastor, las catequesis del Papa bávaro constituyen una notable colección de formación catequética accesible y precisa. Sus comentarios sobre figuras como San Pablo y los Padres de la Iglesia, o el descubrimiento de hombres y mujeres a veces desconocidos por la inmensa mayoría de los files hacen de estas alocuciones un tesoro de fe y formación cristiana.

Especial mención merece su trilogía Jesús de Nazaret, cuyo primer volumen salió en abril de 2007, el segundo en marzo de 2011 y el tercero en noviembre de 2012, fue un verdadero éxito editorial a nivel mundial. En estos libros, el Papa desgrana, con enorme profundidad y conocimiento absoluto de la fe y la tradición, la figura de Cristo poniéndola en diálogo perfecto con el hombre moderno.

Sus encíclicas “Deus Caritas est”“Spe Salvi” y “Caritas in Veritate” constituyen la espina dorsal del Magisterio papal de Joseph Ratzinger. Junto a ellas, destacan sus numerosas cartas y mensajes particulares que el Papa dirigió a diplomáticos, jóvenes, los movimientos eclesiales y nuevas comunidades, a la Curia romana y a otras entidades del mundo.

Como Papa, Benedicto XVI se enfrentó los principales problemas de la Iglesia. Entre los más destacados, hay que subrayar sus esfuerzos por sacar a la luz los casos de abusos sexuales dentro de la Iglesia, su encuentro con las víctimas y el establecimiento de instrucciones a todas las Conferencias Episcopales para que estos casos no se repitan. Continuaba así la senda iniciada por su predecesor para erradicar estas conductas en el seno de la Iglesia y cuyos esfuerzos continúan a día de hoy.

Asimismo, bajo su pontificado se inicia la reforma del sistema de finanzas del Vaticano para adaptarse a las normas de transparencia internacional.

El Papa Benedicto XVI se destacó por su diálogo con religiones no cristianas y por sus numerosos viajes por el mundo. Benedicto XVI hizo 24 viajes apostólicos: desde el primero en Colonia con motivo de la XX Jornada Mundial de la Juventud, en agosto de 2005, hasta el viaje a Líbano en septiembre de 2012. Benedicto XVI visitó todos los continentes, pasando etapas en Turquía, Brasil, Estados Unidos, Sidney, Camerún y Angola, Jordania, Benín, México y Cuba, además de otros viajes a Europa: Polonia, España, Austria, Francia, República Checa, Malta, Portugal, Chipre, Reino Unido, Croacia y, por su supuesto, su tierra natal, Alemania.

En diciembre de 2012, Benedicto XVI inauguraba, con su primer tuit la cuenta @pontifex en esta red social. En la actualidad, la cuenta oficial del Papa cuenta con más de 53 millones de seguidores y se escribe en 9 idiomas.

El Papa envía su primer tuit el 12 de diciembre de 2012 ©CNS photo/L ‘Osservatore Romano via Reuters

La magnitud de los problemas internos y externos de la Iglesia así como la constatación de su frágil salud llevaron a que el 11 de febrero de 2013 el papa Benedicto XVI anunciara, por sorpresa su renuncia al cargo, alegando “falta de fuerzas”. No se había dado una renuncia papal desde que, en 1294 y cansado de las luchas internas, Celestino V renunciara al timón de la barca de Pedro. El propio Benedicto XVI había visitado, el L’Aquila, la tumba de este Papa. La renuncia papal se hizo efectiva el 28 de febrero de ese mismo año.

Tras la elección de Jorge Mario Bergoglio como sucesor al frente de la Iglesia católica, Joseph Ratzinger pasó a ser el Papa emérito y estableció su residencia en el monasterio Mater Ecclesiae en territorio vaticano.

Últimos años

Desde su renuncia al papado, Benedicto XVI se ha mantenido en un ejemplar segundo plano, sin muchas apariciones públicas o publicaciones. En la mayoría de ocasiones se ha tenido acceso a imágenes suyas gracias a las frecuentes visitas del Papa Francisco para felicitarle en las principales fiestas cristianas o aniversarios personales. En abril de 2014 participó de la ceremonia de canonización de Juan XXIII y Juan Pablo II y, más tarde, en la beatificación de Pablo VI. También acudió a algunos consistorios públicos de cardenales y abrió la puerta santa en el año jubilar de 2015.

En 2016 publicó un libro entrevista que escribió en compañía del periodista Peter Seewald, en donde hace un balance de su pontificado y habla de temas como su joven postura frente a la encíclica Humanae vitae, su relación con el teólogo Hans Küng y otros temas de su vida personal.

Benedicto XVI reza junto a su hermano Georg Ratzinger ©CNS photo/L’Osservatore Romano via Reuters

En junio en 2020 realizó un viaje de cinco días a Ratisbona para visitar a su hermano, Georg Ratzinger, gravemente enfermo, que moriría días después. Esta fue la única salida del papa emérito fuera de la Ciudad del Vaticano después de la renuncia al cargo. 

El 31 de diciembre de 2022, a primera hora de la mañana, la Oficina de prensa de la Santa Sede anunciaba el fallecimiento del Papa emérito: “Con pesar doy a conocer que el Papa emérito Benedicto XVI ha fallecido hoy a las 9:34 horas en el Monasterio Mater Ecclesiae del Vaticano“, rezaba la nota.

El autorEnrique Carlier

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