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Número de abusos sexuales en la Iglesia evangélica alemana superior al esperado

Un estudio encargado por la Iglesia Evangélica de Alemania, realizado por un grupo de investigadores a lo largo de los últimos cuatro años, ha revelado que en las iglesias protestantes hubo muchos más casos de abusos sexuales de lo que se pensaba.

José M. García Pelegrín·27 de enero de 2024·Tiempo de lectura: 5 minutos
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Seis años después de la publicación del estudio sobre abusos encargado por la Conferencia Episcopal Católica, este jueves se ha presentado un importante estudio sobre los abusos sexuales en la Iglesia protestante. Dicho análisis ha sido realizado por un grupo interdisciplinar de investigación denominado “ForuM – Investigación sobre el tratamiento de la violencia sexualizada y otras formas de abuso en la Iglesia Evangélica y la Diaconía en Alemania” y financiado por la EKD (“Evangelische Kirche Deutschlands”, “Iglesia Evangélica de Alemania”) con 3,6 millones de euros, que la encargó en 2020. La EKD está compuesta por 20 “Landeskirchen” (“iglesias regionales”) y representa a 19,2 millones de cristianos evangélicos en toda Alemania.

El resultado más destacado de dicho estudio, que consta de 871 páginas, es que el número de víctimas de abusos sexuales es muy superior a lo esperado. Pero antes de entrar en un análisis de este estudio es importante señalar dos particularidades.

En primer lugar, mientras que el estudio sobre los abusos sexuales en la Iglesia católica (“estudio MGH”, 2018) se circunscribía a persona consagradas, el estudio “ForuM” afecta no solamente a pastores protestantes, sino también a empleados de la denominada “Diaconía”, la institución protestante equiparable a ”Cáritas” en el ámbito católico.

En segundo lugar, el “estudio MGH” se hizo a partir de los expedientes personales que obran en las curias diocesanas, un total de 38.156 expedientes. En el caso del estudio “ForuM” sólo se ha dispuesto de datos exhaustivos en el caso de una de las iglesias regionales de las 20 que configuran la EKD. En total se examinaron 4.300 expedientes disciplinarios, 780 expedientes de personal y unos 1.320 documentos de otro tipo. Según la presidenta del Consejo de la EKD, Kirsten Fehrs, las iglesias protestantes no se negaron a cooperar, pero lo hicieron “peor” que las diócesis católicas: no hubo “falta de voluntad deliberada”, sino simplemente una “desafortunada incapacidad”.

Se trata, por lo tanto, de “proyecciones”. En el estudio se dice al respecto: de aquí se desprende “un número total estimado de 3.497 personas acusadas (incluidos 1.402 pastores) y 9.355 personas afectadas” desde 1946.

Es por esto que, aunque esas cifras sean muy superiores a lo que se suponía hasta ahora, pues se partía de unas 900 víctimas de abusos, se trata tan sólo –según el coordinador del estudio, Martin Wazlawik, profesor de Trabajo Social en la Universidad de Ciencias Aplicadas de Hannover–de la “punta de la punta del iceberg” y una “muestra muy selectiva”.

El estudio “ForuM” hace referencia a que la iglesia evangélica había considerado los abusos sexuales (“violencia sexualizada”) como un problema específico de la Iglesia católica o, por el contrario, como un problema de la sociedad en su conjunto, pero que no les afectaba especialmente.

En el prólogo al Estudio se habla también de una tendencia “historicista”: considerarlo como un problema circunscrito a los orfanatos de los años 50 y 60, o bien como un fenómeno pasajero de la “liberación sexual” tras “el 68”.

Como una de las causas “sistémicas” o específicas de las iglesias evangélicas se indica la falta de un suficiente control: al no tener un líder religioso se concede una amplia autonomía a cada pastor, lo que lleva a “una difusión de la responsabilidad en las complejas estructuras de una Iglesia que en muchos lugares concede gran importancia a construirse a sí misma desde abajo y no prevé una supervisión fuerte con posibilidades de intervención”. Además, un cierto “laissez-faire” en la educación sexual podría haber sido una característica del abuso específicamente protestante. Concretamente, el estudio “ForuM” habla de un mayor auge de la “liberación sexual” que en el catolicismo, así como de la influencia de pedagogos como Helmut Kentler, Gerold Becker y Hartmut von Hentig que, con su “superación de límites” en los contactos entre adultos y niños, favorecieron una influencia “paidosexual” sobre la pedagogía reformadora protestante y la ética sexual. Ahora bien, el estudio admite que “aún está por hacer un análisis y reflexión más detallados sobre la influencia de diversas corrientes pedagógicas reformistas y posibles corrientes paidosexuales”.

En cualquier caso, en lo que coinciden los estudios MHG y ForuM es en que las víctimas de abusos sexuales son, en aproximadamente dos tercios, de sexo masculino: así lo eran el 64,7% de las víctimas de la Iglesia protestante. El 99,6% de los agresores también eran hombres; lo específico de las iglesias evangélicas es que tres cuartas partes de los agresores sexuales estaban casados cuando cometieron su primer delito.

El celibato no es el problema

De este resultado se infiere que el celibato no es, como se ha venido repitiendo en los últimos años a raíz del estudio MHG, un factor de suma importancia y aún menos el más determinante. Incluso un periódico no conocido precisamente por su simpatía hacia la Iglesia católica como el berlinés “Der Tagesspiegel” subrayaba en su editorial que la iglesia protestante no puede aducir como principal motivo de los abusos sexuales el celibato, el argumento más recurrente, pues no existe en ella.

La iniciativa de laicos católicos “Nuevo Comienzo”, que se ha dado a conocer sobre todo por su oposición al Camino Sinodal de la Iglesia católica en Alemania, decía en un comunicado que este nuevo estudio ha acabado por fin con el “persistente relato del Camino Sinodal, según la cual los abusos tienen causas sistémicas de carácter específicamente católico”. Si bien estructuras sistémicas como “los desequilibrios de poder, los modelos de roles poco claros, la capacidad de manipular a los autores potenciales en relaciones asimétricas” pueden favorecer los abusos, no son “ni específicamente católicas ni confesionales”. Allí donde se hace una labor con niños y jóvenes, estos factores podrían favorecer “sistémicamente” los abusos; pero, según la iniciativa, no hay indicios de factores adicionales “específicamente católicos de eficacia significativa e importante” ni en el estudio protestante ForuM ni en el católico MHG. La iniciativa concluye: “Ambos estudios muestran que las iglesias no han afrontado ni respondido bien al problema de los abusos durante mucho tiempo”.

En el semanario católico “Die Tagespost”, Regina Einig comentaba que si bien este estudio “no debe ser motivo de satisfacción para los católicos”, el hecho de que también haya casos de abusos en el ámbito protestante plantea cuestiones objetivas a los obispos alemanes y permite sacar conclusiones para el Camino Sinodal, “pues las premisas bajo las que se inició éste están demostrando ser insostenibles”. El estudio MHG señaló –prosigue Einig– tres características de la Iglesia católica como factores que facilitaban los abusos sexuales: el celibato, la estructura jerárquica de la Iglesia y la falta de mujeres en el liderazgo. Ninguna de ellas las tienen las iglesias protestantes y, sin embargo, esto no ha evitado que se produjeran aquí abusos; “ni siquiera la casa pastoral protestante con un pastor casado y una familia tradicional garantiza un espacio seguro”.

Para la redactora de “Die Tagespost”, en una cosa coinciden la Iglesia católica y las protestantes: “les cuesta reconocer las consecuencias negativas de la revolución sexual y la ideología de 1968”. Las “aberraciones de la educación sexual, que a partir de los años 60 fueron responsables de los experimentos de los sexólogos con menores” que negaron el sufrimiento de los afectados, son “inconcebibles sin el rumbo ideológico marcado por el movimiento de 1968”. En este contexto aboga por una rehabilitación póstuma de Benedicto XVI: “Sus críticas al 68 en relación con la crisis de los abusos no fueron exageradas”.

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