La Iglesia celebra el 4 de abril a San Benito Massarari, de Palermo, llamado ‘el Africano’ o ‘el Negro’, y san Cayetano Catanoso, sacerdote y párroco en Reggio. San Benito Massarari nació en Sicilia en 1526, de padres cristianos, descendientes de esclavos negros. De joven, Benito cuidaba el rebaño del patrón, y desde entonces, por sus virtudes, era llamado ‘el santo moro’.
San Benito fue eremita, y entró después en la Orden franciscana, en 1562. Se mostró siempre humilde y lleno de fe en la divina Providencia, señala el Martirologio Romano. No tenía estudios, pero sus dotes naturales y espirituales de consejo y prudencia atraían a mucha gente. Fue hermano lego, cocinero, y luego guardián del convento de Santa María de Jesús en Palermo y maestro de novicios. Se le atribuyeron dones carismáticos y milagrosos.
Culto a la eucaristía, atención a necesitados, vocaciones
San Cayetano Catanoso, sacerdote, fue párroco durante años de una aldea pobre, donde fue pastor y padre de todos, según el directorio franciscano. Más adelante, en una parroquia de Reggio, desempeñó una actividad aún más intensa: catequesis, misiones populares, confesonario, asistencia a pobres, enfermos y perseguidos, etc.
Fomentó el culto a la Eucaristía y promovió las vocaciones sacerdotales. Muy devoto de la santa faz de Cristo, san Cayetano fundó la congregación de las religiosas Verónicas de la Santa Faz, para ayudar a los sacerdotes más necesitados. Fue beatificado en Roma por san Juan Pablo II en 1987, y canonizado por el Papa Benedicto XVI en 2005.
Otros santos y beatos del 4 de abril son san Pedro de Poitiers (s. XII), san Platón de Constantinopla, los beatos Guillermo Cuffitelli, José Benito Dusmet y Francisco Solís, o los santos mártires Agatópodo y Teódulo.