Cultura

Elena Egea: «esculpir arte sacro es una forma de evangelizar en silencio»

¡La escultura sacra sigue viva! Elena Egea, joven escultora madrileña, lo demuestra dando forma a escenas del Evangelio escasamente tratadas en la tradición artística como la Virgen embarazada y el Jesús escribiendo en la tierra.

Teresa Aguado Peña·15 de febrero de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos
Elena Egea, escultora sacra

Elena Egea, escultora sacra

¨Queridos artistas, vosotros sois los guardianes de la belleza; gracias a vuestro talento, tenéis la posibilidad de hablar al corazón de la humanidad, de tocar la sensibilidad individual y colectiva, de suscitar sueños y esperanzas, de ensanchar los horizontes del conocimiento y del compromiso humano. Por eso, sed agradecidos por los dones recibidos y plenamente conscientes de la gran responsabilidad de comunicar en la belleza y mediante la belleza. Sed también vosotros, mediante vuestro arte anunciadores y testigos de esperanza para la humanidad¨.

Con esta cita del Papa Benedicto XVI comenzaba el TFM de la escultora madrileña Elena Egea. Su gran obsesión, según comenta, es que sus obras sean testimonio y puente de lo bello: «el artista está llamado a crear belleza».

En un contexto artístico de inmediatez visual, la IA y la producción en serie, podría parecer que el arte sacro queda anticuado o que incluso pertenece a otro tiempo. Sin embargo, Elena demuestra lo contrario: la imaginería religiosa no solo sigue viva, sino que necesita urgentemente nuevas miradas. Su trabajo propone renovar del lenguaje escultórico sacro desde la sensibilidad contemporánea, la investigación técnica y la reflexión espiritual.

Elena se pregunta por qué el arte sacro insiste en representar las mismas escenas bíblicas existiendo muchos otros pasajes, igualmente relevantes y cargados de significado, que apenas han sido explorados por la escultura. Lejos de reproducir modelos tradicionales o fórmulas heredadas, Egea entiende la escultura religiosa como una oportunidad de experimentación, humanidad y riesgo creativo.

Crear sin solemnidad para llegar a lo sagrado

Una de las cuestiones que más sorprende en su proceso es su manera de enfrentarse a la imagen devocional. A diferencia de lo que cabría esperar, no trabaja desde el peso simbólico o la presión espiritual del encargo.

Durante la creación, evita pensar que está esculpiendo una Virgen o un Cristo.

“Si tratas la obra como algo sagrado desde el principio, te bloqueas ante la responsabilidad que eso supone. Es importante dejar que fluya tu manera, tu gesto y la concepción que tienes de la imagen. Yo, al hacer una Virgen o un Cristo no soy consciente de que he hecho una imagen religiosa hasta que la termino y veo a la gente rezarle”.

Ese distanciamiento le permite conservar la honestidad expresiva. Solo después, cuando la obra abandona el taller y entra en el espacio litúrgico, toma conciencia de su impacto: fieles que se arrodillan, miradas que se emocionan, silencios que se generan ante la pieza. Es entonces cuando comprende la verdadera dimensión de su trabajo: ha creado una imagen capaz de provocar devoción.

Una Virgen, en el mundo de hoy

La Virgen embarazada de Elena esconde una historia peculiar. Representar a una Virgen en el mundo de hoy es ir completamente a contracorriente. Y más en una universidad como la Complutense. Elena la esculpió como parte de su Trabajo de Fin de Grado y afirma que optar por el arte sacro en ese contexto fue, en cierto modo, «una manera de evangelizar en silencio».

Tanto es así que uno de sus compañeros más cercanos le confesó: «Elena, ya no me puedo meter con la Virgen porque ahora le pongo cara». Ella quedó impresionada al comprobar que a veces no hacen falta palabras, si no que las propias imágenes hablan por sí solas.

El reto del artista: actualizar sin perder esencia

Para Elena, el reto de los artistas es renovar el arte sacro sin perder su esencia: “la sociedad de hoy no necesita lo mismo que hace cien años. Vivimos en un mundo muy visual en el que todo se representa con imágenes. Si el arte sacro quiere seguir conectando, tiene que actualizarse”.

Mientras la arquitectura religiosa ha evolucionado hacia espacios modernos y luminosos, la escultura ha permanecido anclada a modelos seriados y repetitivos, herederos de la industrialización y de los talleres de reproducción en masa.

Nuevas iconografías

Volviendo a la Virgen embarazada de Elena, puede decirse que abordó una representación casi inexistente en la historia del arte. Una imagen íntima, humana, vulnerable.

Elena quiso esculpir el período de recogimiento y espera de la Virgen a la llegada de Jesús: “para mí es cuando más tuvo que pensar. Estaba embarazada del Espíritu Santo y tendría cierta incertidumbre. Esa tensión emocional casi no está representada”.

La obra fue expuesta en una parroquia madrileña y recibió una acogida inesperadamente cálida. Aquello confirmó que existía una necesidad real de nuevas imágenes.

Posteriormente, en su Trabajo de Fin de Máster, creó una escultura que representa el instante en que Jesús se arrodilla ante la lapidación de María Magdalena. De nuevo, un pasaje apenas tratado, centrado en la compasión.

Técnica contemporánea, espiritualidad ancestral

Formalmente, su trabajo también rompe con la tradición en cuanto a los materiales que utiliza.

Egea emplea vaciados del natural, telas impregnadas en escayola, estructuras metálicas y conceptos semióticos ligados al arte «indexal». Las telas conservan la huella del cuerpo ausente, como un rastro físico de algo que estuvo ahí. La obra se convierte así en “presencia de una ausencia”, una idea cercana a la Sábana Santa: una sencilla tela evoca la presencia de Jesús.

Este enfoque técnico conecta la escultura con su función espiritual buscando la carga simbólica del material.

Representar lo inefable

El objetivo de Elena no es romper con la tradición, sino reactivarla: devolverle autoría, riesgo, emoción y pensamiento crítico. Porque, en su visión, la modernización del arte sacro no consiste en hacerlo más moderno, sino más humano.

«La iglesia necesita del arte. El arte es el medio más espiritual mediante el cual, la contemplación y la oración se logran unir en un ente material que consigue atraer lo divino y lo espiritual como un camino directo hacia Dios. Tiene la capacidad de convertir en posible lo que en sí mismo es inefable».

Y quizá ahí resida la clave de su trabajo: esculpir no para imponer lo divino, sino para que lo divino surja, inesperadamente, en la mirada del espectador.


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