Lecturas del domingo

Otra bienaventuranza presente en el Evangelio. XXII domingo del Tiempo Ordinario (C)

Andrea Mardegan comenta las lecturas del XXII domingo del tiempo ordinario y Luis Herrera ofrece una breve homilía en vídeo. 

Andrea Mardegan·26 de agosto de 2022·Tiempo de lectura: 2 minutos

Foto: Cristo en casa de Simón el fariseo, de Dieric Bouts.

La lectura del sabio Sirácide introduce el tema de la mansedumbre y la humildad tan querido para Jesús. “Hijo, haz tus obras con mansedumbre, y serás más querido que un hombre generoso. Cuanto más grande seas, más humilde serás, y encontrarás gracia ante el Señor. Muchos son los soberbios y altaneros, pero a los mansos Dios les revela sus secretos”. El Salmo Responsorial, por otra parte, introduce el tema del cuidado de Dios por los pobres y desamparados: “Padre de los huérfanos y defensor de las viudas es Dios en su santa morada. A los solitarios, Dios les hace un hogar, saca a los cautivos con alegría”.

Jesús va a comer a casa de uno de los dirigentes de los fariseos, y queremos pensar en cómo no evita los ambientes que le son hostiles y no pierde la oportunidad de intentar cambiar su comportamiento y mentalidad, confiando en que puedan entender y con la intención de que también nosotros, que estamos alejados del tiempo y la cultura de ese ambiente, recibamos una enseñanza. Jesús prefiere recoger aspectos de la vida cotidiana para proponer su enseñanza, para cambiar nuestra vida diaria y para que comprendamos la lógica del Reino de Dios, que se revela y realiza en la vida cotidiana.

El pasaje comienza con su entrada en la casa y las miradas de todos puestas sobre él. A continuación, Lucas narra la curación de un hombre enfermo de hidropesía, sobre la que los invitados no pueden decir nada aunque ocurra en sábado, porque Jesús les hace callar con la consideración de que si uno de sus hijos o un buey cayera en el pozo en sábado lo sacarían. Vence el amor sobre la letra de la ley. Mientras tanto, Jesús les devuelve la mirada y se da cuenta del ansia de los invitados por ponerse en primer lugar. Entonces les cuenta la parábola de los invitados a la boda, para enseñar y corregir sin herir, pero no se refiere sólo a los buenos modales sociales, ni recomienda un truco para llegar a la cima: más bien revela un rasgo profundo de la lógica de Dios, que encontramos en toda la historia de la salvación: el que se
humilla será exaltado. La imagen del banquete nupcial es una imagen escatológica del Reino.

En esa comida, tras la curación del hidrópico y la parábola sobre la humildad de elegir el último lugar en el banquete nupcial, la tercera enseñanza es un consejo dirigido directamente al anfitrión, a quien sugiere que viva en su concreción la lógica que Dios tiene en su historia de salvación: que haga que su vida cotidiana refleje el estilo de Dios, que privilegia a los pobres, a los lisiados, a los cojos y a los ciegos. Y le promete que es destinatario de otra de las bienaventuranzas que encontramos en los Evangelios: “Serás bienaventurado porque no pueden pagarte; te pagarán en la resurrección de los justos”.

La homilía sobre las lecturas del domingo XXII

El sacerdote Luis Herrera Campo ofrece su nanomilía, una pequeña reflexión de un minutos para estas lecturas.

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