Vaticano

“Necesitamos una Iglesia fraterna y paciente”, afirma el Papa en Chipre

Lo primero que hizo el Papa en Chipre, al comienzo de su 35 viaje apostólico internacional al país chipriota y a Grecia, fue dar un abrazo a la comunidad católica, a la que elogió porque “acoge, integra y acompaña”, y mirar al “gran apóstol Bernabé”.

Rafael Miner·2 de diciembre de 2021·Tiempo de lectura: 8 minutos
Papa Francisco Chipre

Foto: El Papa durante su discurso al presidente de Chipre. ©CNS photo/Paul Haring

El Santo Padre ha definido el viaje apostólico a Chipre y Grecia como una “peregrinación a las fuentes”. Es el tercero este año (tras Irak y Budapest/Hungría y Eslovaquia), y sigue la estela de Benedicto XVI (2010) y san Juan Pablo II (2001) en estas tierras. Son cinco días, hasta el lunes 6, con nueve discursos, dos homilías y un Ángelus. Éstos son los números que marcan este viaje del Papa a dos países de amplia mayoría ortodoxa y con aguas al Mediterráneo, otro gran protagonista de este viaje.

En el vuelo hacia Nicosia, el Pontífice señaló a los periodistas: “Es un viaje bonito, pero tocaremos heridas”. No hacía falta realizar demasiadas conjeturas, porque el Santo Padre, antes de abandonar la casa Santa Marta, había saludado a algunos refugiados acompañados por el cardenal Konrad Krajewski. Eran inmigrantes, que ahora residen en Italia, provenientes de Siria, Congo, Somalia y Afganistán, y habían estado en Lesbos, donde el Papa viajará el domingo. Algunos se los trajo el mismo Francisco en 2016.

Tras el recibimiento oficial en el aeropuerto de Larnaca, antes incluso que la ceremonia de bienvenida en el Palacio Presidencial de Nicosia, el primer encuentro del Papa en Chipre ha sido con la comunidad católica: sacerdotes, religiosos, diáconos, catequistas, asociaciones y movimientos eclesiales, en la catedral maronita de Nuestra Señora de las Gracias.

Ortodoxos, hermanos en la fe

Sintetizaremos enseguida ese primer mensaje del Papa Francisco, relacionado con el apóstol Bernabé. Antes, conviene recordar que el Santo Padre, pocos días antes de salir, comunicó en un videomensaje “la alegría” de visitar “estas magníficas tierras, bendecidas por la historia, la cultura y el Evangelio”, tras las huellas de “grandes misioneros”, como “los apóstoles Pablo y Bernabé”.

“Peregrinación a las fuentes”, adelantó como clave Francisco. “La primera es la fraternidad, ‘tan preciosa’ en el contexto del viaje sinodal. “Hay una ’gracia sinodal’, una fraternidad apostólica que deseo tanto y con gran respeto: es la expectativa de visitar a los queridos beatos Chrysostomos y Ieronymos, Jefes de las Iglesias Ortodoxas locales. Como hermano en la fe, tendré la gracia de ser recibido por ustedes y de encontrarme con ustedes en el nombre del Señor de la Paz”.

En efecto, el Papa visita este viernes en Nicosia a Su Beatitud Chrysostomos II, arzobispo ortodoxo de Chipre, en el Palacio Arzobispal, y a continuación tendrá lugar un encuentro con el Santo Sínodo en la catedral ortodoxa de Nicosia, al que el Papa Francisco dirigirá un discurso.

Ya el sábado, en el país heleno, el Pontífice saludará también a Su Beatitud Ieronymos II, arzobispo de Atenas y de toda Grecia, en el Arzobispado Ortodoxo de Grecia, donde tendrá lugar un encuentro en el Salón del Trono del Arzobispado, y el Papa pronunciará otro discurso.

Las huellas del “gran apóstol Bernabé”

El “pequeño rebaño católico”, minoritario en Chipre y en Grecia, fue el primero en recibir un abrazo del Papa, tras el saludo del cardenal Béchara Boutros Raï, patriarca de Antioquía de los Maronitas, quien se refirió al eco de la presencia milenaria de los maronitas en la isla. “La migración desde el Líbano se produjo en el siglo VIII, mucho antes de la llegada de los cruzados (1192)”, recordó.

“Me siento contento de estar entre ustedes. Deseo expresar mi gratitud al cardenal Béchara Boutros Raï por las palabras que me ha dirigido y saludar con afecto al patriarca Pierbattista Pizzaballa”, comenzó el Papa en su discurso.

Gracias a todos ustedes por su ministerio y su servicio. […].  “Comparto mi alegría de visitar esta tierra, caminando como peregrino tras las huellas del gran apóstol Bernabé, hijo de este pueblo, discípulo enamorado de Jesús, intrépido anunciador del Evangelio”, añadió. Un apóstol que “pasando por las nacientes comunidades cristianas, veía cómo actuaba la gracia de Dios y se alegraba de ello, exhortando ‘a todos para que permanecieran unidos al Señor con firmeza de corazón’”.

“Vengo con el mismo deseo”, prosiguió el Santo Padre. “Ver la gracia de Dios obrando en su Iglesia y en su tierra, alegrándome con ustedes por las maravillas que el Señor obra y exhortándolos a perseverar siempre, sin cansarse, sin desanimarse nunca. Los miro y veo la riqueza de su diversidad”.

Francisco saludó a la Iglesia maronita, “que en el curso de los siglos ha llegado en varias ocasiones a la isla y que, a menudo atravesando muchas pruebas, ha perseverado en la fe”. Y “también a la Iglesia latina, presente aquí por milenios, que ha visto crecer en el tiempo, junto a sus hijos, el entusiasmo de la fe y que hoy, gracias a la presencia de tantos hermanos y hermanas migrantes, se presenta como un pueblo ‘multicolor’, un auténtico lugar de encuentro entre etnias y culturas diferentes”.

“Cultivar una mirada paciente”

A continuación, el Papa Francisco quiso “compartir algo con ustedes a propósito de san Bernabé, su hermano y patrono, inspirándome en dos palabras de su vida y de su misión”.

Entonces subrayó: “Necesitamos una Iglesia paciente. Una Iglesia que no se deja turbar y desconcertar por los cambios, sino que acoge serenamente la novedad y discierne las situaciones a la luz del Evangelio. En esta isla es precioso el trabajo que llevan adelante en la acogida de nuevos hermanos y hermanas que llegan desde otros lugares del mundo. Como Bernabé, también ustedes están llamados a cultivar una mirada paciente y atenta, a ser signos visibles y creíbles de la paciencia de Dios que nunca deja a nadie fuera de casa, privado de su tierno abrazo”.

“La Iglesia en Chipre tiene estos brazos abiertos: acoge, integra y acompaña. Es un mensaje importante también para la Iglesia en toda Europa, marcada por la crisis de fe”, manifestó el Santo Padre. “No sirve ser impulsivos y agresivos, nostálgicos o quejumbrosos, es mejor seguir adelante leyendo los signos de los tiempos y también los signos de la crisis. Es necesario volver a comenzar y anunciar el Evangelio con paciencia, sobre todo a las nuevas generaciones”.

Fraternidad de los santos Bernabé y Pablo

“En la historia de Bernabé hay un segundo aspecto importante que quisiera subrayar: su encuentro con Pablo de Tarso y la amistad fraterna entre ellos, que los conducirá a vivir juntos la misión”, señaló también el Papa, al evocar que Bernabé tomó consigo a san Pablo, tras su conversión, lo presentó a la comunidad, contó lo que le había sucedido y respondió por él”. Y dijo el Papa: “Es una actitud de amistad y de compartir la vida. ‘Tomar consigo’, ‘tomar sobre sí’ significa hacerse cargo de la historia del otro, darse tiempo para conocerlo sin etiquetarlo, cargarlo sobre los hombros cuando está cansado o herido, como hace el buen samaritano”.

“Esto se llama fraternidad, y es la segunda palabra. Bernabé y Pablo, como hermanos, viajaron juntos para anunciar el Evangelio, aun en medio de persecuciones”, y desacuerdos. “Pero Pablo y Bernabé no se separaron por motivos personales, sino que estaban discutiendo acerca de su ministerio, sobre cómo llevar adelante la misión, y tenían visiones diferentes”, señaló Francisco.

“Esta es la fraternidad en la Iglesia, se puede discutir sobre visiones, sensibilidades e ideas diferentes. Y decirse las cosas en la cara con sinceridad en ciertos casos ayuda, es ocasión de crecimiento y de cambio. […] Se discute, pero seguimos siendo hermanos”.

Y aquí llega la segunda invitación del Papa en su discurso a la comunidad católica:

“Queridos hermanos y hermanas, necesitamos una Iglesia fraterna que sea instrumento de fraternidad para el mundo. Aquí en Chipre existen muchas sensibilidades espirituales y eclesiales, varias historias de procedencia, ritos y tradiciones diferentes; pero no debemos sentir la diversidad como una amenaza contra la identidad, ni debemos recelar y preocuparnos de los respectivos espacios”.

Mensaje “a toda Europa”

“Con su fraternidad pueden recordar a todos, a toda Europa, que para construir un futuro digno del hombre es necesario trabajar juntos, superar las divisiones, derribar los muros y cultivar el sueño de la unidad”, manifestó el Papa.

“Necesitamos acogernos e integrarnos, caminar juntos, ser todos hermanos y hermanas. Les agradezco lo que son y lo que hacen, la alegría con la que anuncian el Evangelio, las fatigas y renuncias con las que lo sostienen y lo hacen avanzar. Este es el camino trazado por los santos apóstoles Pablo y Bernabé”.

La exhortación final del Santo Padre fue ésta: “Les deseo que sean siempre una Iglesia paciente, que discierne, acompaña e integra; y una Iglesia fraterna, que hace espacio al otro, que discute pero permanece unida. Los bendigo y, por favor, sigan rezando por mí. Efcharistó! [¡Gracias!]”

Hospitalidad con los migrantes, no hostilidad

La primera “fuente” de peregrinación del viaje citada por el Papa en el video fue la fraternidad. La segunda se refirió a constituir “la fuente antigua de Europa”: Chipre representa “una rama de Tierra Santa en el continente”, mientras “Grecia es el hogar de la cultura clásica”. Europa, por tanto, subraya Francisco, “no puede prescindir del Mediterráneo, un mar que ha visto la difusión del Evangelio” y el desarrollo de grandes civilizaciones”. Así lo expresa el Papa:

“El mare nostrum, que conecta tantas tierras, nos invita a navegar juntos, a no dividirnos yendo cada uno por su lado, especialmente en este periodo en el que la lucha contra la pandemia sigue exigiendo mucho compromiso y la crisis climática se cierne sobre nosotros. El mar, que acoge a muchos pueblos, con sus puertos abiertos nos recuerda que las fuentes de la convivencia están en la acogida”.

E inmediatamente llegó el intenso llamamiento del Papa a no olvidar a los migrantes y a los refugiados:

“Pienso en los que, en los últimos años y todavía hoy, huyen de las guerras y la pobreza, que desembarcan en las costas del continente y en otros lugares, y no encuentran hospitalidad, sino hostilidad e incluso son instrumentalizados. Son nuestros hermanos y hermanas. ¡Cuántos han perdido la vida en el mar! Hoy, el Mare Nostrum, el Mediterráneo, es un gran cementerio”.

Lesbos, desafío de humanidad

La tercera fuente del viaje papal, en esta línea, será la humanidad, y se visualizará en Mitilene – Lesbos, a donde el Papa se desplazará en la mañana del domingo 5 de diciembre para encontrarse con los refugiados. Así lo hizo hace cinco años en la misma isla, y de este modo lo recordaba el Papa:

“Peregrino en la fuente de la humanidad, iré de nuevo a Lesbos, con la convicción de que las fuentes de la vida en común sólo volverán a florecer en la fraternidad y la integración: juntos. No hay otro camino, y con esta ilusión voy hacia ustedes”.

Mediterráneo, “oportunidad de encuentro”

La visita del Papa a Chipre y Grecia ha sido objeto de análisis y comentarios por parte de autoridades del Vaticano, y de diversos expertos. Destacan, entre otros, los cardenales Pietro Parolin, Secretario de Estado de la Santa Sede, y Kurt Koch, presidente del Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, o el analista Nikos Tzoitis.

“El Papa Francisco llevará a Chipre y Grecia la alegría del Evangelio y la luz de la esperanza, exhortando a Europa y a toda la humanidad a la unidad y a no abandonar a los necesitados”, ha manifestado el cardenal Pietro Parolin, en una entrevista con los medios de comunicación del Vaticano.

El Papa “se siente como un peregrino, un peregrino a los orígenes de la Iglesia. Recordemos que estos países estuvieron marcados por itinerarios apostólicos de gran importancia, los que se refieren a los apóstoles Bernabé y Pablo. Es una vuelta a estos orígenes, “redescubriendo – dice – la alegría del Evangelio”, que es un tema que ha atravesado todo el pontificado, empezando por el primer documento. El Papa, como siempre, confía su peregrinación a la oración y pide oraciones a todos”.

En cuanto al Mediterráneo, al que Francisco menciona en su mensaje, el cardenal Parolin resalta que “el Papa llevará la luz y la esperanza de Cristo, y la exhortación para que el Mediterráneo pase de ser un espacio que divide a ser una oportunidad de encuentro».

“Lo que debe ser el esfuerzo de todos los países, de todos los pueblos que viven alrededor de esta cuenca, es transformarlo de un espacio que divide en una oportunidad de encuentro. Por desgracia, hoy asistimos al fenómeno contrario: tantas tensiones a nivel geopolítico que tienen como centro el Mediterráneo y luego el fenómeno de la migración”, señala.

“Debemos navegar juntos”

“El Papa dice algo muy bonito que retoma un poco la idea que desarrolló durante la época de la pandemia”, añade el cardenal Secretario de Estado: “Concretamente cuando dice: ‘Estamos en un solo barco’… Y ahora afirma: ‘Debemos navegar juntos’. En mi opinión, esta invitación a navegar juntos significa: miren, nos enfrentamos a tantos problemas, tenemos emergencias, como las de la pandemia, de las que todavía no hemos salido del todo, como las del cambio climático –lo hemos oído en Glasgow estos últimos días– o tenemos fenómenos crónicos, como la guerra, la pobreza, el hambre… Así que, ante estos grandes fenómenos, estos grandes problemas y dificultades, debemos presentar un frente unido, debemos tener un enfoque común, compartido, multilateral. Esta es la única manera de resolver los problemas del mundo actual”, asegura.

Respecto a Chipre, que ha visto la división de las dos comunidades, grecochipriotra y turcochipriota, el cardenal Parolin manifiesta que “es una situación muy, muy delicada y preocupante. Creo que el Papa va a reiterar la posición, la esperanza, la exhortación de la Santa Sede: es decir, que el problema de Chipre puede resolverse mediante un diálogo sincero y leal entre las partes implicadas, teniendo siempre en cuenta el bien de toda la isla. Se trata, pues, de una confirmación de la línea de la Santa Sede, reiterándola in situ, con la esperanza de que tenga un efecto diferente al de proclamarla desde lejos”.

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