Cine

‘Tengamos la fiesta en paz’, una propuesta familiar, divertida y musical

El sexto largometraje de Juan Manuel Cotelo como director, Tengamos la fiesta en paz, es una comedia musical sobre la familia en la que los espectadores son el motor de su éxito. En su primer fin de semana, se ha situado en el top 10 de la cartelera. Omnes ha entrevistado a su director.

Rafael Miner·10 de diciembre de 2021·Tiempo de lectura: 6 minutos
Tengamos la fiesta en paz

Cuando se le pregunta a Juan Manuel Cotelo, director de cine, si se puede hacer una película optimista sobre la familia, afirma: “Por supuesto que se puede. Incluso… ¿se debe? No está bien permanecer con los brazos cruzados, mientras se observa la destrucción de algo tan valioso como la unidad familiar”.

“Películas como “La vida es bella”, de Benigni, o “Tiempos modernos”, de Chaplin, abordan asuntos dramáticos con buen humor y buena música, buena fotografía, buenos actores… y el resultado es curativo y alegre”, señala Cotelo a Omnes.

En efecto, Tengamos la fiesta en paz, una comedia musical que desea unir más a las familias en Navidad, se ha convertido en una de las películas más vistas de la cartelera, en su primera semana de estreno.Se trata de una propuesta valiente, divertida y musical. Es el quinto largometraje de la Fundación Infinito + 1 que, con Juan Manuel Cotelo, desea ser “parte de la solución a esta pandemia de tantas rupturas familiares, que provocan tanto dolor”.

―Tengamos la fiesta en paz se presenta como una película “basada en familias reales”. ¿Se puede hacer una película optimista sobre la familia hoy en día?

Por supuesto que se puede. Incluso… ¿se debe? No está bien permanecer con los brazos cruzados, mientras se observa la destrucción de algo tan valioso como la unidad familiar. Seguramente la familia no estaría hoy tan vapuleada, si hubiéramos sido más diligentes y menos negligentes.

En primer lugar, para defender la propia familia. Pero también en la defensa de todas las familias, contrarrestando los ataques públicos a la unidad familiar, que han llegado desde tantos frentes.

Conclusión: más vale tarde, que nunca. Las buenas intenciones no bastan, hemos de pasar a la acción.

― Hablando de pasar a la acción, ¿cómo recuperar la familia, por ejemplo, desde el cine?

En primer lugar, confiando en el deseo innato de cualquier persona. Todos anhelamos ser amados en nuestra familia. ¿O alguien no lo desea? Recordemos que hasta hace muy poco tiempo, la mayoría de las familias permanecían unidas siempre. Miremos a la generación de nuestros abuelos, sin remontarnos más atrás. Lo raro era que alguien dejara de amar a sus padres, a sus hijos, a su marido o a su mujer. ¿Acaso eran personas especiales o lo tuvieron más fácil para quererse? No. Lo que pasa es que los líderes culturales de la modernidad lograron desprestigiar la palabra “sacrificio”, como si fuera algo negativo en las relaciones humanas. Y en realidad, todos los amores exigen sacrificio. La primera tarea consiste en volver a prestigiar el sacrificio, el esfuerzo, la entrega a los demás… y desprestigiar lo contrario: el egoísmo, la comodidad, la vagancia, la pereza, la cobardía. Conquistar un amor y mantenerlo vivo, siempre será una tarea sacrificada.

La unidad familiar ha sido atacada sin disimulo, desprestigiando públicamente, con burlas, a los matrimonios que permanecen toda la vida unidos, a quienes se sacrifican por sus hijos o por sus padres ya ancianos, y de modo especial se ha atacado a las mujeres que viven felices su maternidad. Y en cambio, se han presentado como personajes simpáticos a los novios o maridos infieles, a las personas que se quejan de haberse casado y haber tenido hijos, a los hijos desobedientes y maleducados… esos perfiles han sido aplaudidos y celebrados, como pequeños héroes. Con formas aparentemente inocentes, se han desprestigiado con eficacia los ideales profundos de cualquier familia: el amor, la unidad y la fidelidad.

― ¿Cómo se logra hacer una película divertida con un asunto de fondo muy serio?

Cualquier dificultad de la vida puede ser tratada en el cine con delicadeza y amabilidad, ofreciendo esperanza. Películas como “La vida es bella”, de Benigni, o “Tiempos modernos”, de Chaplin, abordan asuntos dramáticos con buen humor, buena música, buena fotografía, buenos actores… y el resultado es curativo y alegre. Denunciar o diagnosticar un problema, es bueno… pero no es suficiente. El reto de Tengamos la fiesta en paz es invitar a la esperanza, aportar soluciones, ofrecer luz en la oscuridad. Para ello, tanto la buena música como el buen humor, son aliados extraordinarios.

Ningún lenguaje es más amable que la música, ni más penetrante para alcanzar el corazón, ni más universal. Si a la buena música añadimos buenas letras, buenas coreografías, buenos bailes…, lo más amargo puede volverse amable, atractivo, simpático y dulce. Y si además ponemos buen humor…, el resultado es una delicia.

― Hablemos de los protagonistas. ¿Fue difícil encontrar a esta familia “tan normal”?

Pensé que sería un proceso largo y costoso, sobre todo para encontrar a los niños, porque debían actuar, cantar y bailar muy bien. Además, debían someterse a la disciplina de un rodaje largo, con muchos ensayos previos. Mi plan era examinar a muchos candidatos pero, para mi sorpresa, no hizo falta. Porque conocí a una familia muy simpática, en Valencia, que se toman en serio su afición a la música, a la vez que estudian. Quedé con ellos… ¡y me entusiasmé tanto en la primera cita, que no convoqué ningún casting! No sólo cantan y tocan de maravilla, sino que derrochan simpatía, alegría, buena educación… Las dos niñas protagonistas son hermanas en la vida real. Y a través de ellas, conocí a su hermano en la ficción, que también resultó un crack.

Tengamos la fiesta en paz 2

―Los niños actuando siempre suponen un reto pero, ¿y los personajes adultos?

Tanto Mamen García -que encarna a la abuela- como Teresa Ferrer y Carlos Aguillo -que hacen de padres- tienen una experiencia muy sólida interpretando, cantando y bailando. Sus trabajos han sido reconocidos con premios muy prestigiosos, de interpretación y musicales. Aunque lo más sobresaliente es que, a nivel personal, son personas apasionadas, creativas y de carácter sencillo, con las que da gusto trabajar. Esto suena a tópico, pero realmente ha sido un lujo contar con ellos.

―Hablemos de los “efectos especiales” de los que hablan tantos espectadores. ¿Qué tiene esta película, que no tengan otras?

Tratándose de una comedia, el primer efecto que provoca es la risa. ¡El público se ríe a gusto, todo el tiempo! Pero también lloran emocionados, sí. Porque la voz de los niños lanza un mensaje contundente, reclamando más amor en los hogares, más unidad en las familias. Y ese mensaje llega con fuerza, directo al corazón. Una persona me dijo, al salir del cine: “estoy deseando llegar a casa y besar a mi esposa”. Le respondí que para eso hemos producido esta película.

―La primera semana en cartelera ha sido un éxito. Se ha posicionado entre las 10 películas más vistas, junto a títulos de grandes productoras y distribuidoras. ¿Cómo lo ven?

El arranque ha sido fabuloso, gracias al voto de confianza de los primeros espectadores. Pero queda mucha Navidad por delante y la competencia es grandísima. Nos sentimos como Pulgarcito, jugando al baloncesto contra un equipo de gigantes. Cada día nuevo en la cartelera es una gran conquista. Por eso pedimos que quien quiera verla, vaya al cine cuanto antes, sin confiar en que permanecerá en la cartelera la siguiente semana. Nos jugamos todo en muy pocos días, a diferencia de lo que sucedía con nuestras anteriores películas, cuya exhibición podía dilatarse en el tiempo, sin problema.

―Alguna vez ha manifestado que no le gusta que le pregunten por las dificultades de hacer cine con claro contenido evangelizador, porque entiende que esas dificultades son parte natural del camino. Háblenos de las satisfacciones…

¡Está lleno de satisfacciones! Y claro que hay dificultades, pero apenas tienen peso, si concentras la mirada en todo lo positivo que deseas y encuentras. Lo más positivo, sin duda, es la certeza de estar produciendo una película que ayudará a quien la vea, no sólo le divertirá durante un rato. Lo hemos constatado con todas nuestras producciones y ahora volverá a suceder. Una sola persona que afirmase “esta película nos ayudó a amarnos más en nuestra familia” justificaría todo el trabajo realizado. Pero es que, además, hacer cine es precioso, desde el primer al último día. Lo único que podríamos llamar “difícil” es la financiación de cada proyecto. Pero incluso en eso, ha resultado maravilloso descubrir cuántas personas se han sumado a este proyecto con generosidad, para defender y promover la unidad familiar, a través del cine. En resumen: todo ha sido satisfactorio, sólo tenemos motivos para el agradecimiento.

―Y la Sagrada Familia…, ¿tiene algún reflejo en la película?

¡Claro! Si no, no sería una película navideña, en sentido estricto. Su misión, como familia, es ayudarnos a las familias a amarnos más. Quienes creemos en Jesús, en María y en José podemos convertirles en unas figuras decorativas, o acudir a ellos para pedirles ayuda. Ellos aceptan el protagonismo que queramos darles.

El reto de Tengamos la fiesta en paz es invitar a la esperanza, aportar soluciones, ofrecer luz en la oscuridad. Para ello, tanto la buena música como el buen humor, son aliados extraordinarios.

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