Vaticano

«Dios trabaja a través de los eventos no programables, ´ese` por casualidad me ha sucedido esto», afirma el Papa Francisco

El Papa Francisco ha continuado la catequesis sobre el discernimiento. En esta segunda ocasión ha tomado el ejemplo de un episodio de la vida de san Ignacio de Loyola.

Javier García·7 de septiembre de 2022·Tiempo de lectura: 4 minutos
Papa Francisco

El Papa saluda a su llegada a la audiencia general en la Plaza de San Pedro el 7 de septiembre. ©CNS/Paul Haring

La catequesis del Papa Francisco ha reflexionado sobre la actuación de la providencia en la vida ordinaria. Tras las aparente casualidad que encierran multitud de acciones diarias se esconde la mano de Dios.

Tras ser herido en la pierna en la defensa de la ciudad de Pamplona, estuvo convaleciente varios meses. A falta de pantallas que pudieran entretenerle durante las horas de postración, solo podía acudir a la lectura como medio de entretenimiento y evasión. Por eso, pidió a sus familiares libros de caballerías, a los que buena afición tenía , pero como en la casa solo había libros de religión tuvo que conformarse con este género. Gracias a esta coyuntura comenzó a conocer más a fondo la vida de Cristo y de los santos.

El Papa Francisco, hijo de espiritual de san Ignacio, comentaba cómo el fundador de los jesuitas “queda fascinado por las figuras de san Francisco y de santo Domingo y siente el deseo de imitarles. Pero también el mundo caballeresco sigue ejerciendo su fascinación sobre él. Y así siente dentro de sí esta alternancia de pensamientos, los caballerescos y los de los santos, que parecen ser equivalentes».

«Pero Ignacio empieza también a notar las diferencias“, continuaba diciendo el Papa. “En su autobiografía —en tercera persona— escribe así: ´Cuando pensaba en aquello del mundo —y en las cosas caballerescas, se entiende— se deleitaba mucho; mas cuando después de cansado lo dejaba, hallábase seco y descontento; y cuando en ir a Jerusalén descalzo, y en no comer sino yerbas, y en hacer todos los demás rigores que vía haber hecho los santos; no solamente se consolaba cuando estaba en los tales pensamientos, mas aun después de dejando, quedaba contento y alegre` (n. 8), le dejaban un rastro de alegría“.

Francisco explica la acción de la gracia

Glosando esta historia el Santo Padre subrayaba el contraste entre el vacío que dejan en el corazón humano algunos deseos que se presentan de modo sumamente atractivo y las cosas de Dios, que pueden no ser muy apetecibles y luego sí llenan al ser humano. Algo así le ocurre a san Ignacio cuando se entristece ante la literatura religiosa que se le ofrece.

El Papa ha citado un famoso texto de los “Ejercicios espirituales“ de san Ignacio en el que explica el diferente modo del demonio ante las personas mejores y peores: “En las personas que van de pecado mortal en pecado mortal, acostumbra comúnmente el enemigo proponerles placeres aparentes, tranquilizarles que todo va bien, haciéndoles imaginar deleites y placeres de los sentidos, para conservarlos y hacerlos crecer más en sus vicios y pecados; en dichas personas el buen espíritu actúa de modo contrario, punzándoles y remordiéndoles la conciencia por el juicio recto de la razón“ (“Ejercicios Espirituales“, 314).

Escuchar al corazón

“Ignacio, cuando estaba herido en la casa paterna, no pensaba precisamente en Dios o en cómo reformar su vida, no. Él hace su primera experiencia de Dios escuchando su propio corazón, que le muestra una inversión curiosa: las cosas a primera vista atractivas lo dejan decepcionado y en otras, menos brillantes, siente una paz que dura en el tiempo. También nosotros tenemos esta experiencia, muchas veces empezamos a pensar una cosa y nos quedamos ahí y luego quedamos decepcionados (…). Esto es lo que nosotros tenemos que aprender: escuchar a nuestro propio corazón“.

Pero escuchar la voz del corazón no es sencillo, entre otras cosas porque estamos bombardeados por muchos estímulos. “Nosotros escuchamos la televisión, la radio, el móvil», continuaba diciendo el Papa, “somos maestros de la escucha, pero te pregunto: ¿tú sabes escuchar tu corazón? Tú te detienes para decir: ´¿Pero mi corazón cómo está? ¿Está satisfecho, está triste, busca algo?`. Para tomar decisiones buenas es necesario escuchar al propio corazón“.

Apariencia de la causalidad

Para prepararse para la escucha de la propia voz interior es necesario leer las biografías de los santos. En ellas se ve con facilidad el modo de actuar de Dios en la vida de personas, de modo que su ejemplo nos orienta en nuestras decisiones diarias. Interiorizando el evangelio y la vida de los santos, uno aprende a ver cómo “Dios trabaja a través de los eventos no programables, ese por casualidad, por casualidad me ha sucedido esto, por casualidad he visto a esta persona, por casualidad he visto esta película, no estaba programado, pero Dios trabaja a través de los eventos no programables, y también en los contratiempos: ´Tenía que dar un paseo y he tenido un problema en los pies, no puedo…`. Contratiempo: ¿qué te dice Dios? ¿Qué te dice la vida ahí?“ . Siguiendo esta lógica sobrenatural el Papa aconsejaba a los fieles estar “atentos a las cosas inesperadas“.

En los sucesos inesperados es donde muchas veces habla Dios. «Ahí te está hablando la vida, ¿te está hablado el Señor o te está hablado el diablo? Alguien. Pero hay algo para discernir, cómo reacciono yo frente a las cosas inesperadas. Yo estaba tan tranquilo en casa y ´pum, pum`, llega la suegra y ¿tú cómo reaccionas con la suegra? ¿Es amor o es otra cosa dentro? Y haces el discernimiento. Yo estaba trabajando en la oficina bien y viene un compañero a decirme que necesita dinero y ¿tú cómo has reaccionado? Ver qué sucede cuando vivimos cosas que no esperamos y ahí aprendemos a conocer nuestro corazón, cómo se mueve. El discernimiento es la ayuda para reconocer las señales con las cuales el Señor se hace encontrar en las situaciones imprevistas, incluso desagradables, como fue para Ignacio la herida en la pierna».

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