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«¿Estamos ante una nueva ética sexual en el Camino Sinodal alemán?»

Ante algunas controversias surgidas en el Camino Sinodal en Alemania, la filósofa Hanna-Barbara Gerl-Falkovitz, premio Ratzinger 2021, se preguntó ayer: “¿Estamos ante una ‘nueva’ ética sobre la sexualidad, en la que “Dios se tiene que apartar ante mi libertad?”. Fue en un Foro Omnes, en la Universidad San Dámaso (Madrid).

Rafael Miner·17 de diciembre de 2021·Tiempo de lectura: 14 minutos
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Fotos: ©Rafael Martín

La conferencia había despertado expectación, por varios motivos.

En primer lugar, la filósofa germana acaba de recibir en Roma, de manos del Papa Francisco, el premio 2021 de la Fundación Vaticana Joseph Ratzinger – Benedicto XVI, junto a su compatriota, el profesor de Antiguo Testamento en la Universidad de Viena, Ludger Schwienhorst-Schönberger.

En segundo término, está teniendo lugar el Camino Sinodal en Alemania, que se prolongará al menos hasta 2023, y es motivo de controversias filosóficas y morales, como ha ido reflejando Omnes en diversas crónicas e informaciones.

En ese camino sinodal, se ha partido en ocasiones de una separación entre naturaleza y persona, que justificaría una reforma de la ética y moral sexual en la Iglesia católica que algunos están proponiendo.

La filósofa Hanna-Barbara Gerl-Falcovitz (Oberwappenhöst, Alemania, 1945) aludió a ello en su conferencia en la Universidad San Dámaso, cuyo título fue ‘Cuerpo, amor, placer. ¿Adónde conduce la separación entre naturaleza y persona?’.

El acto, que tuvo lugar con modalidad presencial y por vía telemática, fue introducido por el decano de la Facultad de Filosofía de la Universidad San Dámaso, Victor Tirado; el director de Omnes, Alfonso Riobó, y el profesor adjunto a Cátedra de la Facultad de Filosofía, David Torrijos, que moderó la sesión y el coloquio posterior.

Puedes leer la conferencia completa aqui

Momento complicado para la antropología

El decano Víctor Tirado manifestó que “es un placer personalmente, y para San Dámaso en general, acoger este acto organizado por Omnes, que nos trae a la profesora Gerl-Falcovitz, con un tema esencial hoy día, como es la naturaleza del ser humano. En un momento, además, en que la antropología es tan difusa y tan movediza, y en el que la reflexión metafísica casi se ha perdido en muchos aspectos”.

Por su parte, el director de Omnes, Alfonso Riobó, agradeció “al decano Víctor Tirado que se haya mostrado interesado y haya querido acogernos como anfitrión en la Universidad San Dámaso en un evento muy significado”, porque la profesora Hanna-Barbara Gerl-Falcovitz es “una destacada filósofa, una de las grandes figuras del pensamiento católico actual, que acaba de recibir en Roma el premio Ratzinger 2021”. El director de Omnes agradeció también al Banco Sabadell y al Centro Académico Romano Fundación (CARF) su colaboración, antes de dar paso al profesor David Torrijos y a la conferenciante alemana. En sus breves palabras, el profesor Torrijos recordó que Edith Stein, figura muy estudiada por la académica alemana, es la patrona de la Facultad de Filosofía de la Universidad San Dámaso.

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Camino Sinodal en Alemania

Al comienzo de su intervención, la profesora Gerl-Falcovitz evocó un par de anécdotas protagonizadas por un cardenal y un obispo alemanes, de los que omitió su nombre, y que tienen como foco la naturaleza humana, concepto transversal en su discurso.

“Recientemente, en Alemania, tras el Camino Sinodal, un cardenal (palabra que traducida significa: ‘quicio’) se pronunció así a principios de octubre de 2021: las afirmaciones sobre el ser humano pertenecen a la “masa disposicional” del cristianismo, porque no son ‘de fide definita’, definidas acerca de la fe, sino cambiables.”, comentó Gerl-Falcovitz. “Entonces, ¿estamos ante una nueva ética?”, se preguntó. “Ética viene de ethos, que es la cerca de la dehesa. ¿Es necesario marcar de nuevo la cerca que teníamos en torno a la sexualidad?”

Y ella mismo contestó: “Las sorprendentes declaraciones sobre la sexualidad en el Foro IV (del Camino Sinodal en Alemania) quieren sencillamente abrir la cerca; en realidad, podría marcarla cualquiera. ¿Es que acaso todavía la necesitamos? Esta ‘nueva’ ética sexual fue acogida con alegría por otros dos oradores, uno de los cuales era obispo; por fin se habría dado el paso: en el amor, no importa solamente la persona con su libertad individual. La naturaleza -es decir, el cuerpo, el sexo, la disposición recibida- son, en el mejor de los casos, propuestas que se pueden discutir o modificar”, alertó Hanna-Barbera Gerl-Falcovitz, que es miembro de la presidencia del Instituto Europeo de Filosofía y religión de la Escuela Superior de Filosofía y Letras Benedict XVI de Heiligenkreuz/Viena.

Fondo de la controversia alemana

Antes de continuar con su exposición, quizá conviene profundizar un poco más en el contexto de esta conferencia, el Camino Sinodal en Alemania, lo que permitirá entender mejor sus afirmaciones. Lo hizo la profesora Gerl-Falcovitz al responder a una de las preguntas del coloquio.

“El punto conflictivo [alegado por algunos] es que hay que separar la naturaleza de la persona, en la moral sexual contemporánea. De alguna manera nos acercamos así a las personas que tienen diferentes concepciones de la sexualidad, pero entonces de algún modo dejamos atrás si la naturaleza nos puede enseñar algo acerca de cómo comportarnos en el campo de la vida sexual o de la moral sexual”.

“En Friburgo hay un colega que afirma que la persona tiene que ser pensada sin tener en cuenta su naturaleza”, prosiguió la filósofa alemana. “La razón que esgrime es que la persona esencialmente consiste en su libertad, que significa autonomía en un sentido muy preciso. El significado de esta autonomía está vinculado con Kant, aunque este colega de alguna manera se aparta del propio Kant, entendiendo que nosotros tenemos una autonomía, y que Dios nos imponga algo, o diga algo sobre nuestra libertad, sería algo extraño, ajeno, a nosotros. Si Dios es algo extraño, ajeno, a mí, eso significa que no hay nada que Él pueda decir sobre mi conducta sin alterarlo de alguna manera. De ese modo, Dios, como una instancia heterónoma respecto de mi libertad, se tiene que apartar de alguna manera ante mi libertad”.

Según esta argumentación, especificó la académica, “todo lo que Dios pudiera decir a modo de mandamiento acerca de mi propia sexualidad, tendría que tener validez solamente en la medida que fuera algo racionalmente aceptable para mí, significativo dentro de mi propia autonomía. Así que todo mandato divino estará condicionado a que entre dentro de mi propia autonomía, de mi propia racionalidad”.

La premio Ratzinger 2021 precisó aún más el recorrido intelectual de esa otra persona de Frigurgo: “En los últimos tiempos, este colega ha hecho un recorrido partiendo de Kant y desembocando en Friedrich Nietzsche. El problema de esta situación es que, dentro del pensamiento de Kant, la autonomía está vinculada con la racionalidad. Entonces, para Kant la autonomía se puede compartir con otras personas, se puede argumentar, está vinculada con la razón. Pero en el pensamiento de Nietzsche, la autonomía está vinculada con la voluntad, lo cual significa que está vinculada con mi libertad exclusivamente, sin que de algún modo la razón tenga algo que decir ahí. Mi voluntad define mi autonomía, podría decirse simplificando lo que dice el colega”.

Separar naturaleza y persona: “una obcecación”

El hilo argumental estaba situado ya sobre la mesa, por lo que la conferenciante quiso ahondar desde el principio con algunas preguntas, que fue contestándose a sí misma.

“¿Significa eso que el cuerpo es tan sólo la materia prima para mi voluntad? Es sorprendente: la naturaleza y la bio-ecología estén últimamente en boca de todos; hay que protegerlas, hay que alimentarlas, pero en ningún caso pueden ser modificadas por el hombre. ¿Ingeniería genética? No, gracias. ¿Pero hay que suponer que la naturaleza ya no tiene nada que decir? Entonces, ¿un amor a-corporal? ¿Un amor a-natural? No, se oirá enseguida: no queríamos decir eso. Pero ¿qué, entonces? Veamos el espectáculo de errores y confusiones”, afirmó la filósofa alemana, poniendo un punto de precaución: “Cuidado”, recordó, porque “‘la obcecación de la mente es la hija primogénita de la lujuria’, dice Tomás de Aquino”.

A juicio de la profesora alemana, “la idea supuestamente revolucionaria es una obcecación: la separación entre naturaleza y persona. No es de ninguna manera muy nueva ni posmoderna; por el contrario, ha sido formulado hace mucho tiempo. También sus extravíos son visibles, e igualmente han sido criticados desde hace tiempo. Y son contradictorios”.

Breve repaso histórico

Desde hace unos 500 años, la Edad Moderna concibe la naturaleza como una especie de taller mecánico, y el hombre funciona también como una máquina natural entre otras máquinas naturales, señaló la académica alemana. “La neurobiología, la disciplina más reciente, refuerza en algunos de sus representantes una afirmación muy sencilla: el pensamiento no es más que interconexión de sinapsis cerebrales. Ni siquiera molesta la objeción de que, si todo está determinado, esto vale ante todo para el investigador mismo. Algo semejante sucede con la frase de un Premio Nobel de Química, que afirmó que el hombre no es más que química. Con ello la libertad habría abdicado por completo”, señaló.

“Desde el ‘Gender Trouble’ [Problema de género] de Judith Butler en 1990, la cultura apunta a un extremo sorprendente: la transformación hasta la disolución del cuerpo en el ciberespacio, en el espacio médico-técnico virtual o también real.”, señaló Gerl-Falcovitz, dirigiendo su mirada al transhumanismo extremo. […]. El ’cuerpo (Körper)’ se convierte en lugar de protesta contra una identidad no construida autónomamente. Las utopías de la identidad fluida se refieren al autodiseño total del ‘Yo’. También la vida sexual es “escenificada”; el Yo lleva la respectiva máscara de sexo, con el resultado de que ‘esta máscara no alberga ningún yo’ (Benhabib, 1993, 15)”.

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¿El hombre es su software?

Siguiendo el hilo de su reflexión, la conferenciante, que estudió Filosofía, Filología alemana y Ciencias Políticas, en las universidades de Múnich y Heidelberg, y es autora solicitada en intervenciones sobre antropología, señaló: “lo que se lleva es el ‘gender nauting’, el navegar entre los sexos. El hombre es su propio software, radicado más allá del cuerpo y del sexo. En esta dirección apunta el debate del género: hace que el sexo biológico (‘sex’) desaparezca en el sexo atribuido (cultural, social, histórico – el ‘género’). En lugar de la determinación por la naturaleza se ofrece una auto-elección voluntaria: ¿la mujer es ya mujer, o quién ‘hace’ a la mujer, mujer, y al hombre, hombre? Sin resistencia, sin voluntad, el cuerpo se ofrece como un ‘cuerpo pre-sexual’. El Yo no conoce la encarnación”.

A partir del diagnóstico, Gerl-Falcovitz expuso su posición: “Ahora bien, necesitamos encontrar un hilo conductor a través de estas contradicciones. Es éste: no hay separación entre naturaleza, cultura y persona. Más sencillamente: no hay separación entre cuerpo y sexo, entre amor y duración, entre placer e hijos. De ahí que haga falta una crítica de esa naturaleza partida por la mitad, reducida a mecánica, pero también de la cultura partida por la mitad, leída en términos de pura constructividad”.

Desde su pensamiento, “el hombre está, en realidad, anclado en otro lugar: en la dirección hacia lo divino. La naturaleza humana, y todavía más la cultura, viven “hacia”. La grandeza de la naturaleza (“natura”) consiste en que en realidad se llama “nascitura”: aquella que quiere nacer. Y es la naturaleza la que busca la participación libre del hombre en su “hacia”; busca que afirme y realice su orientación. La criatura ha sido creada hacia el origen, lleva su señal, su hogar es allí de donde viene”.

“El cuerpo es don, el sexo es don”

“Esto se puede leer ya en el motor del sexo”, añadió. “Es pérdida de uno mismo en el otro, es la gramática del amor hecha carne. El cuerpo es don, el sexo es don, es razón y origen (en alemán ‘Ur-Sprung’, el salto primario) de aquello que no puede ser hecho por nosotros, de la pasión de ser hombre, del enorme impulso hacia la entrega”.

A juicio de la académica, somos “enriquecidos por la dualidad de hombre y mujer, y empobrecidos por ella; no bastándonos nosotros mismos, dependientes de la atención del otro, esperando del otro la redención que viene del ámbito de lo divino y en su forma más elevada y fructífera conduce de nuevo allí (Gen 1, 27ss). Lo que en el pensamiento griego es un ‘deficiencia’, la falta de unidad, en el pensamiento bíblico se convierte en la alegría de la dualidad”.

En su argumentación, la conferenciante subrayó que “el sexo (‘Geschlecht’) puede entenderse también, a partir de su sentido literal, como ‘ser sacrificado’ (en alemán ‘Geschlachtetsein’) o como ‘ser por mitad’ (‘Hälftigsein’). La brutalidad del sólo-sexo, del ‘río-dios de la sangre […] ah, rezumando lo irreconocible’ (Rilke, 1980) debe, por eso, ser humanizado. Es difícil pensar el cuerpo sin un Otro sugestivo y diferente. Pero ni la ‘naturaleza’ (biología) ni la ‘cultura’ (autodiseño) están ‘sanadas’ por sí mismas. Por consiguiente, es crucial conocer el horizonte divino, conocer las directrices que provienen de él. Sólo entonces se puede ‘actuar éticamente’, es decir, ‘corresponder libremente al orden del ser’ (Tomás de Aquino)”, señala la profesora.

Tensión entre naturaleza y cultura

Como se ha señalado, Hanna-Bárbara Gerl-Falcovitz es una destacada especialista en los estudios sobre Edith Stein (Wroclaw 1891–Auschwitz 1942). Pero también del  teólogo católico alemán Romano Guardini (Verona 1885–Múnich 1968), cuya ‘Opera Omnia‘ ha editado, y al que citó en sus argumentaciones, en relación especialmente a la naturaleza y a la persona. Antes, la filósofa quiso reflexionar más sobre la sexualidad humana.

“La idea de la autodeterminación del hombre no es en sí misma errónea, ni moralmente mala. Se basa en el hecho extraño ―tan destacado como peligroso―, de que el hombre, efectivamente, ocupa una posición especial entre los demás seres vivos, también en lo que respecta a su sexo”. “El lado positivo” es que “aunque no tiene la seguridad estímulo-respuesta de un animal, sí tiene libertad del instinto y, por tanto, libertad hacia el mundo y hacia sí mismo; y también el riesgo pleno de poner en peligro a los demás y a sí mismo”.

Pero “al mismo tiempo”, añadió, “la libertad constituye el flanco creativo, para dar forma al mundo y al ser humano. El ser humano es una realidad llena de tensiones, extendida entre la ‘naturaleza’ dada y el extremo opuesto del cambio, el devenir, el futuro, la ‘cultura’. […]”.

En este punto distinguió entre animales y seres humanos. “Un animal tiene su sexo, y no tiene que moldearlo; de ahí que su sexualidad, asegurada naturalmente, esté libre de pudor y, desde el punto de vista funcional, orientada claramente a la descendencia”.

“Un ser humano es y tiene su sexualidad, y debe darle forma: no está simplemente asegurada naturalmente, sino determinada culturalmente e impregnada de pudor debido a la posibilidad de fracaso; además, no está necesariamente ligada a la descendencia. En la sexualidad se abre un espacio al logro y al fracaso, sobre la base de la tensión ineludible entre el impulso (de la necesidad natural) y el yo (de la libertad)”.

“Sexualidad, dato de la naturaleza”

A juicio de Gerl-Falkovitz, “la encarnación en el propio cuerpo, su adaptación al propio cuerpo, la ‘hospitalidad’ hacia el otro sexo, son las palabras clave. No indica rebelión, neutralización, nivelación ni ‘desprecio’ de la disposición recibida. Por eso, la dualidad de sexo no sólo es accesible a un procesamiento cultural, sino que incluso apunta hacia él. Pero la sexualidad debe ser cultivada como un dato de la naturaleza (¿qué otra cosa podría ser moldeada?)”.

“Cultivar no significa ni someterse a ella ni eliminarla. Ambas cosas pueden demostrarse por los dos objetivos diferentes de la sexualidad: la realización erótica en el otro y la realización generativa en el hijo, para lo que, en cualquier caso, deben presuponerse dos sexos diferentes.

El hijo pertenece a la justificación erótica del ser humano (Fellmann, 2005). Y, de nuevo, el propio hijo tampoco es algo neutro, sino que entra en la existencia dual como ‘culminación’ del mismo acto de amor”.

De este modo, “en lugar de una naturaleza distorsionada, por tanto, la naturaleza es un dato y al mismo tiempo significa ‘nascitura’: un devenir, un despliegue de la disposición dada. La mecanización actual de la naturaleza queda muy lejos, y también queda atrás la construcción. Con la negación de la naturaleza en el hombre no sólo se vuelve confuso y opaco el telos de la propia vida. En el momento en que el hombre abandona la conciencia de sí mismo como naturaleza, se vuelven vacías todas las metas para las que se mantiene vivo […]”, añadió, citando a Theodor W. Adorno.

Y al fin, mencionó a Guardini, cuya cátedra fue suprimida en 1939 por el régimen nazi, y que fue invitado a enseñar en la Universidad de Tubinga en 1945, y luego en la de Múnich: “Lo que la modernidad llama naturaleza es, en última instancia, una realidad a medias. Lo que llama cultura es algo demoníaco y desgarrado, a pesar de toda la grandeza, en lo que el sentido siempre está emparejado con el sinsentido; la creación con la destrucción; la fecundidad con la muerte; lo noble con lo mezquino. Y se ha tenido que desarrollar toda una técnica de pasar por alto, ocultar y cegar para que el hombre pueda soportar la mentira y el espanto de esta situación”. “Así que abandonemos la mentira”, propuso la filósofa.

“Auto-pertenencia a través del otro”

“Persona significa algo doble: subsistir en sí mismo, y trascenderse a sí mismo hacia alguna dirección. […] Ahora bien, ser persona no es posesión chata de uno mismo. Agustín hablaba de una auto-pertenencia, de un “anima in se curvata”, que se derrumba sobre sí misma. Más bien sucede que me despierto en el encuentro con otro Yo, que también se pertenece a sí mismo y, no obstante, viene hacia mí”, prosiguió Gerl-Falcovitz.

“Sólo en el encuentro se produce la conservación de lo propio, la actualización del Yo, especialmente en el amor. ‘Quien ama está siempre en tránsito hacia la libertad, hacia la libertad de su auténtica atadura, o sea, de sí mismo’, dijo Guardini. “Por lo tanto, la auto-pertenencia a través del otro adquiere una dinámica decisiva, incluso fatídica. Resulta de la tensión constitutiva que va del yo al tú: en el trascender, en el darse a compartir, también en la corporeidad, y asimismo en la tensión hacia Dios”.

“Se necesitan dos personas, dos sexos”

La conferenciante llegó así, con las necesarias limitaciones de espacio en una información de estas características, a su reflexión sobre la necesidad de la dualidad de sexos. “Pero ¿por qué esto no me invalida en mi propio Yo? Porque la persona que está delante mí debe ser pensada igualmente como subsistencia y como saliendo más allá de sí misma. Para ello, sin embargo, se necesitan no solamente dos personas, sino dos sexos -como mutua e insondable extrañeza, repliegue insondable, hasta lo corporal, hasta lo mental, hasta lo espiritual-; precisamente en el amor sexual, que experimenta el cuerpo del otro, es donde tiene lugar el trascender hacia la alteridad del otro sexo, y no sólo un encuentro narcisista con uno mismo.

Sólo en el otro sexo se percibe la verdadera diferencia, que no puede ser apropiada por mí, no me refleja a mí mismo: la mujer como secreto permanente para el hombre. Quien esquiva esta profunda diferencia, esquiva la vida”, manifestó.

En este sentido, el reto que planteó la filósofa alemana fue el siguiente: “¿Podría volver a plantearse hoy la antigua visión del Génesis -más allá de todas las doctrinas morales, que al final no son efectivas- de que, en el atrevimiento de los dos sexos, en el fondo del encuentro se desarrolla la dinámica divina, de que la vida inaudita del mismo Dios genera el juego de los sexos y lo ha creado como la imagen de lo que supera todas las imágenes? ¿Y que desde ahí el abrirse al sexo ajeno expresa la tensión divina?”

“No es casualidad”, señaló la académica, “que las palabras alemanas ‘Leib’ (cuerpo), ‘Leben’ (vida) y ‘Liebe’ (amor) procedan de la misma raíz. Quien hace del cuerpo una ‘adjudicación’, un goce para sí en el otro, infradetermina la vida. La vida permite al hombre fundarse en sí mismo, pero al mismo tiempo lo impulsa continuamente hacia más allá de sí mismo, hacia el otro sexo. Y la provocación extrema del pensamiento bíblico atraviesa incluso la muerte, hacia un cuerpo nuevo. La resurrección del cuerpo, de mi cuerpo, es decir, como hombre o como mujer, es el mensaje de la alegría”.

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“Dios se hizo hombre, nacido de una mujer”

El ultimo paso de la reflexión de Gerl-Falkovitz fue considerar que “el gran desafío es la encarnación de Dios: ¿puede Dios, de verdad, tomar cuerpo y género? Sí, se ha hecho hombre, nacido de una mujer. Si nuestro oído no estuviera tan embotado, esto sería un estallido.

El Hijo de Dios y de María, frente a todas las idealizaciones de una divinidad sin cuerpo, es la verdadera diferencia respecto de otras tradiciones religiosas, incluido el judaísmo. ‘Caro cardo’: la carne es el punto central”.

“De esta manera se contempla el cuerpo con una luz nueva e inagotable (Henry, 2000), hasta la resurrección corporal a una vida sin muerte. También la Iglesia es considerada un cuerpo, la relación de Cristo con la Iglesia es nupcial-erótica (Ef 5, 25), y el matrimonio se convierte en un sacramento: un signo de la presencia de Dios en los amantes”, añadió.

“En el sacramento del matrimonio el sexo debe ser también educado para esta presencia, pero no para domesticarlo ni doblegarlo, sino para para permitirle llegar a su éxtasis real y efectivo. Obviamente, el buen resultado de un matrimonio no puede ser garantizado por el sacramento, pero los elementos bajo los cuales puede lograrse el difícil equilibrio se pueden señalar en términos cristianos: tú solo; tú para siempre; de ti un hijo”.

“Esta ya no es una concepción ingenua de la naturaleza, sino la transformación creadora de la naturaleza en una naturaleza cultivada, aceptada y finita”, afirmó la ponente. “El cristianismo (y el judaísmo) nunca glorifican sólo la naturaleza primitiva; esta ha de ser elevada al espacio de lo divino y ser sanada allí. Igualmente, el eros es colocado en el ámbito de lo sagrado: en el sacramento. Y asimismo la procreación y el nacimiento son situados en el ámbito de lo sagrado: son dones otorgados en el paraíso (Gn 1, 28).’El sexo es la celebración de la vida’ (Thomas Mann)”.

Sillares fundados en la naturaleza

Hanna-Bárbara Gerl-Falcovitz concluyó con una alusión al título de su conferencia: “Cuerpo, amor, placer. Estos tres sillares se fundan en la naturaleza, se forman en la cultura, se convierten en bellos y humanos en la relación personal: me importas sólo tú, para siempre; me ilusiono con nuestro hijo. Esa es la respuesta que nos damos el uno al otro, y la que queremos escuchar de quien amamos. Pero esta respuesta resulta exagerada si no se fundamenta en nuestra naturaleza, si no se da con la esperanza de la ayuda divina”.

Y, si empezó con Chesterton, terminó de igual modo: “Atengámonos al Todo. De nuevo dice Chesterton: ‘Es fácil estar loco; es fácil ser un hereje. Siempre es fácil dejarse llevar por el mundo: lo difícil es mantener el rumbo. Siempre es fácil ser modernista, igual que lo es ser snob. Caer en cualquiera de las trampas abiertas por el error y la transgresión, que una moda y una secta tras otra habían puesto en el camino histórico del cristianismo, eso sí que hubiera sido fácil. […] Haberlas evitado todas es una aventura arrebatadora; y el carro celestial vuela atronador a través de los siglos en mi visión. Las tediosas herejías tropiezan y caen de bruces al suelo, pero la verdad salvaje se mantiene asombrosamente erguida’”.

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