“Mientras llega el momento de encontrarnos en Cibeles… Si Dios quiere, nos veremos en junio”. Las palabras finales del mensaje del Papa a los participantes en la Fiesta de la Resurrección, leídas por el cardenal José Cobo, provocaron el estallido de júbilo de las 85.000 personas en la madrileña plaza de Cibeles. Un público ya predispuesto a saltar, gritar y bailar, que alcanzó el gozo absoluto con la primicia.
El sábado 11 de abril pudo vivirse -con las evidentes diferencias- como un preludio, y a pequeña escala, de lo que se espera que sea la primera visita del Papa León XIV a España. No es arriesgado suponer que en junio, en ese mismo punto cordial de la capital, se reúna una cifra de fieles que se multiplique por diez como mínimo.
“Quien canta raza dos veces, decía San Agustín”, repetía el locutor de Cadena 100 Javi Nieves al entregado público en Cibeles. Y recordaba que la Fiesta de la Resurrección, la cuarta de este tipo, era para celebrar el acontecimiento esencial de los cristianos, que quieren mostrarlo en las calles. De modo festivo, con un concierto que unió la música setentera u ochentera de grupos míticos como Boney M o Gipsy Kings con la música actual de Hakuna.
“La Pascua no queda encerrada en el sepulcro; irrumpe en la ciudad”, afirmaba el Papa León XIV en un mensaje dirigido al encuentro y que leyó el arzobispo de Madrid, el cardenal Cobo. La frase se plasmaba visualmente en esos miles de jóvenes y mayores, de quinceañeras y de familias, de inmigrantes de parroquias del extrarradio, de estudiantes y de monjas que se congregaron a los pies del Palacio de Comunicaciones de Cibeles por el Paseo de la Castellana y el Paseo del Prado.
Lenguaje de música y alegría
El texto de León XIV, difundido en un ambiente festivo, tenía poso. Recordaba que lo propio del cristiano es estar alegre y celebrar -es la idea de fondo de estos conciertos organizados por la ACDP, la Asociación de Propagandistas-: “Es bueno y necesario que la Pascua encuentre también un lenguaje de música, de encuentro y de gozo compartido”, señalaba el Pontífice. “La fe en Jesucristo da sentido a la alegría humana; la purifica, la eleva y la lleva a plenitud”. Pero advertía que esto es más que un subidón emocional: “la Pascua nos pide algo más grande que una emoción pasajera; nos invita a dejarnos alcanzar por la Resurrección, para que también nuestra vida comience a ser nueva”. “La Pascua no queda encerrada en el sepulcro; irrumpe en la ciudad y entra en la cotidianidad a través de la vida de los hombres. Y eso sigue ocurriendo hoy”.
A este hilo recordaba los mártires de la fe en la persecución religiosa en España en la Segunda República (124 de ellos subieron a los altares en octubre del año pasado y otros casi dos centenares lo harán este año): “Veis en vuestros compatriotas que, en el siglo pasado, fueron mártires y testigos de Jesús; en ellos, la victoria de Cristo sobre la muerte se hizo fidelidad, fortaleza y entrega. No estáis llamados sólo a recordarlos, sino a apoyaros en su ejemplo para que Cristo vuelva a pasar por vuestras calles”.
E insistió: “El mundo necesita oír hablar de Cristo y verlo en las obras de los cristianos. Hacen falta jóvenes que no se avergüencen del Evangelio, comunidades que irradien esperanza, testigos capaces de hacer presente al Señor en cada ambiente, vidas encendidas que hagan visible la belleza de la fe. La evangelización no nace, ante todo, de estrategias, sino de corazones transformados por el Señor resucitado”.
Como recordó Javi Nieves, el concierto de Cibeles celebraba la Pascua, pero estaba abierto a cualquiera, cristiano o no cristiano. El creyente comparte su alegría con los demás. Y era palpable en el ambiente eufórico, familiar y alegre, en los botes de alegría, en los bailes de las personas montados a caballito sobre otros, en los móviles agitados con la linterna encendida…
El concierto comenzó con la intervención de Ángel Catela, un joven artista de gran talento, que fue el ganador del concurso convocado por la ACDP el año pasado.
Los Gipsy Kings, gitanos franceses, reyes de la rumba flamenca, hicieron bailar al público con algunas de sus canciones más conocidas como “Volaré” o “Bamboleo”. “Alegría y corazón es lo principal” y “los gitanos también somos cristianos, seguimos a Jesús”, proclamaba el ya veterano vocalista del grupo.
El popular DJ El Pulpo, locutor de la cadena COPE, se encargó de animar más si cabía, al público entre acto y acto. Y la apoteosis -bueno, una de tantas esa noche- llegó cuando apareció imperiosa sobre el escenario Liz Mitchell, de Boney M, otro grupo icónico de los setenta. Dio inicio un frenesí de saltos del público y de otros de los intérpretes en el escenario. Entonaron numerosos éxitos suyos, incluyendo el popular “Rasputín”.

Un momento para rezar
“Los cristianos no somos aburridos”, repetía entre actuación y actuación El Pulpo, aunque a estas alturas, las explicaciones casi sobraban. Javi Nieves recordó que el sentido de la celebración era no solo vivir la Resurrección con una fiesta, sino también estar en comunión con aquellos quienes no pueden celebrarla por la guerra. Pidió unirse a la oración convocada en esa misma jornada por el Santo Padre para rezar por la paz, para que quienes tienen poder detengan las guerras que hay en el mundo.
El colofón lo puso Hakuna Music Group. Poca presentación necesitaba. Sus canciones eran cantadas a voz en grito por las decenas de miles de asistentes. “Huracán”, “La misericordia”, “Un segundo”, “La madre de Hakuna”, entre otras, para acabar “unidos a la Reina de la Paz”, con una sobrecogedora Salve rociera.
“¡Cómo desearía que hubiera fiesta en todo el mundo! ¡Cómo desearía que en todas partes la alegría pascual encontrara voces, rostros y cantos! Pero más aún: ¡cómo desearía que la existencia misma de los cristianos se convirtiera en un concierto, en una gran armonía de fe, de unidad, de comunión y de caridad, capaz de anunciar al mundo que Cristo vive!”. El mensaje del Papa seguía teniendo eco en miles de corazones congregados en torno a una de las fuentes que son santo y seña de la capital.



