Vaticano

Curso de formación de nuevos obispos para transmitir la «alegría del Evangelio»

Más de trescientos nuevos obispos se reunieron en Roma para un curso de formación para saber afrontar sus responsabilidades.

Antonino Piccione·20 de septiembre de 2022·Tiempo de lectura: 4 minutos
curso obispos

El sentido y los horizontes de una Iglesia sinodal; la educación para el liderazgo sinodal; la gestión de crisis, con especial atención a los abusos; la Iglesia en la sociedad posmoderna después de la pandemia; la experiencia canónica para la administración de una diócesis; vivir en el mundo mediático más allá del paradigma tecnocrático; la familia y la fraternidad universal; la santidad episcopal en la comunión católica. Estos son los temas del curso anual promovido por el Dicasterio para los Obispos junto con el Dicasterio para las Iglesias Orientales, para la formación de los prelados recién ordenados.

Dedicado al tema «Anunciar el Evangelio en una época de cambio y después de la pandemia: el servicio del obispo», el seminario comenzó el pasado jueves 1 en el Ateneo Regina Apostolorum, con una misa presidida por el cardenal secretario de Estado, Pietro Parolin. Debido al elevado número de prelados participantes, un total de 344, este año se celebran dos rondas. La primera del 1 al 8 de septiembre y la segunda del 12 al 19. En la primera ronda participaron 154 obispos: 109 de los territorios bajo la jurisdicción del Dicasterio para los Obispos llamados al episcopado entre agosto de 2019 y agosto de 2020, y los 45 restantes de las diócesis referidas al Dicasterio para las Iglesias Orientales.
Entre otros, participaron como ponentes varios jefes de dicasterio.

Formación para obispos

La idea que inspiró la organización del curso -subraya un comunicado de la Santa Sede- «surgió del deseo de facilitar a los obispos una reflexión colegiada sobre su ministerio en el contexto actual de la Iglesia en camino sinodal, dentro de un mundo sacudido por los dolorosos cambios geopolíticos que se están produciendo». ¿Qué pastores necesita hoy el pueblo de Dios? ¿Qué rasgos espirituales deben calificar su identidad de creyentes y animar su caridad pastoral?

La gente evalúa nuestra credibilidad como ministros por la serenidad interior con la que, incluso en circunstancias adversas, sabemos transmitir la «alegría del Evangelio». De hecho, es esto último, la verdadera brújula del pontificado de Francisco desde la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, lo que guía nuestro discernimiento. Una alegría que no es aleatoria ni está moldeada por contingencias externas, sino que encuentra sustancia y sentido en la vida de Jesús’.

En esta perspectiva de servicio, como repitió el Cardenal Prefecto Marc Ouellet durante la Misa en la Basílica de San Pedro el 8 de septiembre, «son días de aprendizaje concreto del significado de la pertenencia de cada Obispo al Colegio de los Sucesores de los Apóstoles, ´cum Petro et sub Petro`. Es una semana de fraternidad sacramental que simboliza la comunión de todos estos discípulos misioneros, llamados a la plenitud del sacerdocio, para el servicio pastoral del Pueblo de Dios en su camino por la historia».

Conocer la Santa Sede

El aprendizaje concreto también se ve favorecido por el conocimiento de las instituciones de la Iglesia y de las propias personas que sirven en ellas. En este sentido, el Dicasterio para las Iglesias Orientales, al acoger al grupo de 45 obispos recién ordenados pertenecientes a las Iglesias y territorios bajo su jurisdicción, permitió a los Superiores y Oficiales conocer a los nuevos obispos, ofreciéndoles al mismo tiempo la oportunidad de conocer los rostros y nombres de quienes en Roma trabajan al servicio de sus Iglesias en nombre del Santo Padre.

En la mañana del viernes 9, el cardenal prefecto Leonardi Sandri presidió la celebración eucarística en rito latino, pronunciando la homilía, y a continuación, en la sesión de trabajo, se presentó el funcionamiento del Dicasterio, su lugar dentro de la Constitución Apostólica Praedicate Evangelium con un informe del arzobispo secretario Giorgio Demetrio Gallaro. Se dedicó un espacio -según se desprende de una nota del Dicasterio- a las cuestiones administrativas, con una explicación de cómo es posible también apoyar materialmente a las respectivas Iglesias gracias a las contribuciones de una serie de benefactores, en particular la Colecta de Tierra Santa, el CNEWA y un pequeño porcentaje de la Colecta Misionera.

Cuestiones prácticas

La ocasión también permitió subrayar la importancia de tener criterios claros de transparencia, aprovechando todas las formas de asesoramiento y colaboración también en el ámbito económico previstas por el derecho eclesiástico. 

Durante las sesiones -continúa el comunicado del Dicasterio para las Iglesias Orientales- se mencionó también la prevista elaboración de dos plataformas informáticas para la gestión de becas y proyectos ROACO (Riunione Opere Aiuto Chiese Orientali) con la colaboración del Centro de Procesamiento de Datos de la Secretaría de Economía, la creación de un sitio de conexión y comunicación para las Iglesias Orientales y la necesidad de garantizar formularios de seguridad social para los sacerdotes ancianos o enfermos en contextos muy pobres o poco asistidos.

Audiencia con el Papa

Recibidos en audiencia el 8 de septiembre por el Papa Francisco en la Sala Clementina, los participantes en el seminario «pudieron vivir un auténtico momento de comunión con el Sucesor de Pedro, compartiendo la experiencia de su ministerio e inspirándose en el sabio discernimiento del Papa sobre las diversas cuestiones que se le plantearon».

Recordando el discurso que el Santo Padre había dirigido a los obispos de los territorios de misión exactamente cuatro años antes en un seminario de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos. La sana preocupación por el Evangelio en el origen de su sentida llamada: «Queridos hermanos, desconfiad, os lo ruego, de la tibieza que conduce a la mediocridad y a la pereza, ese ´démon de midi`. Ten cuidado con eso. Desconfía de la tranquilidad que rehúye el sacrificio; de la prisa pastoral que lleva a la impaciencia; de la abundancia de bienes que desfigura el Evangelio. No olvides que el diablo entra por los bolsillos, ¡eh! En cambio, te deseo una santa inquietud por el Evangelio, la única inquietud que da la paz».

El autorAntonino Piccione
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