Mundo

Una prueba para Polonia

Cerca de un millón de ucranianos han buscado refugio en la vecina Polonia. Allí, un país entero se ha movilizado en la acogida. Las autoridades estatales han hecho un llamamiento a utilizar acciones coordinadas. Los voluntarios, como Marta, señalan que esta situación "ha cambiado sus prioridades".

Barbara Stefańska·6 de marzo de 2022·Tiempo de lectura: 3 minutos
Ucrania_ Irena Świerdzewska

Foto: Irena Świerdzewska "Idziemy". Svetlana con sus hijas Sofía, Nastia y su abuela Yefrosienia

Tekst oryginału w języku polskim tutaj/ texto original en polaco

Voluntarios que esperan las 24 horas del día en la estación de tren la llegada de los refugiados, personas que acogen a los recién llegados en sus propios hogares, generosas ayudas económicas y oraciones constantes: nos solidarizamos de todo corazón con nuestros vecinos brutalmente agredidos.

El número de refugiados de Ucrania que han llegado a Polonia, hasta el momento, se acerca al millón. Hay varios puntos de recepción en la capital polaca, Varsovia. Los trenes llenos de ucranianos que huyen de la guerra llegan  a las estaciones de tren, con enormes retrasos.

Con una sola maleta

Los ucranianos abandonan el país con dolor, dejando atrás a sus parientes, padres o hermanos. Valentina llegó con su hijo Mark, de 3 años, mientras que su marido se quedó para luchar en la defensa de Kiev. Estuvo esperando durante un día completo en la estación de tren, sin luz, para salir de la capital ucraniana.

Svetlana con sus hijas Sofía, Nastia y su abuela Yefrosienia sobrevivieron a un viaje lleno de miedo. Así lo explicaban a Irena Świerdzewska, del semanario ‘Idziemy‘,: “Vivimos en las afueras de Kiev. Prácticamente no salimos del refugio. Cuando tomamos el tren, un avión pasó por encima de nosotros, nos asustamos mucho. Fue terrible. Ahora nos sentimos mejor, más tranquilos. Estamos contentos de haber conseguido salir. ¡Gracias a Dios!».

Los voluntarios esperan día y noche a los recién llegados a Polonia. Les dan café, té, sopa y juguetes para los niños. “Nos lo agradecen mucho” afirma la voluntaria Marta Dybińska, bloguera que habla ucraniano. “Huyen con una sola maleta en la que tienen todas sus pertenencias”, describe, “son muy modestos y dicen que no necesitan nada. Un refugiado admitió, finalmente, que le dolían mucho los pies porque sus zapatos estaban rotos. Una chica lo escuchó e, inmediatamente, fue a comprar zapatos nuevos al centro comercial», recuerda.   

Marta admite que no hay palabras para consolarlos. Están preocupados por los que han quedado atrás, en Ucrania: “Una mujer que vino con sus dos hijas me mostró en su teléfono móvil un vídeo enviado desde allí y me decía “Aquí estaba nuestro piso. Ahora está bombardeado”.

Muchos ucranianos que han vivido antes en Polonia participan en la ayuda a los refugiados, lo que facilita la comunicación. “Estar en este lugar cambia nuestras prioridades” admite Marta, “te das cuenta que no hay que tener tantos vestidos y bolsos, sino que hay que ser humano”.

Marta Dybińska (izq) junto a unos refugiados.

Sin campos de refugiados

Las autoridades estatales y locales, las instituciones eclesiásticas encabezadas por Cáritas, muchas parroquias, asociaciones y particulares se han implicado mucho en la prestación de ayuda. En Polonia no existen los campos de refugiados, como en las imágenes que conocemos por los medios de comunicación durante los conflictos armados. Los ucranianos se alojan en varios centros y también en casas particulares. Algunos son acogidos por familiares que viven en Polonia, mientras que otros son conducidos más al oeste.

Marina y Wołodia, con sus cuatro hijos de entre 2 y 16 años, acabaron en el centro de Cáritas de Urle, cerca de Varsovia. Salieron apresuradamente de su casa y consiguieron viajar en las escaleras de un autobús abarrotado.  

Antes de la agresión rusa, varios cientos de miles de emigrantes de Ucrania ya habían llegado a Polonia para trabajar. Ahora, a algunos de ellos se les han unido familiares. Una de ellas es Alona, costurera de profesión, que trabaja en Varsovia como conductora de taxis. Tras el estallido de la guerra, se le unieron su madre y sus dos hijas pequeñas.  Su padre se quedó en el país para luchar.

Un plan a largo plazo

Muchos particulares se están sumando a la ayuda. Frecuentemente, en grupos de WhatsApp y chats aparece este tipo de mensajes: se necesitan mantas y colchones, dos refugiados que buscan alojamiento, se necesita ropa, etc. Hay muchas ganas de apoyar. En este sentido, las autoridades estatales han hecho un llamamiento a no llevar regalos a la frontera polaco-ucraniana de manera personal, sino a utilizar acciones coordinadas. 

El pasado domingo, la colecta de las parroquias polacas se destinó a los refugiados. En ellas se recogen donaciones en especie y se reza fervientemente por la paz para Ucrania.

Por ahora, en Polonia estamos respondiendo a las necesidades inmediatas, pero pronto, estas personas necesitarán ayuda a largo plazo. Los refugiados pueden beneficiarse del servicio de salud del Estado, ya se han anunciado prestaciones familiares, por ejemplo, y los niños están siendo colocados en escuelas y guarderías. Polonia se ha enfrentado a un gran desafío, exponiéndose también al agresor. Por ahora estamos pasando la prueba.

El autorBarbara Stefańska

Periodista y secretaria de la redacción del semanario "Idziemy"

Colabora
¿Quieres noticias independientes, veraces y relevantes?

Querido lector, Omnes informa con rigor y profundidad sobre la actualidad religiosa. Hacemos un trabajo de investigación que permita al lector adquirir criterio sobre los acontecimientos y las historias que suceden en el ámbito católico y la iglesia. Tenemos a firmas estrellas y corresponsales en Roma que nos ayudan a que la información de fondo sobresalga sobre el ruido mediático, con distancia ideológica e independencia.

Te necesitamos para afrontar los nuevos retos de un panorama mediático cambiante y una realidad que exige reflexión, necesitamos tu apoyo.

Colabora
Más en Omnes
Newsletter La Brújula Déjanos tu mail y recibe todas las semanas la actualidad curada con una mirada católica